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De tal corona, tal diamante

Ayelen Anzulovich

La salida del príncipe Harry de la casa de Windsor tiene un antecedente que los británicos recuerdan perfectamente. Estuvo protagonizado por Lady Di, la madre del príncipe rebelde. “Cooltura” habló con una periodista que conoce los entretelones de las realezas europeas.

Las series y las películas de la realeza nos hacen fantasear con las historias secretas, los protocolos, las internas y los amoríos, pero lo cierto es que la nueva generación de la corona cambió el orden de las cosas. En Inglaterra, la princesa Diana conocía a sus hijos como la palma de su mano y sabía del temperamento del Príncipe Harry, de quien vaticinó que pondría en jaque a la corona, tal como sucedió.

Así fue que Harry y su esposa Meghan anunciaron que se apartan como miembros principales de la familia real británica y que trabajarán para ser económicamente independientes. En un comunicado emitido por el Palacio de Buckingham, la pareja real señaló que tiene la intención de apuntalar su trabajo en organizaciones benéficas. También dijeron que planean equilibrar el tiempo que pasan entre Gran Bretaña y Norteamérica, donde creció la duquesa de Sussex, de 38 años, nacida en California.

 

 

Alguien que conoce bien cómo se maneja la realeza es la periodista argentina María Laura Avignolo, corresponsal del diario Clarín en Londres y París desde 1993 y responsable de la cobertura del primer viaje de la princesa de Gales a nuestro país.

Entrevistada por “Cooltura”, la trabajadora de prensa recordó que el 23 de noviembre de 1995 todos los reporteros viajaron con ella en primera clase del British Airways. “Diana iba sola en el último asiento. Se pasó todo el trayecto leyendo un libro sobre salud mental, consultando su celular y mirando las fotos de sus hijos, William y Harry. En ese momento un solo custodio la acompañaba”.

Contó además que a los Royals (como se los llama a los miembros de la realeza), no se les puede hablar si no te dirigen la palabra. “En realidad cubrir sus viajes siempre es una experiencia antropológica porque no existe el menor intercambio con ellos oficialmente. Solo hay que contemplarlos. La princesa no era la excepción”, dijo. Avignolo describe a Diana como una mujer alta, elegante y con una mirada que sabía manipular efectivamente cuando quería hacerse escuchar. También aseguró que tenía periodistas amigos, pero que jamás demostraba la menor intimidad con la prensa en los vuelos oficiales. “En un momento se acurrucó en el asiento y se durmió. Todos fueron a observar cómo dormía una princesa”, resaltó con gracia.

La visita de Diana a la Argentina fue pocos días después de hacer su famosa entrevista en la BBC de Londres, donde reveló que eran “demasiados” tres en su matrimonio. Claramente se refería a ella, el príncipe Carlos (futuro rey) y su amante, Camilla Parker Bowles.

En ese momento Gran Bretaña estaba conmovida por las revelaciones y la monarquía temblaba, como ahora. “Jamás había sido más impopular la reina Isabel. Y en otra provocación, la princesa de Gales, que había perdido su estatus de Alteza Real, con su divorcio, decidió venir a Buenos Aires. La acompañaba uno de sus mejores amigos, el diseñador argentino Roberto Devorik, que junto a Lucía Flecha de Lima, la embajadora de Brasil en Londres, eran los íntimos de Lady Di en esos años”.

 

Diana, Diana, Diana

El palacio estaba inmensamente preocupado por la visita. Temía que se politizara, que Malvinas se mezclara en el medio, que hubiera protestas o un desborde que no podrían controlar. En realidad Lady Di quería alejarse de Gran Bretaña y al mismo tiempo, conseguir controlar la agenda mediática en la Guerra de los Roses que tenía con el príncipe Carlos.

 “Hay dos Diana”, señala la periodista argentina. “Una, la que se casó con el príncipe Carlos. Joven, inocente, a merced de la maquinaria del palacio y de los cortesanos. Sufrió mucho porque estaba enamorada de su marido y él, en plena luna de miel, le dijo que no sería el único Príncipe de Gales que no tendría una amante. Se vengó de esos sufrimientos, pero al mismo tiempo Diana se dañó y se aisló. Estaba muy sola. La Familia Real no entiende ni considera las emociones, ni las vulnerabilidades. Para ellos, la vida pública es una obligación y nadie la discute”.

María expresó que el divorcio transformó a Lady Di. “Se liberó de los rigores vestimentarios, se volvió sexy abiertamente. Encontró causas humanitarias para defender que la Familia Real jamás hubiera soñado, como el SIDA, la campaña contra las minas en el mundo, la visita a los enfermos terminales en los hospitales. Consolidó su imagen de la Princesa del Pueblo con una Casa de Windsor distante, lejana”.

La verdadera Diana era muy divertida pero al mismo tiempo sufría por su destino, según la recuerda la corresponsal argentina, responsable de muchas de las coberturas europeas.

Se enamoraba pero sabía que tenía limitaciones para poder rehacer su vida. Su prioridad eran sus chicos y formarlos para que fueran humanos y miraran más allá de las paredes del palacio. Hoy su hijo menor, Harry, rompió con la monarquía al igual que lo hizo ella y ese es su gran triunfo.

La operación política para poder salvar al príncipe Carlos como futuro rey fue enorme. Llegaron los principales especialistas a ese rescate. Esta misión incluía conseguir que la opinión pública aceptara que Carlos se casara con Camilla, su amante. Lo consiguieron. Pero el “efecto Diana” volvió a deteriorar su figura, como si se hubiera muerto ayer.

 

 

No hay ni un monumento, ni un hospital ni un jardín que tenga el nombre de la princesa de Gales. Esta reivindicación ante la opinión pública la inició su hijo Harry, quien más se le parece. Durante años no habló de ella hasta que William, su hermano, le dijo que debía pedir ayuda. El tratamiento psicológico lo ayudó a desenterrar la imagen de su mamá, a hablar de ella en público y hacer dos documentales que se proyectaron en el aniversario número 20 de su muerte. Fue la primera vez que sus hijos hablaron, que la opinión pública supo qué les pasó tras la muerte de Diana.

Veintitrés años después, la rebeldía continúa. Lady Di fue la primera exponente en romper con la realeza y su hijo menor le siguió los pasos.

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De tal corona, tal diamante

La salida del príncipe Harry de la casa de Windsor tiene un antecedente que los británicos recuerdan perfectamente. Estuvo protagonizado por Lady Di, la madre del príncipe rebelde. “Cooltura” habló con una periodista que conoce los entretelones de las realezas europeas.

Fotos: Internet/Agencias.

Las series y las películas de la realeza nos hacen fantasear con las historias secretas, los protocolos, las internas y los amoríos, pero lo cierto es que la nueva generación de la corona cambió el orden de las cosas. En Inglaterra, la princesa Diana conocía a sus hijos como la palma de su mano y sabía del temperamento del Príncipe Harry, de quien vaticinó que pondría en jaque a la corona, tal como sucedió.

Así fue que Harry y su esposa Meghan anunciaron que se apartan como miembros principales de la familia real británica y que trabajarán para ser económicamente independientes. En un comunicado emitido por el Palacio de Buckingham, la pareja real señaló que tiene la intención de apuntalar su trabajo en organizaciones benéficas. También dijeron que planean equilibrar el tiempo que pasan entre Gran Bretaña y Norteamérica, donde creció la duquesa de Sussex, de 38 años, nacida en California.

 

 

Alguien que conoce bien cómo se maneja la realeza es la periodista argentina María Laura Avignolo, corresponsal del diario Clarín en Londres y París desde 1993 y responsable de la cobertura del primer viaje de la princesa de Gales a nuestro país.

Entrevistada por “Cooltura”, la trabajadora de prensa recordó que el 23 de noviembre de 1995 todos los reporteros viajaron con ella en primera clase del British Airways. “Diana iba sola en el último asiento. Se pasó todo el trayecto leyendo un libro sobre salud mental, consultando su celular y mirando las fotos de sus hijos, William y Harry. En ese momento un solo custodio la acompañaba”.

Contó además que a los Royals (como se los llama a los miembros de la realeza), no se les puede hablar si no te dirigen la palabra. “En realidad cubrir sus viajes siempre es una experiencia antropológica porque no existe el menor intercambio con ellos oficialmente. Solo hay que contemplarlos. La princesa no era la excepción”, dijo. Avignolo describe a Diana como una mujer alta, elegante y con una mirada que sabía manipular efectivamente cuando quería hacerse escuchar. También aseguró que tenía periodistas amigos, pero que jamás demostraba la menor intimidad con la prensa en los vuelos oficiales. “En un momento se acurrucó en el asiento y se durmió. Todos fueron a observar cómo dormía una princesa”, resaltó con gracia.

La visita de Diana a la Argentina fue pocos días después de hacer su famosa entrevista en la BBC de Londres, donde reveló que eran “demasiados” tres en su matrimonio. Claramente se refería a ella, el príncipe Carlos (futuro rey) y su amante, Camilla Parker Bowles.

En ese momento Gran Bretaña estaba conmovida por las revelaciones y la monarquía temblaba, como ahora. “Jamás había sido más impopular la reina Isabel. Y en otra provocación, la princesa de Gales, que había perdido su estatus de Alteza Real, con su divorcio, decidió venir a Buenos Aires. La acompañaba uno de sus mejores amigos, el diseñador argentino Roberto Devorik, que junto a Lucía Flecha de Lima, la embajadora de Brasil en Londres, eran los íntimos de Lady Di en esos años”.

 

Diana, Diana, Diana

El palacio estaba inmensamente preocupado por la visita. Temía que se politizara, que Malvinas se mezclara en el medio, que hubiera protestas o un desborde que no podrían controlar. En realidad Lady Di quería alejarse de Gran Bretaña y al mismo tiempo, conseguir controlar la agenda mediática en la Guerra de los Roses que tenía con el príncipe Carlos.

 “Hay dos Diana”, señala la periodista argentina. “Una, la que se casó con el príncipe Carlos. Joven, inocente, a merced de la maquinaria del palacio y de los cortesanos. Sufrió mucho porque estaba enamorada de su marido y él, en plena luna de miel, le dijo que no sería el único Príncipe de Gales que no tendría una amante. Se vengó de esos sufrimientos, pero al mismo tiempo Diana se dañó y se aisló. Estaba muy sola. La Familia Real no entiende ni considera las emociones, ni las vulnerabilidades. Para ellos, la vida pública es una obligación y nadie la discute”.

María expresó que el divorcio transformó a Lady Di. “Se liberó de los rigores vestimentarios, se volvió sexy abiertamente. Encontró causas humanitarias para defender que la Familia Real jamás hubiera soñado, como el SIDA, la campaña contra las minas en el mundo, la visita a los enfermos terminales en los hospitales. Consolidó su imagen de la Princesa del Pueblo con una Casa de Windsor distante, lejana”.

La verdadera Diana era muy divertida pero al mismo tiempo sufría por su destino, según la recuerda la corresponsal argentina, responsable de muchas de las coberturas europeas.

Se enamoraba pero sabía que tenía limitaciones para poder rehacer su vida. Su prioridad eran sus chicos y formarlos para que fueran humanos y miraran más allá de las paredes del palacio. Hoy su hijo menor, Harry, rompió con la monarquía al igual que lo hizo ella y ese es su gran triunfo.

La operación política para poder salvar al príncipe Carlos como futuro rey fue enorme. Llegaron los principales especialistas a ese rescate. Esta misión incluía conseguir que la opinión pública aceptara que Carlos se casara con Camilla, su amante. Lo consiguieron. Pero el “efecto Diana” volvió a deteriorar su figura, como si se hubiera muerto ayer.

 

 

No hay ni un monumento, ni un hospital ni un jardín que tenga el nombre de la princesa de Gales. Esta reivindicación ante la opinión pública la inició su hijo Harry, quien más se le parece. Durante años no habló de ella hasta que William, su hermano, le dijo que debía pedir ayuda. El tratamiento psicológico lo ayudó a desenterrar la imagen de su mamá, a hablar de ella en público y hacer dos documentales que se proyectaron en el aniversario número 20 de su muerte. Fue la primera vez que sus hijos hablaron, que la opinión pública supo qué les pasó tras la muerte de Diana.

Veintitrés años después, la rebeldía continúa. Lady Di fue la primera exponente en romper con la realeza y su hijo menor le siguió los pasos.

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