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Precarización laboral en América Latina

Por redacción
| 12 de febrero de 2020

La dinámica de la desaceleración económica regional tuvo un impacto en los empleos, tanto en su estructura como en su calidad, destacó la última edición del informe Panorama Laboral de América Latina y el Caribe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), al analizar datos relacionados con la composición del empleo, el tiempo que logran trabajar las personas, y los sectores en los cuales se están generando nuevas oportunidades.

 

Los datos recopilados hasta el tercer trimestre de 2019 revelan que se mantiene una tendencia registrada en el último lustro, caracterizada por un aumento tenue del empleo asalariado de 1,8%, inferior al aumento del empleo por cuenta propia, que llegó a 2,2%.

 

El empleo por cuenta propia es una actividad cada vez más común para alrededor de 300 millones de personas que forman parte de la fuerza laboral regional.

 

La mayoría conseguirá empleo en los sectores de comercio y servicios, mientras hay indicadores que muestran subocupación por insuficiencia de tiempo trabajado. Además, el empleo por cuenta propia, que ha crecido más, suele estar vinculado a mayor informalidad.

 

Entre 2012 y 2018, de acuerdo con los datos de OIT, el empleo por cuenta propia en América Latina subió de 21,1% de los ocupados a 23%, en especial los no profesionales, que paso de 18% a 19,7%.

 

En el mismo período, los asalariados privados continúan siendo mayoritarios, pero su proporción ha bajado de 50,4% a 47,3%.

 

El cambio ha sido mayor entre las empresas de 6 o más trabajadores, que suelen ofrecer gran cantidad del empleo formal, donde se pasó de 39,1% en 2012 a 35,8% en 2018, de acuerdo con los datos del informe de OIT.

 

Estos indicadores, que revelan un mayor crecimiento del empleo por cuenta propia frente a una reducción del empleo asalariado en el sector privado, son señal de un proceso de precarización de los empleos que se vienen creando en América Latina, opinaron los economistas de la OIT.

 

En el informe, se alerta que una leve alza en el desempleo de la región, de 8,0% en 2018, a 8,1% en 2019, podría agravarse si no se logra revertir la desaceleración económica en América Latina y el Caribe.

 

En 2020 podría llegar a 8,4%, según destaca el informe Panorama Laboral publicado a fines de enero.

 

De acuerdo con los datos disponibles en la herramienta Data Finder desarrollada por la OIT para dar seguimiento a los mercados laborales de todo el mundo, la Población Económicamente Activa de la región es de 313,4 millones, de los cuales 288,1 millones están ocupados, y 25,3 millones están en situación de desempleo.

 

¿En dónde trabajan los que sí están ocupados? El Panorama Laboral dice que “la estructura del empleo regional se ha caracterizado por una dinámica de crecimiento de la proporción de empleo en el sector de los servicios”.

 

Datos incluidos en este informe revelan que entre 2012 y 2018 se registró un aumento de la población ocupada en servicios comunales, sociales y personales de 31,7% a 33,5% consolidándose como el principal sector empleador. Le sigue el comercio que también creció, de 22,5% a 24,1%.

 

En ese mismo lapso de tiempo bajaron las proporciones de empleo en el sector agrícola de 11,5% a 9,9%, en la industria manufacturera de 13,3% a 12,5%, en la construcción de 8,2% a 7,1%.

 

Estos empleos, generalmente asociados a menor intensidad de capital físico y menor uso de capital humano, tienden a ser de baja productividad. Esa baja productividad es la principal barrera para la generación de condiciones decentes de empleo.

 

Adicionalmente, el Panorama Laboral advierte que “se aprecia una tendencia al aumento de los indicadores de subocupación por insuficiencia de tiempo trabajado en América Latina y el Caribe”, lo cual también se considera como un indicio de menor calidad en los empleos disponibles para la Población Económicamente Activa.

 

En 10 de los 11 países para los cuales se cuenta con datos, aumentó el porcentaje de ocupados “que trabajan menos de 35 horas, pero desean trabajar más”.

 

Cuando son considerados todos estos indicadores en conjunto, la conclusión evidente es que la región tiene un desafío muy claro por delante: generar empleos de calidad y revertir la precarización.

 

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