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Marcelo Dettoni

El gobierno provincial, a través de San Luis Logística, creó Alfazal, una sapem que tendrá doble propósito a través de la siembra de esta pastura perenne: remediar los excesos hídricos en la Cuenca del Morro y exportar megafardos a los países árabes.

Las sociedades anónimas con participación estatal mixta, conocidas como “sapem”, le han dado rédito a San Luis en los últimos años. Con una de ellas, antes que una gestión que finalizó en 2015 la bastardeara haciendo uso discrecional de los fondos, llegó a asfaltar calles de otras provincias, como Mendoza y Entre Ríos. Y está el caso de la Agrozal, que funciona muy bien en Villa Mercedes, colaborando con el acondicionamiento de los granos de maíz y ayudando en su comercialización a muchos productores que confían en sus servicios antes de entregar su materia prima a empresas importantes como Glucovil o Diaser, abaratando costos de flete, eliminando la posibilidad de que se vean afectados por enfermedades o por la humedad, y llegando a acuerdos muy ventajosos.

Ahora la provincia lanzó una nueva sapem, que se llama Alfazal y servirá de nexo con los que hayan apostado a la alfalfa como una manera de sanear sus campos afectados por los excesos hídricos, sobre todo en la Cuenca del Morro, y que además quieran abrirse paso en el exterior con un producto que es muy solicitado, sobre todo en los países árabes, que tienen muchas restricciones en el uso de agua para riego y la necesitan para alimentar las vacas de sus tambos. Los primeros beneficiados directos serán los que recibieron el año pasado bolsones de semillas de alfalfa de parte del Estado provincial, que los incluyó en sus planes de lucha contra la suba de las napas en toda la cuenca baja, al este de Villa Mercedes y en un radio de 50 kilómetros desde la ciudad.

Hace unos días San Luis Logística, que es la encargada de llevar adelante el ambicioso proyecto de Alfazal, hizo una presentación oficial en el predio que tiene en Villa Mercedes, donde ya funcionan la ZAL y la Agrozal. Allí su titular, Sebastián Lavandeira, recordó que desde hace años la provincia viene implementando planes para controlar los efectos del cambio climático, con especial énfasis en la zona de la Cuenca del Morro, donde la aparición del río Nuevo y otros canales de agua que hasta ese momento eran subterráneos arrasaron con tierras productivas y pusieron en riesgo todo el ecosistema.

“San Luis lleva adelante planes agroambientales, de siembra de pasturas, capacita a los chicos y docentes de escuelas, colocó miles de árboles, obligó a los productores a presentar planes de manejo monitoreados por profesionales probados y ahora va a profundizar su lucha por un ambiente más sano con la creación de Alfazal”, arrancó el funcionario, ante un auditorio de unas 70 personas entre productores de la cuenca, otros que se arrimaron interesados por el proyecto y muchos profesionales del ámbito privado y de instituciones como el INTA, que va a colaborar con capacitaciones y asesoramiento. También estuvo Natalia Spinuzza, la secretaria de Medio Ambiente provincial, quien comprometió su apoyo en la cruzada ecológica.

El Gobierno no se quedó en anuncios y promesas, ya destinó una partida de 40 millones de pesos de inversión para traer la maquinaria necesaria para cumplir con el doble propósito: cambiar las condiciones del ambiente y exportar la alfalfa que se produzca en los campos puntanos. “Vamos a comprar una henificadora, que será la que trabajará en los campos para armar los rollos, y también una compactadora, que es la máquina clave para transformar la alfalfa en megafardos. La traeremos de España y estará en la ZAL en octubre, para comenzar a trabajar un mes después”, anticipó Lavandeira, que va a aprovechar las instalaciones ya existentes para el resto del circuito productivo.

 

Corazón productivo y logístico. Alfazal, la nueva Sapem de San Luis, funcionará en el predio contiguo a la Agrozal, en Villa Mercedes.

 

Por eso están acondicionando el predio que hasta hace unos años, cuando perdió la concesión por incumplimientos reiterados de contrato, manejaba Compañía General de Granos. Allí instalarán la compactadora, habrá un equipo de manipulación, acopio y consolidación de cargas y cuentan con un galpón para guardar la alfalfa. “La idea es que sea un negocio para los productores, entonces queremos que puedan retener la materia prima a la espera de los mejores precios de mercado y para eso necesitan lugar”, agregó.

La henificadora, que tendrá una capacidad operativa de 300 hectáreas por corte (1.500 hectáreas al año) contará con segadora, rastrillo, roto enfardadora y tractores para trabajar a campo y hacer los rollos. Luego, con ese formato llegarán a la planta para la compactación, con una máquina con capacidad para hacer siete toneladas por hora. Todo lo que hagan puede ser vendido al exterior y aún así no alcanzará: la Argentina exporta 150 mil toneladas al año y la demanda es de dos millones.

El Plan Integral de Alfalfa planea contar con 11.500 hectáreas cubiertas de una pastura de raíces profundas, que consume mucha agua. “Más que la que tiene en su embalse el dique La Florida”, ejemplificó el titular de San Luis Logística, quien se entusiasma con la posibilidad de “integrar todos los eslabones de la cadena productiva, hacer valor agregado y sumar exportaciones directas desde San Luis. Queremos articular el trabajo con los ingenieros agrónomos, los productores y los contratistas, están todos invitados”.

 

Buena onda. Sebastián Lavandeira condujo el lanzamiento y contestó las preguntas.

 

La alfalfa está en ascenso, porque es un cultivo sustentable, que tiene una gran demanda mundial de la que la Argentina participa apenas con un 5%, por lo que el potencial es enorme. Además, hoy tiene buenos precios internacionales (el mercado local impone un techo) y San Luis cuenta con un desarrollo logístico que es posible aprovechar.

“Tenemos una provincia con potencialidad para la producción primaria de alfalfa, lo fue en el pasado, después llegaron el maíz y la soja. Pero la pastura sigue ahí, lista para cambiar la realidad. Hay que bajar los costos de transporte de una provincia mediterránea como la nuestra, tenemos cómo hacerlo, para eso están la ZAL y los trabajos que venimos desarrollando para reactivar el tren de cargas”, expresó Lavandeira.

La alfalfa puede ir a campo con pasturas consociadas, como la festuca, el agropiro y la cebadilla, que colaboran para que el animal que la consume no se "empaste" si la come sola. Y además acepta acompañantes para combatir el frío: trigo, cebada, avena.

El anillo de 50 kilómetros alrededor de Villa Mercedes no es una distancia caprichosa. “Allí hay 11.500 hectáreas en producción con bajo costo logístico, si extendemos el círculo 50 kilómetros más, solo crecemos hasta las 14 mil hectáreas por problemas de napa. Hay que concentrarse en esa primera área, allí queremos más alfalfa”, desarrolló el funcionario, quien no se quiere centrar en esa zona: “Hay alfalfa bajo riego en el corredor productivo Quines-Candelaria, también en San Pablo, los queremos convencer a todos de que vengan”.

El plan no pretende interferir en la actividad privada, por eso ofrecerá la maquinaria para el henificado, el que se hace en el campo, al mismo valor que el mercado. “La henificadora nos permitirá tener un producto exportable y sincronizado con la demanda”, redondeó.

En la reunión estuvo Mario Funes, un especialista en alfalfa del INTA, quien participará del asesoramiento a los productores gracias a un convenio que firmó el Gobierno con esa dependencia. Harán un seguimiento del cultivo y optimizarán el trabajo desde la producción primaria. “Los ayudaremos a ser más profesionales”, dijo Funes.

El procesamiento que desemboca en la industrialización incluye el desarmado en Alfazal de los rollos que vienen del campo, y después el compactado en megafardos de 400 kilos, como pide el estándar internacional. Calculan que la reducción del flete podría ser del 35% y además incluirán el servicio a terceros. “El que prefiera, puede venir a compactar sus rollos y llevárselos al destino que quiera”, aseguró Lavandeira.

 

11.500 hectáreas de alfalfa hay en producción en la zona de la Cuenca del Morro, en un anillo de 50 kilómetros alrededor de Villa Mercedes. No sirve extenderlo más, por problemas con la napa.

 

La compactadora tendrá capacidad para sacar 20 mil toneladas al año, que es el piso para vender en el exterior. “Techo no hay, Arabia compra 100 veces más”, los entusiasmo el conductor de Alfazal, quien prometió aprovechar toda la plataforma logística de la ZAL, que incluye a la locomotora La Puntana, los vagones y la grúa pórtico de última generación. También el playón de maniobras, los depósitos y el galpón de almacenamiento, más el servicio de aduana y el depósito fiscal de la Zona Primaria Aduanera (ZPA).

 

El tren de cargas

La otra pata es Belgrano Cargas, la empresa del Estado nacional que tiene la concesión de las vías que surcan San Luis.

Pide volumen y continuidad para meterse en el negocio, sobre todo en contra estación de los granos gruesos. “Hay muchos motivos para hacer alfalfa, sobre todo para ser competitivos con otros cultivos y para mejorar los suelos”, aseguró Funes.

La primera etapa del plan incluirá vínculos y planificación con los estamentos productivos, aceitar los contactos comerciales con la exportación y generar precios de referencia en mercados externos para saber con qué volúmenes hay que trabajar. Faltaría una deshidratadora, pero es una máquina muy cara y prefieren ver cómo arranca todo antes de hacer esa inversión.

Ante la pregunta de un productor sobre las variedades de alfalfa que hay que usar, el ingeniero agrónomo Alejandro Vergés, quien trabaja en San Luis Logística, aclaró que dependerá de cada lote.

“Vamos a ensayar en distintas zonas, porque San Luis tiene bajos y lomas. Lo que sí es importante saber es que Arabia tiene un protocolo de calidad, ellos piden proteína y color”.

En este punto, Funes explicó que “si queremos calidad óptima, hay que acordar el momento del corte y ver con qué maquinaria hacerlo, lo ideal es con ‘cutter’, porque es rebatible. Influye en el rebrote y el desarrollo posterior”.

 

Desafiando al viento. Los que estuvieron en el lanzamiento visitaron los galpones.

 

En el primer año, van a trabajar con quienes ya tienen alfalfa sembrada en sus campos. Al resto lo van incluir en las charlas de capacitación y también quieren aprovechar los diversos planes del Ministerio de Producción, además de llevar adelante una articulación con la Secretaría de Medio Ambiente. “Hay varias zonas salinizadas, con cortaderas y napas a un metro y medio. Y algo similar se está produciendo en la Cuenca de La Petra”, advirtió Lavandeira, quien no descartó una intervención con la pastura allí. “La alfalfa se puede hacer hasta con la napa a cuatro metros, hay unas 40 mil hectáreas disponibles, más abajo ya depende de las lluvias”, completó Vergés.

La arenga del titular de San Luis Logística fue concreta: “Vamos a nacer y crecer juntos”, les dijo a los productores, y aseguró que “si Alfazal crece, vamos a comprar la deshidratadora”. Reconoció que tienen ofertas de semilleras si es que logran volumen, y que van a seguir entregando semillas a los productores a cambio de contar con la producción al momento de la cosecha. “La idea es trabajar con ustedes en cooperativa”, les dijo, al tiempo que dejó en claro que van a generar trabajo. “El manejo de los equipos insumirá al menos 10 personas, está la atención a los productores y las tareas en los galpones de acopio”, enumeró.

 

Alfalfa de calidad

No cualquier alfalfa sirve para exportación, tiene que ser de primera, a lo sumo de segunda con calidad. La que es considerada de tercera va al mercado local, que vio crecer el volumen debido a que varias provincias sufren con las inundaciones y recurrieron a la pastura para paliar el problema. Para evaluar la calidad, Alfazal contará con un laboratorio de análisis, ya que tiene en su poder lo que pretenden los árabes. Una alfalfa de primera tiene al menos 20% de proteínas, menos de 10% en floración y un máximo de 25% de fibra.

“La alfalfa es capaz de brindar muy buena calidad durante tres años, después se puede rejuvenecer mechando una avena. Todavía estamos probando”, reconoció Vergés, con el apoyo de Funes.

Lavandeira les dejó claro a los productores que no habrá financiación estatal para comprar maquinaria, pero sí les darán los contactos que hicieron con varias empresas. “Esto será así al menos hasta cerrar la rueda, cuando la parte económica empiece a dar frutos, veremos de ayudarlos con todo lo que podamos”, dijo, mientras el auditorio planteaba la posibilidad de, al menos, que les bajen la carga impositiva provincial.

Una tonelada de alfalfa puesta en un puerto árabe hoy cotiza a 320 dólares, mientras que en la planta está a 160, la mitad. “Hablamos de alfalfa premium de segunda”, aclaró el titular de la Alfazal, quien maneja datos de rendimiento a campo: “En la cuenca, unas ocho toneladas al año de promedio por hectárea”.

Por eso es clave el agregado de valor que da la compactadora. Un rollo de fardo común pesa 30 kilos, mientras que un megafardo está en 400 kilos, y ocupa casi el mismo espacio. “Ofreceremos el servicio de depósito en guarda para que ustedes vendan cuando les convenga más”, les anunció. Y en cuanto a los tiempos, quiere arrancar este año con la compactación, para lo que necesita 1.500 toneladas para noviembre. La exportación quedará para 2020, cuando ya estén más armados.

 

La infraestructura está lista

Tras la charla en la Agrozal, todos se pusieron las camperas, desafiaron el viento eterno que sopla en el predio y fueron a visitar los galpones donde se procesará y guardará la alfalfa. Se trata del sector que estuvo concesionado a la Compañía General de Granos, que fue restaurado por la provincia tras el abandono en el que incurrió la empresa.

Pasamos junto a una docena de flamantes carros tolva, que sirven para guardar fertilizantes. Tienen el logo de Compañía General de Granos, pero ahora pertenecen a la Agrozal. A lo lejos se escucha la estruendosa bocina de La Puntana, que está realizando maniobras internas con un tren de cargas que está recibiendo contenedores con alfalfa que una empresa cordobesa enviará a Arabia (ver recuadro). Es una interesante muestra para los productores, que ya imaginan cómo será el proceso cuando sean ellos los protagonistas.

 

20% de proteína debe contener la alfalfa premium de primera que consumen los tambos árabes. Además, una floración menor al 10% y un tope de 25% de fibra.

 

Después, todos arribamos a la nave principal. “Vamos a hacer un contrapiso de 1.000 metros cuadrados para desarmar los rollos y homogeneizar la calidad, sobre todo en materia de humedad, ya que se necesita un 14% como máximo”, contó Lavandeira. Usarán también un depósito de 700 metros cuadrados y elevarán el techo en el sector donde irá la compactadora. Además tienen un playón de 200 metros cuadrados cubiertos y 2.000 descubiertos para recibir a los camiones.

Con este arsenal logístico, la capacidad productiva de San Luis y un mercado necesitado del producto, Alfazal saldrá a la cancha en breve para consolidar a la provincia como un polo exportador de primer nivel. La voluntad está clara, la visión de futuro también. Ahora solo falta poner manos a la obra y seguir abriendo las puertas del mundo.

 

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Verde que te quiero verde

El gobierno provincial, a través de San Luis Logística, creó Alfazal, una sapem que tendrá doble propósito a través de la siembra de esta pastura perenne: remediar los excesos hídricos en la Cuenca del Morro y exportar megafardos a los países árabes.

El año pasado, el propio Lavandeira estuvo en la primera entrega de semillas y luego visitó un campo en la cuenca baja.

Las sociedades anónimas con participación estatal mixta, conocidas como “sapem”, le han dado rédito a San Luis en los últimos años. Con una de ellas, antes que una gestión que finalizó en 2015 la bastardeara haciendo uso discrecional de los fondos, llegó a asfaltar calles de otras provincias, como Mendoza y Entre Ríos. Y está el caso de la Agrozal, que funciona muy bien en Villa Mercedes, colaborando con el acondicionamiento de los granos de maíz y ayudando en su comercialización a muchos productores que confían en sus servicios antes de entregar su materia prima a empresas importantes como Glucovil o Diaser, abaratando costos de flete, eliminando la posibilidad de que se vean afectados por enfermedades o por la humedad, y llegando a acuerdos muy ventajosos.

Ahora la provincia lanzó una nueva sapem, que se llama Alfazal y servirá de nexo con los que hayan apostado a la alfalfa como una manera de sanear sus campos afectados por los excesos hídricos, sobre todo en la Cuenca del Morro, y que además quieran abrirse paso en el exterior con un producto que es muy solicitado, sobre todo en los países árabes, que tienen muchas restricciones en el uso de agua para riego y la necesitan para alimentar las vacas de sus tambos. Los primeros beneficiados directos serán los que recibieron el año pasado bolsones de semillas de alfalfa de parte del Estado provincial, que los incluyó en sus planes de lucha contra la suba de las napas en toda la cuenca baja, al este de Villa Mercedes y en un radio de 50 kilómetros desde la ciudad.

Hace unos días San Luis Logística, que es la encargada de llevar adelante el ambicioso proyecto de Alfazal, hizo una presentación oficial en el predio que tiene en Villa Mercedes, donde ya funcionan la ZAL y la Agrozal. Allí su titular, Sebastián Lavandeira, recordó que desde hace años la provincia viene implementando planes para controlar los efectos del cambio climático, con especial énfasis en la zona de la Cuenca del Morro, donde la aparición del río Nuevo y otros canales de agua que hasta ese momento eran subterráneos arrasaron con tierras productivas y pusieron en riesgo todo el ecosistema.

“San Luis lleva adelante planes agroambientales, de siembra de pasturas, capacita a los chicos y docentes de escuelas, colocó miles de árboles, obligó a los productores a presentar planes de manejo monitoreados por profesionales probados y ahora va a profundizar su lucha por un ambiente más sano con la creación de Alfazal”, arrancó el funcionario, ante un auditorio de unas 70 personas entre productores de la cuenca, otros que se arrimaron interesados por el proyecto y muchos profesionales del ámbito privado y de instituciones como el INTA, que va a colaborar con capacitaciones y asesoramiento. También estuvo Natalia Spinuzza, la secretaria de Medio Ambiente provincial, quien comprometió su apoyo en la cruzada ecológica.

El Gobierno no se quedó en anuncios y promesas, ya destinó una partida de 40 millones de pesos de inversión para traer la maquinaria necesaria para cumplir con el doble propósito: cambiar las condiciones del ambiente y exportar la alfalfa que se produzca en los campos puntanos. “Vamos a comprar una henificadora, que será la que trabajará en los campos para armar los rollos, y también una compactadora, que es la máquina clave para transformar la alfalfa en megafardos. La traeremos de España y estará en la ZAL en octubre, para comenzar a trabajar un mes después”, anticipó Lavandeira, que va a aprovechar las instalaciones ya existentes para el resto del circuito productivo.

 

Corazón productivo y logístico. Alfazal, la nueva Sapem de San Luis, funcionará en el predio contiguo a la Agrozal, en Villa Mercedes.

 

Por eso están acondicionando el predio que hasta hace unos años, cuando perdió la concesión por incumplimientos reiterados de contrato, manejaba Compañía General de Granos. Allí instalarán la compactadora, habrá un equipo de manipulación, acopio y consolidación de cargas y cuentan con un galpón para guardar la alfalfa. “La idea es que sea un negocio para los productores, entonces queremos que puedan retener la materia prima a la espera de los mejores precios de mercado y para eso necesitan lugar”, agregó.

La henificadora, que tendrá una capacidad operativa de 300 hectáreas por corte (1.500 hectáreas al año) contará con segadora, rastrillo, roto enfardadora y tractores para trabajar a campo y hacer los rollos. Luego, con ese formato llegarán a la planta para la compactación, con una máquina con capacidad para hacer siete toneladas por hora. Todo lo que hagan puede ser vendido al exterior y aún así no alcanzará: la Argentina exporta 150 mil toneladas al año y la demanda es de dos millones.

El Plan Integral de Alfalfa planea contar con 11.500 hectáreas cubiertas de una pastura de raíces profundas, que consume mucha agua. “Más que la que tiene en su embalse el dique La Florida”, ejemplificó el titular de San Luis Logística, quien se entusiasma con la posibilidad de “integrar todos los eslabones de la cadena productiva, hacer valor agregado y sumar exportaciones directas desde San Luis. Queremos articular el trabajo con los ingenieros agrónomos, los productores y los contratistas, están todos invitados”.

 

Buena onda. Sebastián Lavandeira condujo el lanzamiento y contestó las preguntas.

 

La alfalfa está en ascenso, porque es un cultivo sustentable, que tiene una gran demanda mundial de la que la Argentina participa apenas con un 5%, por lo que el potencial es enorme. Además, hoy tiene buenos precios internacionales (el mercado local impone un techo) y San Luis cuenta con un desarrollo logístico que es posible aprovechar.

“Tenemos una provincia con potencialidad para la producción primaria de alfalfa, lo fue en el pasado, después llegaron el maíz y la soja. Pero la pastura sigue ahí, lista para cambiar la realidad. Hay que bajar los costos de transporte de una provincia mediterránea como la nuestra, tenemos cómo hacerlo, para eso están la ZAL y los trabajos que venimos desarrollando para reactivar el tren de cargas”, expresó Lavandeira.

La alfalfa puede ir a campo con pasturas consociadas, como la festuca, el agropiro y la cebadilla, que colaboran para que el animal que la consume no se "empaste" si la come sola. Y además acepta acompañantes para combatir el frío: trigo, cebada, avena.

El anillo de 50 kilómetros alrededor de Villa Mercedes no es una distancia caprichosa. “Allí hay 11.500 hectáreas en producción con bajo costo logístico, si extendemos el círculo 50 kilómetros más, solo crecemos hasta las 14 mil hectáreas por problemas de napa. Hay que concentrarse en esa primera área, allí queremos más alfalfa”, desarrolló el funcionario, quien no se quiere centrar en esa zona: “Hay alfalfa bajo riego en el corredor productivo Quines-Candelaria, también en San Pablo, los queremos convencer a todos de que vengan”.

El plan no pretende interferir en la actividad privada, por eso ofrecerá la maquinaria para el henificado, el que se hace en el campo, al mismo valor que el mercado. “La henificadora nos permitirá tener un producto exportable y sincronizado con la demanda”, redondeó.

En la reunión estuvo Mario Funes, un especialista en alfalfa del INTA, quien participará del asesoramiento a los productores gracias a un convenio que firmó el Gobierno con esa dependencia. Harán un seguimiento del cultivo y optimizarán el trabajo desde la producción primaria. “Los ayudaremos a ser más profesionales”, dijo Funes.

El procesamiento que desemboca en la industrialización incluye el desarmado en Alfazal de los rollos que vienen del campo, y después el compactado en megafardos de 400 kilos, como pide el estándar internacional. Calculan que la reducción del flete podría ser del 35% y además incluirán el servicio a terceros. “El que prefiera, puede venir a compactar sus rollos y llevárselos al destino que quiera”, aseguró Lavandeira.

 

11.500 hectáreas de alfalfa hay en producción en la zona de la Cuenca del Morro, en un anillo de 50 kilómetros alrededor de Villa Mercedes. No sirve extenderlo más, por problemas con la napa.

 

La compactadora tendrá capacidad para sacar 20 mil toneladas al año, que es el piso para vender en el exterior. “Techo no hay, Arabia compra 100 veces más”, los entusiasmo el conductor de Alfazal, quien prometió aprovechar toda la plataforma logística de la ZAL, que incluye a la locomotora La Puntana, los vagones y la grúa pórtico de última generación. También el playón de maniobras, los depósitos y el galpón de almacenamiento, más el servicio de aduana y el depósito fiscal de la Zona Primaria Aduanera (ZPA).

 

El tren de cargas

La otra pata es Belgrano Cargas, la empresa del Estado nacional que tiene la concesión de las vías que surcan San Luis.

Pide volumen y continuidad para meterse en el negocio, sobre todo en contra estación de los granos gruesos. “Hay muchos motivos para hacer alfalfa, sobre todo para ser competitivos con otros cultivos y para mejorar los suelos”, aseguró Funes.

La primera etapa del plan incluirá vínculos y planificación con los estamentos productivos, aceitar los contactos comerciales con la exportación y generar precios de referencia en mercados externos para saber con qué volúmenes hay que trabajar. Faltaría una deshidratadora, pero es una máquina muy cara y prefieren ver cómo arranca todo antes de hacer esa inversión.

Ante la pregunta de un productor sobre las variedades de alfalfa que hay que usar, el ingeniero agrónomo Alejandro Vergés, quien trabaja en San Luis Logística, aclaró que dependerá de cada lote.

“Vamos a ensayar en distintas zonas, porque San Luis tiene bajos y lomas. Lo que sí es importante saber es que Arabia tiene un protocolo de calidad, ellos piden proteína y color”.

En este punto, Funes explicó que “si queremos calidad óptima, hay que acordar el momento del corte y ver con qué maquinaria hacerlo, lo ideal es con ‘cutter’, porque es rebatible. Influye en el rebrote y el desarrollo posterior”.

 

Desafiando al viento. Los que estuvieron en el lanzamiento visitaron los galpones.

 

En el primer año, van a trabajar con quienes ya tienen alfalfa sembrada en sus campos. Al resto lo van incluir en las charlas de capacitación y también quieren aprovechar los diversos planes del Ministerio de Producción, además de llevar adelante una articulación con la Secretaría de Medio Ambiente. “Hay varias zonas salinizadas, con cortaderas y napas a un metro y medio. Y algo similar se está produciendo en la Cuenca de La Petra”, advirtió Lavandeira, quien no descartó una intervención con la pastura allí. “La alfalfa se puede hacer hasta con la napa a cuatro metros, hay unas 40 mil hectáreas disponibles, más abajo ya depende de las lluvias”, completó Vergés.

La arenga del titular de San Luis Logística fue concreta: “Vamos a nacer y crecer juntos”, les dijo a los productores, y aseguró que “si Alfazal crece, vamos a comprar la deshidratadora”. Reconoció que tienen ofertas de semilleras si es que logran volumen, y que van a seguir entregando semillas a los productores a cambio de contar con la producción al momento de la cosecha. “La idea es trabajar con ustedes en cooperativa”, les dijo, al tiempo que dejó en claro que van a generar trabajo. “El manejo de los equipos insumirá al menos 10 personas, está la atención a los productores y las tareas en los galpones de acopio”, enumeró.

 

Alfalfa de calidad

No cualquier alfalfa sirve para exportación, tiene que ser de primera, a lo sumo de segunda con calidad. La que es considerada de tercera va al mercado local, que vio crecer el volumen debido a que varias provincias sufren con las inundaciones y recurrieron a la pastura para paliar el problema. Para evaluar la calidad, Alfazal contará con un laboratorio de análisis, ya que tiene en su poder lo que pretenden los árabes. Una alfalfa de primera tiene al menos 20% de proteínas, menos de 10% en floración y un máximo de 25% de fibra.

“La alfalfa es capaz de brindar muy buena calidad durante tres años, después se puede rejuvenecer mechando una avena. Todavía estamos probando”, reconoció Vergés, con el apoyo de Funes.

Lavandeira les dejó claro a los productores que no habrá financiación estatal para comprar maquinaria, pero sí les darán los contactos que hicieron con varias empresas. “Esto será así al menos hasta cerrar la rueda, cuando la parte económica empiece a dar frutos, veremos de ayudarlos con todo lo que podamos”, dijo, mientras el auditorio planteaba la posibilidad de, al menos, que les bajen la carga impositiva provincial.

Una tonelada de alfalfa puesta en un puerto árabe hoy cotiza a 320 dólares, mientras que en la planta está a 160, la mitad. “Hablamos de alfalfa premium de segunda”, aclaró el titular de la Alfazal, quien maneja datos de rendimiento a campo: “En la cuenca, unas ocho toneladas al año de promedio por hectárea”.

Por eso es clave el agregado de valor que da la compactadora. Un rollo de fardo común pesa 30 kilos, mientras que un megafardo está en 400 kilos, y ocupa casi el mismo espacio. “Ofreceremos el servicio de depósito en guarda para que ustedes vendan cuando les convenga más”, les anunció. Y en cuanto a los tiempos, quiere arrancar este año con la compactación, para lo que necesita 1.500 toneladas para noviembre. La exportación quedará para 2020, cuando ya estén más armados.

 

La infraestructura está lista

Tras la charla en la Agrozal, todos se pusieron las camperas, desafiaron el viento eterno que sopla en el predio y fueron a visitar los galpones donde se procesará y guardará la alfalfa. Se trata del sector que estuvo concesionado a la Compañía General de Granos, que fue restaurado por la provincia tras el abandono en el que incurrió la empresa.

Pasamos junto a una docena de flamantes carros tolva, que sirven para guardar fertilizantes. Tienen el logo de Compañía General de Granos, pero ahora pertenecen a la Agrozal. A lo lejos se escucha la estruendosa bocina de La Puntana, que está realizando maniobras internas con un tren de cargas que está recibiendo contenedores con alfalfa que una empresa cordobesa enviará a Arabia (ver recuadro). Es una interesante muestra para los productores, que ya imaginan cómo será el proceso cuando sean ellos los protagonistas.

 

20% de proteína debe contener la alfalfa premium de primera que consumen los tambos árabes. Además, una floración menor al 10% y un tope de 25% de fibra.

 

Después, todos arribamos a la nave principal. “Vamos a hacer un contrapiso de 1.000 metros cuadrados para desarmar los rollos y homogeneizar la calidad, sobre todo en materia de humedad, ya que se necesita un 14% como máximo”, contó Lavandeira. Usarán también un depósito de 700 metros cuadrados y elevarán el techo en el sector donde irá la compactadora. Además tienen un playón de 200 metros cuadrados cubiertos y 2.000 descubiertos para recibir a los camiones.

Con este arsenal logístico, la capacidad productiva de San Luis y un mercado necesitado del producto, Alfazal saldrá a la cancha en breve para consolidar a la provincia como un polo exportador de primer nivel. La voluntad está clara, la visión de futuro también. Ahora solo falta poner manos a la obra y seguir abriendo las puertas del mundo.

 

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