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No hay pistas de un hombre que desapareció hace cuatro años

Rubén Patricio Díaz salió de su casa, en San Luis, la madrugada del 16 de septiembre de 2015. Sufre esquizofrenia.

Anoche, alguien de uno de esos grupos que colaboran en la búsqueda de personas le dijo a mi hija que supuestamente en el padrón de 2015 figuraba como que mi hermano había votado. Pero para la fecha de las elecciones él ya estaba desaparecido, y su documento había quedado en la casa, no se lo llevó”, cuenta Eva Díaz, extrañada. Tal vez sea solo una versión infundada, pero contribuye a aumentar los interrogantes que tiene la familia de Rubén Patricio Díaz Rodríguez, un estudiante de ingeniería que salió de madrugada de su casa, en la ciudad de San Luis, y nunca más lo vieron. Fue hace cuatro años y un día.

Desde entonces, sus familiares no han logrado que les den ni una sola pista de su paradero. Y no es el único motivo por el que sienten que la Justicia ha tomado el caso como si no importara. De la casa de Rubén secuestraron un celular y dos netbooks en los que iban a rastrear sus últimas comunicaciones y cualquier otro indicio que pudiera orientarlos hacia él. Pero los tres aparatos desaparecieron en Tribunales sin que siquiera los revisaran, afirmó Eva y confirmó el abogado contratado por la familia, Ernesto Torres Mathieu.

Rubén tenía 33 años en septiembre de 2015 y sufre de esquizofrenia. Había terminado de cursar la carrera de ingeniería electromecánica en la Universidad de La Plata y se preparaba para rendir los dos últimos finales.

Vivía con su madre, Nelly Rodríguez, en el barrio 132 Viviendas, en la zona este de la capital puntana. La noche del 15 de septiembre estaba estudiando en su habitación, cuando ella se acostó. “Al otro día mi mamá vio la puerta de su habitación entreabierta y pensó que estaba durmiendo por haber estudiado hasta tarde. Cuando al mediodía vio que no se levantaba, entró y vio que no estaba”, recuerda Eva.

“No se llevó nada, ni sus lentes, ni su celular, se fue con lo puesto, la puerta de calle estaba sin llave, por eso mi mamá piensa que salió muy temprano”, dice.

El hombre tampoco se llevó algo fundamental para su salud. “Estaba siendo tratado por un cuadro de esquizofrenia en el Hospital de Salud Mental, estaba medicado, pero se fue sin su medicación. Y sin eso, es una persona vulnerable”, señala la hermana.

Nelly hizo la solicitud de paradero en la Comisaría 7ª. “Lo buscaron con Canes, pero al otro día llovió mucho y pudieron seguirle el rastro muy pocas cuadras”. Desde entonces, no han hallado más rastros, de ningún tipo, de Rubén.
Eva siente que “después se fue diluyendo todo, en el juzgado les dan prioridad a otras cosas, se olvidan que (quienes desaparecen) son personas”.

 

Otras desapariciones

“Lo único que hizo el juzgado, porque la Policía lo pidió, fue pedirle a mi mamá que entregara cosas de mi hermano”. Fueron a la casa de Rubén a buscar huellas. Pensaron que podía haber alguna en los contenidos de su teléfono móvil o de sus dos netbooks, por eso se los llevaron. “Recién hace tres meses le informaron al doctor Torres Mathieu que los aparatos están desaparecidos”, dijo Eva.

“Se perdieron en Tribunales, porque figura como que la Comisaría 7ª entregó las cosas en el juzgado”, agregó. 

“Son una netbook Novatech, una netbook Lenovo y un celular BlackBerry, todos con su batería y su cargador”, dijo el abogado Torres Mathieu. “Por el momento –explicó, consultado por El Diario– no está claro de dónde desaparecieron esos elementos secuestrados. En principio habrían sido remitidos a la oficina de Secuestros del Poder Judicial”. 

La desaparición de los aparatos impidió saber cuáles fueron las últimas comunicaciones o contactos que mantuvo Rubén Díaz Rodríguez, hace ya cuatro años. “No tenía cuenta de Facebook, pero tenía correo electrónico”, señaló su hermana.

El estudiante, un joven delgado, de 1,59 de estatura, “había estado conversando con alguna chica, por chat y por teléfono. Se la consultó. Dijo que no había vuelto a comunicarse con ella”, recordó Eva.

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No hay pistas de un hombre que desapareció hace cuatro años

Rubén Patricio Díaz salió de su casa, en San Luis, la madrugada del 16 de septiembre de 2015. Sufre esquizofrenia.

Paradero desconocido. A Rubén no le faltaba mucho para recibirse. Foto: Gentileza.

Anoche, alguien de uno de esos grupos que colaboran en la búsqueda de personas le dijo a mi hija que supuestamente en el padrón de 2015 figuraba como que mi hermano había votado. Pero para la fecha de las elecciones él ya estaba desaparecido, y su documento había quedado en la casa, no se lo llevó”, cuenta Eva Díaz, extrañada. Tal vez sea solo una versión infundada, pero contribuye a aumentar los interrogantes que tiene la familia de Rubén Patricio Díaz Rodríguez, un estudiante de ingeniería que salió de madrugada de su casa, en la ciudad de San Luis, y nunca más lo vieron. Fue hace cuatro años y un día.

Desde entonces, sus familiares no han logrado que les den ni una sola pista de su paradero. Y no es el único motivo por el que sienten que la Justicia ha tomado el caso como si no importara. De la casa de Rubén secuestraron un celular y dos netbooks en los que iban a rastrear sus últimas comunicaciones y cualquier otro indicio que pudiera orientarlos hacia él. Pero los tres aparatos desaparecieron en Tribunales sin que siquiera los revisaran, afirmó Eva y confirmó el abogado contratado por la familia, Ernesto Torres Mathieu.

Rubén tenía 33 años en septiembre de 2015 y sufre de esquizofrenia. Había terminado de cursar la carrera de ingeniería electromecánica en la Universidad de La Plata y se preparaba para rendir los dos últimos finales.

Vivía con su madre, Nelly Rodríguez, en el barrio 132 Viviendas, en la zona este de la capital puntana. La noche del 15 de septiembre estaba estudiando en su habitación, cuando ella se acostó. “Al otro día mi mamá vio la puerta de su habitación entreabierta y pensó que estaba durmiendo por haber estudiado hasta tarde. Cuando al mediodía vio que no se levantaba, entró y vio que no estaba”, recuerda Eva.

“No se llevó nada, ni sus lentes, ni su celular, se fue con lo puesto, la puerta de calle estaba sin llave, por eso mi mamá piensa que salió muy temprano”, dice.

El hombre tampoco se llevó algo fundamental para su salud. “Estaba siendo tratado por un cuadro de esquizofrenia en el Hospital de Salud Mental, estaba medicado, pero se fue sin su medicación. Y sin eso, es una persona vulnerable”, señala la hermana.

Nelly hizo la solicitud de paradero en la Comisaría 7ª. “Lo buscaron con Canes, pero al otro día llovió mucho y pudieron seguirle el rastro muy pocas cuadras”. Desde entonces, no han hallado más rastros, de ningún tipo, de Rubén.
Eva siente que “después se fue diluyendo todo, en el juzgado les dan prioridad a otras cosas, se olvidan que (quienes desaparecen) son personas”.

 

Otras desapariciones

“Lo único que hizo el juzgado, porque la Policía lo pidió, fue pedirle a mi mamá que entregara cosas de mi hermano”. Fueron a la casa de Rubén a buscar huellas. Pensaron que podía haber alguna en los contenidos de su teléfono móvil o de sus dos netbooks, por eso se los llevaron. “Recién hace tres meses le informaron al doctor Torres Mathieu que los aparatos están desaparecidos”, dijo Eva.

“Se perdieron en Tribunales, porque figura como que la Comisaría 7ª entregó las cosas en el juzgado”, agregó. 

“Son una netbook Novatech, una netbook Lenovo y un celular BlackBerry, todos con su batería y su cargador”, dijo el abogado Torres Mathieu. “Por el momento –explicó, consultado por El Diario– no está claro de dónde desaparecieron esos elementos secuestrados. En principio habrían sido remitidos a la oficina de Secuestros del Poder Judicial”. 

La desaparición de los aparatos impidió saber cuáles fueron las últimas comunicaciones o contactos que mantuvo Rubén Díaz Rodríguez, hace ya cuatro años. “No tenía cuenta de Facebook, pero tenía correo electrónico”, señaló su hermana.

El estudiante, un joven delgado, de 1,59 de estatura, “había estado conversando con alguna chica, por chat y por teléfono. Se la consultó. Dijo que no había vuelto a comunicarse con ella”, recordó Eva.

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