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No todo lo que brilla es oro

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No todo lo que brilla es oro

Dentro de la enorme campaña con que la se busca convencer al mundo de cuánto se está modernizando Arabia Saudita, se destacó la medida del cese de la prohibición de conducir para las mujeres del año pasado. Pero en realidad el reino continúa su implacable persecución de las mujeres defensoras de derechos humanos.
Un juicio que está generando la condena internacional e intensificó las críticas al historial de derechos humanos del país, es el que se desarrolla contra nueve mujeres que fueron arrestadas en 2018 por hacer campaña por el derecho a conducir y el fin del sistema de tutela masculina del reino saudí.
Desde el 4 de abril, Arabia Saudita ha arrestado al menos a 13 escritores y blogueros más, incluidos dos ciudadanos sauditas-estadounidenses y una feminista embarazada, en aparente represalia contra simpatizantes de activistas detenidas el último año.
Junto con los juicios en curso, los arrestos más recientes demuestran que permitir que las mujeres conduzcan era poco más que un truco publicitario de una campaña de marketing que involucraba costosos torneos de golf, conciertos con celebridades internacionales, avales de algunas de las compañías transnacionales más poderosas del mundo.
Los últimos 12 meses han estado muy lejos de los tiempos modernos y revolucionarios que se promueven en la campaña de Visión 2030.
El príncipe heredero Mohammed bin Salman encabezó una brutal represión contra la sociedad civil y los derechos de las mujeres desde que se convirtió en el hombre fuerte de la potencia del Golfo, donde la disidencia no es tolerada.
El periodista saudí Jamal Khashoggi, un frontal crítico del también ministro de Defensa, fue brutalmente asesinado en el consulado saudí en Estambul. La guerra liderada por los saudíes en Yemen prosigue y llevó a varios países a detener las ventas de armas a Arabia Saudita, entre ellas Alemania, Dinamarca, Finlandia y Holanda.
Las armas y los vehículos blindados también se utilizaron para reprimir violentamente las protestas públicas dentro del territorio saudí.
Israa Al-Ghomgham se convirtió en la primera activista mujer en enfrentar la pena de muerte después que fue arrestada por participar en manifestaciones pacíficas en favor de una apertura democrática en 2015.
Aunque ya no corre el riesgo de que se le aplique la pena capital, sigue encarcelada y sus coacusados aún podrían enfrentar la muerte, simplemente por protestar.
Una de las violaciones más flagrantes de los derechos humanos durante 2018, sin embargo, fue el encarcelamiento ilegal y la posterior tortura, agresión sexual y confinamiento solitario de numerosas defensoras de los derechos humanos.
La tutela masculina sobre las mujeres saudíes se ahondó aún más con una popular aplicación que permite a los hombres rastrear y controlar la ubicación y los viajes de las mujeres bajo su control. Se trata de una aplicación que está disponible en dispositivos como Apple y Google Play, por cierto.
En lugar de protestar por la aplicación, lo que se debería hacer es presionar a Arabia Saudita para que ponga fin al sistema de tutela.
Hace un año, Arabia Saudita arrestó a una docena de mujeres activistas a favor de sus derechos, apenas unas semanas antes de cuando el gobierno tenía previsto levantar la prohibición a las mujeres de conducción de vehículos.
La mayoría de estas activistas habían estado trabajando activamente durante años para ayudar a poner fin al sistema de tutela y para levantar la prohibición de conducir, públicamente promocionada como parte del plan de reformas de Salman.
Pero antes que se levantara la prohibición, recibieron llamadas telefónicas que les decían que mantuvieran la boca cerrada y que disfrutaran del hecho de que ahora iban a poder conducir.
En junio y julio de 2018, al menos otras ocho defensoras fueron arrestadas, llevando el total a más de 20 conocidas activistas por los derechos de las mujeres que están detenidas. No todo lo que brilla es oro. No al menos, en Arabia Saudita.
 

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No todo lo que brilla es oro

Dentro de la enorme campaña con que la se busca convencer al mundo de cuánto se está modernizando Arabia Saudita, se destacó la medida del cese de la prohibición de conducir para las mujeres del año pasado. Pero en realidad el reino continúa su implacable persecución de las mujeres defensoras de derechos humanos.
Un juicio que está generando la condena internacional e intensificó las críticas al historial de derechos humanos del país, es el que se desarrolla contra nueve mujeres que fueron arrestadas en 2018 por hacer campaña por el derecho a conducir y el fin del sistema de tutela masculina del reino saudí.
Desde el 4 de abril, Arabia Saudita ha arrestado al menos a 13 escritores y blogueros más, incluidos dos ciudadanos sauditas-estadounidenses y una feminista embarazada, en aparente represalia contra simpatizantes de activistas detenidas el último año.
Junto con los juicios en curso, los arrestos más recientes demuestran que permitir que las mujeres conduzcan era poco más que un truco publicitario de una campaña de marketing que involucraba costosos torneos de golf, conciertos con celebridades internacionales, avales de algunas de las compañías transnacionales más poderosas del mundo.
Los últimos 12 meses han estado muy lejos de los tiempos modernos y revolucionarios que se promueven en la campaña de Visión 2030.
El príncipe heredero Mohammed bin Salman encabezó una brutal represión contra la sociedad civil y los derechos de las mujeres desde que se convirtió en el hombre fuerte de la potencia del Golfo, donde la disidencia no es tolerada.
El periodista saudí Jamal Khashoggi, un frontal crítico del también ministro de Defensa, fue brutalmente asesinado en el consulado saudí en Estambul. La guerra liderada por los saudíes en Yemen prosigue y llevó a varios países a detener las ventas de armas a Arabia Saudita, entre ellas Alemania, Dinamarca, Finlandia y Holanda.
Las armas y los vehículos blindados también se utilizaron para reprimir violentamente las protestas públicas dentro del territorio saudí.
Israa Al-Ghomgham se convirtió en la primera activista mujer en enfrentar la pena de muerte después que fue arrestada por participar en manifestaciones pacíficas en favor de una apertura democrática en 2015.
Aunque ya no corre el riesgo de que se le aplique la pena capital, sigue encarcelada y sus coacusados aún podrían enfrentar la muerte, simplemente por protestar.
Una de las violaciones más flagrantes de los derechos humanos durante 2018, sin embargo, fue el encarcelamiento ilegal y la posterior tortura, agresión sexual y confinamiento solitario de numerosas defensoras de los derechos humanos.
La tutela masculina sobre las mujeres saudíes se ahondó aún más con una popular aplicación que permite a los hombres rastrear y controlar la ubicación y los viajes de las mujeres bajo su control. Se trata de una aplicación que está disponible en dispositivos como Apple y Google Play, por cierto.
En lugar de protestar por la aplicación, lo que se debería hacer es presionar a Arabia Saudita para que ponga fin al sistema de tutela.
Hace un año, Arabia Saudita arrestó a una docena de mujeres activistas a favor de sus derechos, apenas unas semanas antes de cuando el gobierno tenía previsto levantar la prohibición a las mujeres de conducción de vehículos.
La mayoría de estas activistas habían estado trabajando activamente durante años para ayudar a poner fin al sistema de tutela y para levantar la prohibición de conducir, públicamente promocionada como parte del plan de reformas de Salman.
Pero antes que se levantara la prohibición, recibieron llamadas telefónicas que les decían que mantuvieran la boca cerrada y que disfrutaran del hecho de que ahora iban a poder conducir.
En junio y julio de 2018, al menos otras ocho defensoras fueron arrestadas, llevando el total a más de 20 conocidas activistas por los derechos de las mujeres que están detenidas. No todo lo que brilla es oro. No al menos, en Arabia Saudita.
 

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