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Un juicio para seguir

El juicio político a Donald Trump ocupa un lugar primordial en la atención de la prensa planetaria. Es lógico, por tratarse del presidente de la principal potencia mundial, y aunque parezca poco probable que el caso avance en la Cámara de Senadores, no deja de tener su atractivo, su morbo y sus consecuencias.

Al mismo tiempo, el juicio contra cuatro acusados del asesinato de un periodista y su prometida, en Eslovaquia, representa un momento histórico para la libertad de prensa y una prueba para la independencia de la Justicia y la gobernabilidad democrática en este país de Europa central. También digno de seguir, porque expondrá, crudamente, los riesgos que enfrentan centenares de reporteros alrededor del mundo.

Casi un año después del asesinato, el 21 de febrero de 2018, del periodista Jan Kuciak y su novia, la arqueóloga  Martina Kušnírová, ambos de 27 años, comenzó la fase oral del proceso por un caso que sacudió la sociedad eslovaca y generó una gran crisis política interna.

Miroslav Marcek, Tomáš Szabo, Alena Zsuszová y Marian Kocner se sientan en el banquillo por la muerte de Kuciak y su pareja, mientras que un quinto acusado, Zoltan Andrusko, fue condenado el año pasado a 15 años de prisión por su intermediación en la muerte, tras llegar a un acuerdo con la Fiscalía.

En la apertura del juicio, Marcek, un exmilitar de 37 años, admitió ser el autor material de los dos asesinatos, al haberles disparado en la vivienda de la pareja en Velká Maca, una localidad a 60 kilómetros de la capital.

Mientras, mantuvieron su inocencia su primo y expolicía Szabo, acusado también como autor material de los dos asesinatos, Zsuszová, presunta intermediaria, y Kocner, al que la Fiscalía en su escrito de casi 100 páginas responsabiliza de ordenar los crímenes. Los cuatro pueden ser condenados a cadena perpetua.

Es Kocner un poderoso, oscuro y multimillonario empresario local, con supuestos vínculos con el crimen organizado y sobre quien Kuciak investigaba cuando fue muerto; quien concentra la atención del juicio y es percibido por amplios sectores de la sociedad como un símbolo de la corrupción, que se considera profundamente arraigada en los niveles más altos del Estado eslovaco.

Por eso, este caso es percibido no solo como un test sobre la libertad de los medios para investigar a las figuras ricas y poderosas del país, sino también sobre la capacidad del Poder Judicial de aplicar justicia para ellas.

La muerte de Kuciak confirmó lo que los periodistas denunciaban hacía tiempo, sobre que “el Estado había sido tomado por una élite que lo dirigía” de acuerdo con sus intereses. En el caso de Kocner, además, el juicio podría confirmar evidencias de que “llegó a controlar los órganos del Estado”.

Los asesinatos de Kuciak y Kušnírová ya provocaron un terremoto en Eslovaquia con las mayores protestas sociales desde su nacimiento como nación independiente en 1993.

Las manifestaciones y las revelaciones de la connivencia de Kocner con el poder, forzaron la renuncia del entonces primer ministro, Robert Fico, y de su ministro del Interior, Robert Kalinak, así como la posterior dimisión del jefe del servicio de Policía.

La Policía reconoció que los asesinatos estaban relacionados con el trabajo de Kuciak como periodista de investigación. Su última historia expuso supuestos vínculos entre la mafia italiana y el gobernante Partido Socialdemócrata (SMER), de Fico.

La investigación de su muerte también puso al descubierto presuntos vínculos entre políticos, fiscales, jueces y policías con las personas acusadas de su asesinato, en particular con Kocner, quien se supo que había amenazado al periodista por sus artículos.

Dentro de la comunidad local del periodismo, algunos oscilan entre la esperanza y el miedo sobre las consecuencias del juicio para el futuro de la libertad de expresión en Eslovaquia.

“Es alarmante”, dijo Lukas Fila, editor del diario eslovaco Dennik N, sobre lo que se está revelando. “Miembros del gobierno, fiscales superiores, jueces y agentes de policía estuvieron involucrados, de una forma u otra con los presuntos autores de estos crímenes”, dijo Fila.

Por otro lado, añadió, que el juicio proporciona algo de esperanza. “Hemos aprendido cosas que no podemos desaprender. Si algo puede devolver una sensación de seguridad, es solo un castigo severo para todos los involucrados no solo en el asesinato, sino también para todos los demás crímenes que han desvelado las investigaciones”.

La sociedad algunas veces espera que la Justicia se exprese. Este es un ejemplo puntual.

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Un juicio para seguir

El juicio político a Donald Trump ocupa un lugar primordial en la atención de la prensa planetaria. Es lógico, por tratarse del presidente de la principal potencia mundial, y aunque parezca poco probable que el caso avance en la Cámara de Senadores, no deja de tener su atractivo, su morbo y sus consecuencias.

Al mismo tiempo, el juicio contra cuatro acusados del asesinato de un periodista y su prometida, en Eslovaquia, representa un momento histórico para la libertad de prensa y una prueba para la independencia de la Justicia y la gobernabilidad democrática en este país de Europa central. También digno de seguir, porque expondrá, crudamente, los riesgos que enfrentan centenares de reporteros alrededor del mundo.

Casi un año después del asesinato, el 21 de febrero de 2018, del periodista Jan Kuciak y su novia, la arqueóloga  Martina Kušnírová, ambos de 27 años, comenzó la fase oral del proceso por un caso que sacudió la sociedad eslovaca y generó una gran crisis política interna.

Miroslav Marcek, Tomáš Szabo, Alena Zsuszová y Marian Kocner se sientan en el banquillo por la muerte de Kuciak y su pareja, mientras que un quinto acusado, Zoltan Andrusko, fue condenado el año pasado a 15 años de prisión por su intermediación en la muerte, tras llegar a un acuerdo con la Fiscalía.

En la apertura del juicio, Marcek, un exmilitar de 37 años, admitió ser el autor material de los dos asesinatos, al haberles disparado en la vivienda de la pareja en Velká Maca, una localidad a 60 kilómetros de la capital.

Mientras, mantuvieron su inocencia su primo y expolicía Szabo, acusado también como autor material de los dos asesinatos, Zsuszová, presunta intermediaria, y Kocner, al que la Fiscalía en su escrito de casi 100 páginas responsabiliza de ordenar los crímenes. Los cuatro pueden ser condenados a cadena perpetua.

Es Kocner un poderoso, oscuro y multimillonario empresario local, con supuestos vínculos con el crimen organizado y sobre quien Kuciak investigaba cuando fue muerto; quien concentra la atención del juicio y es percibido por amplios sectores de la sociedad como un símbolo de la corrupción, que se considera profundamente arraigada en los niveles más altos del Estado eslovaco.

Por eso, este caso es percibido no solo como un test sobre la libertad de los medios para investigar a las figuras ricas y poderosas del país, sino también sobre la capacidad del Poder Judicial de aplicar justicia para ellas.

La muerte de Kuciak confirmó lo que los periodistas denunciaban hacía tiempo, sobre que “el Estado había sido tomado por una élite que lo dirigía” de acuerdo con sus intereses. En el caso de Kocner, además, el juicio podría confirmar evidencias de que “llegó a controlar los órganos del Estado”.

Los asesinatos de Kuciak y Kušnírová ya provocaron un terremoto en Eslovaquia con las mayores protestas sociales desde su nacimiento como nación independiente en 1993.

Las manifestaciones y las revelaciones de la connivencia de Kocner con el poder, forzaron la renuncia del entonces primer ministro, Robert Fico, y de su ministro del Interior, Robert Kalinak, así como la posterior dimisión del jefe del servicio de Policía.

La Policía reconoció que los asesinatos estaban relacionados con el trabajo de Kuciak como periodista de investigación. Su última historia expuso supuestos vínculos entre la mafia italiana y el gobernante Partido Socialdemócrata (SMER), de Fico.

La investigación de su muerte también puso al descubierto presuntos vínculos entre políticos, fiscales, jueces y policías con las personas acusadas de su asesinato, en particular con Kocner, quien se supo que había amenazado al periodista por sus artículos.

Dentro de la comunidad local del periodismo, algunos oscilan entre la esperanza y el miedo sobre las consecuencias del juicio para el futuro de la libertad de expresión en Eslovaquia.

“Es alarmante”, dijo Lukas Fila, editor del diario eslovaco Dennik N, sobre lo que se está revelando. “Miembros del gobierno, fiscales superiores, jueces y agentes de policía estuvieron involucrados, de una forma u otra con los presuntos autores de estos crímenes”, dijo Fila.

Por otro lado, añadió, que el juicio proporciona algo de esperanza. “Hemos aprendido cosas que no podemos desaprender. Si algo puede devolver una sensación de seguridad, es solo un castigo severo para todos los involucrados no solo en el asesinato, sino también para todos los demás crímenes que han desvelado las investigaciones”.

La sociedad algunas veces espera que la Justicia se exprese. Este es un ejemplo puntual.

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