Escuchá acá la 96.3

Escuchá acá la 96.3
X

"Saltó del techo, sacó el arma, me dijo que le abriera y escapó"

En su huida tras asaltar el taller mecánico “Arcando”, uno de los cuatro delincuentes se metió a la casa de la joven, que estaba sola con su bebé de 3 meses.

Hace tan solo una semana que P. M., de 20 años, vive con su pareja y su bebé en el pasaje Callao al 400, a la vuelta del taller mecánico "Arcando", en Ciudad del Rosario al 400, en San Luis. La mujer que le alquila y los vecinos le decían a la joven que el barrio es tranquilo, y ella tuvo esa impresión hasta el sábado, cuando escuchó tres tiros cerca de su casa y un extraño se lanzó desde el techo a su patio, armado. Era uno de los asaltantes que el sábado intentó llevarse una cuantiosa suma de dinero del taller y fue detenido en Balde. “Vino corriendo, sacó el arma y me dijo ‘abrime, abrime’”, recordó la muchacha.

Por otro lado, según trascendió, de las averiguaciones hechas por efectivos de la Dirección General de Investigaciones sobre los antecedentes ha surgido que en las planillas de al menos tres de los cuatro imputados figuran causas por robos, hurtos, tenencia de armas y, en uno de los casos, por homicidio, que data de hace varios años.

Ayer, cuando atendió a El Diario, P.M. estaba con su pequeño de tres meses en brazos, al igual que el sábado 25 a la siesta. “Estábamos en la cama, y él se puso molesto y nos levantamos. Hay dos puertas, la que da a la calle (al pasaje Callao), y la que da al fondo, que es un patio que está divido por un portón y es compartido por la dueña de la casa y nosotros. Por lo general, tengo las dos puertas cerradas. La puerta principal estaba cerrada, al igual que la reja, pero la reja de la puerta del fondo estaba abierta, porque estaba lavando ropa”, explicó.

El ladrón se alejó del taller saltando techos en dirección al norte, es decir, hacia el pasaje Callao. El patio de la señora que le alquila a la joven está cubierto con una lona o tela similar, y cerca de la casa de P.M. hay algunos alambres ubicados de forma horizontal, a la altura del techo o la lona. El asaltante corrió uno de esos hilos metálicos, como para tener espacio suficiente, meter el cuerpo y saltar al piso.

Cuando se levantó de la cama con su bebé, P.M. sintió ruido y vio que se movía mucho el portón. Se arrimó y escuchó tres tiros. “Me acerqué un poquito más allá —en referencia a la puerta trasera—, para ver qué pasaba. Pensé que era el pitbull de la señora. Pero no, no era. Cuando iba acercándome más, vi al tipo que se largó al patio, cayó y ahí nomás tomó hacia el pasillo”, y encaró hacia la calle, relató la joven.

 

 

Pero allí encontró todo bloqueado. A esa abertura “siempre la mantenemos cerrada, y tiene un palo cruzado y la reja. Sacó el palo, abrió, pero la reja estaba cerrada y se volvió”, dijo.

Mientras el intruso se dirigía al pasillo, P.M. entró, le puso pasador a la puerta que da al patio interno y se fue corriendo hacia la puerta de adelante, para salir a la calle con su bebé.

En eso estaba cuando escuchó que el delincuente le abrió la puerta de atrás de una patada. “Yo estaba por abrir la reja de la calle, él vino corriendo, sacó el arma y me dijo ‘abrime, abrime’. Saqué la llave, se la di y le dije ‘sí, sí, tomá la llave, abrí vos'. Es que de los nervios no pude”, explicó.

El auto en el que andaba la banda, un Volkswagen Bora negro, estaba en la zona. El asaltante gritó, el vehículo frenó y subió a la parte trasera del rodado, que tomó por Obispo Orzali hacia el norte. Después, habría continuado por Héroes de Malvinas hacia el oeste. Le pareció que iban dos personas más en el auto.

El delincuente tenía una particularidad: el brazo derecho vendado. No parecía un vendaje improvisado, según contó la joven.

Después de la huida del intruso, la chica fue a lo de su vecina, le comentó lo que había pasado y la señora le pidió que le mostrara por dónde se había metido. Fue ella quien se dio cuenta de que adentro, al lado del cochecito del bebé, había un cargador de arma que el asaltante había perdido. Como ya había policías en la zona, les avisaron de ese hallazgo, y ellos hicieron el levantamiento.

 

Todos se abstuvieron

Los cuatro hombres que están detenidos por el asalto en el taller de Marcelo Arcando se abstuvieron de declarar ayer ante la jueza Virginia Palacios. Están imputados por “Robo calificado por ser en poblado y en banda, con uso de arma de fuego y privación ilegítima de la libertad en concurso ideal”.

El defensor oficial de turno en feria en lo Penal, Juan Esteban Pedernera, le confirmó ayer a este medio que asumió la representación de tres de los imputados y que solicitó una prórroga de la detención de ocho días. Son Marcelo Eduardo García Beltrán, Javier Tarateta Martínez y Lucas Joel Peralta Ruartes.

Por su parte, el cuarto imputado, Víctor Hugo Pellicer, es representado por Andrés Fernández y Guillermo Sánchez Pagano. Pellicer también se abstuvo de declarar y pidió la prórroga de la detención de ocho días. Hoy mismo, según anticipó Sánchez Pagano, solicitarán las primeras medidas, entre ellas, testimoniales.

Si bien aclaró que apenas tuvieron 10 o 15 minutos para ver el expediente, el abogado consideró que en realidad, este grupo está lejos de ser “la terrible y organizada banda", tal como la Policía la ha calificado.

Y expuso por qué cree que no es así. “Una banda organizada deja a alguien en la puerta, cuidando. Todo esto fue a dos cuadras de la Jefatura Central de Policía. El auto (en el que habrían llegado al taller, un Volkswagen Bora) fue a una estación de servicio, a cargar combustible. Es decir, hay cámaras que ubican el vehículo en San Luis y después  pasó por el arco de Desaguadero como si nada”, dijo el letrado, enunciando elementos que no darían la pauta de la planificación y el cuidado que se espera de una banda supuestamente avezada.

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
TAGS
COMENTARIOS

"Saltó del techo, sacó el arma, me dijo que le abriera y escapó"

En su huida tras asaltar el taller mecánico “Arcando”, uno de los cuatro delincuentes se metió a la casa de la joven, que estaba sola con su bebé de 3 meses.

En fila, al Juzgado Penal 3. Dos de los imputados fueron arrestados en Balde, los otros dos, en el taller mecánico. Foto: Dirección General de Investigaciones.

Hace tan solo una semana que P. M., de 20 años, vive con su pareja y su bebé en el pasaje Callao al 400, a la vuelta del taller mecánico "Arcando", en Ciudad del Rosario al 400, en San Luis. La mujer que le alquila y los vecinos le decían a la joven que el barrio es tranquilo, y ella tuvo esa impresión hasta el sábado, cuando escuchó tres tiros cerca de su casa y un extraño se lanzó desde el techo a su patio, armado. Era uno de los asaltantes que el sábado intentó llevarse una cuantiosa suma de dinero del taller y fue detenido en Balde. “Vino corriendo, sacó el arma y me dijo ‘abrime, abrime’”, recordó la muchacha.

Por otro lado, según trascendió, de las averiguaciones hechas por efectivos de la Dirección General de Investigaciones sobre los antecedentes ha surgido que en las planillas de al menos tres de los cuatro imputados figuran causas por robos, hurtos, tenencia de armas y, en uno de los casos, por homicidio, que data de hace varios años.

Ayer, cuando atendió a El Diario, P.M. estaba con su pequeño de tres meses en brazos, al igual que el sábado 25 a la siesta. “Estábamos en la cama, y él se puso molesto y nos levantamos. Hay dos puertas, la que da a la calle (al pasaje Callao), y la que da al fondo, que es un patio que está divido por un portón y es compartido por la dueña de la casa y nosotros. Por lo general, tengo las dos puertas cerradas. La puerta principal estaba cerrada, al igual que la reja, pero la reja de la puerta del fondo estaba abierta, porque estaba lavando ropa”, explicó.

El ladrón se alejó del taller saltando techos en dirección al norte, es decir, hacia el pasaje Callao. El patio de la señora que le alquila a la joven está cubierto con una lona o tela similar, y cerca de la casa de P.M. hay algunos alambres ubicados de forma horizontal, a la altura del techo o la lona. El asaltante corrió uno de esos hilos metálicos, como para tener espacio suficiente, meter el cuerpo y saltar al piso.

Cuando se levantó de la cama con su bebé, P.M. sintió ruido y vio que se movía mucho el portón. Se arrimó y escuchó tres tiros. “Me acerqué un poquito más allá —en referencia a la puerta trasera—, para ver qué pasaba. Pensé que era el pitbull de la señora. Pero no, no era. Cuando iba acercándome más, vi al tipo que se largó al patio, cayó y ahí nomás tomó hacia el pasillo”, y encaró hacia la calle, relató la joven.

 

 

Pero allí encontró todo bloqueado. A esa abertura “siempre la mantenemos cerrada, y tiene un palo cruzado y la reja. Sacó el palo, abrió, pero la reja estaba cerrada y se volvió”, dijo.

Mientras el intruso se dirigía al pasillo, P.M. entró, le puso pasador a la puerta que da al patio interno y se fue corriendo hacia la puerta de adelante, para salir a la calle con su bebé.

En eso estaba cuando escuchó que el delincuente le abrió la puerta de atrás de una patada. “Yo estaba por abrir la reja de la calle, él vino corriendo, sacó el arma y me dijo ‘abrime, abrime’. Saqué la llave, se la di y le dije ‘sí, sí, tomá la llave, abrí vos'. Es que de los nervios no pude”, explicó.

El auto en el que andaba la banda, un Volkswagen Bora negro, estaba en la zona. El asaltante gritó, el vehículo frenó y subió a la parte trasera del rodado, que tomó por Obispo Orzali hacia el norte. Después, habría continuado por Héroes de Malvinas hacia el oeste. Le pareció que iban dos personas más en el auto.

El delincuente tenía una particularidad: el brazo derecho vendado. No parecía un vendaje improvisado, según contó la joven.

Después de la huida del intruso, la chica fue a lo de su vecina, le comentó lo que había pasado y la señora le pidió que le mostrara por dónde se había metido. Fue ella quien se dio cuenta de que adentro, al lado del cochecito del bebé, había un cargador de arma que el asaltante había perdido. Como ya había policías en la zona, les avisaron de ese hallazgo, y ellos hicieron el levantamiento.

 

Todos se abstuvieron

Los cuatro hombres que están detenidos por el asalto en el taller de Marcelo Arcando se abstuvieron de declarar ayer ante la jueza Virginia Palacios. Están imputados por “Robo calificado por ser en poblado y en banda, con uso de arma de fuego y privación ilegítima de la libertad en concurso ideal”.

El defensor oficial de turno en feria en lo Penal, Juan Esteban Pedernera, le confirmó ayer a este medio que asumió la representación de tres de los imputados y que solicitó una prórroga de la detención de ocho días. Son Marcelo Eduardo García Beltrán, Javier Tarateta Martínez y Lucas Joel Peralta Ruartes.

Por su parte, el cuarto imputado, Víctor Hugo Pellicer, es representado por Andrés Fernández y Guillermo Sánchez Pagano. Pellicer también se abstuvo de declarar y pidió la prórroga de la detención de ocho días. Hoy mismo, según anticipó Sánchez Pagano, solicitarán las primeras medidas, entre ellas, testimoniales.

Si bien aclaró que apenas tuvieron 10 o 15 minutos para ver el expediente, el abogado consideró que en realidad, este grupo está lejos de ser “la terrible y organizada banda", tal como la Policía la ha calificado.

Y expuso por qué cree que no es así. “Una banda organizada deja a alguien en la puerta, cuidando. Todo esto fue a dos cuadras de la Jefatura Central de Policía. El auto (en el que habrían llegado al taller, un Volkswagen Bora) fue a una estación de servicio, a cargar combustible. Es decir, hay cámaras que ubican el vehículo en San Luis y después  pasó por el arco de Desaguadero como si nada”, dijo el letrado, enunciando elementos que no darían la pauta de la planificación y el cuidado que se espera de una banda supuestamente avezada.

Logín