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La quiniela de la familia Troiano ya unió a cuatro generaciones

La conocida agencia "El trébol" abrió sus puertas hace 42 años, es una de las más antiguas de la provincia y está ubicada en el corazón de la ciudad del tango. 

Conocida como la agencia de los semáforos, “El Trébol” reúne a cuatro generaciones de la familia Troiano que entre las pizarras, los números de los sueños, las calculadoras antiguas y ahora modernos equipos, escriben su historia. Situada en el corazón de la ciudad, es la esquina más conocida y transitada, y se ubica en Hipólito Yrigoyen y Almirante Brown, donde Hugo Troiano tiene su casa y comercio.

El emprendimiento surgió de una idea en conjunto con su papá  Francisco y su hermano Oscar, y abrió las puertas en el año 1978. Si bien el quinielero tuvo otros empleos, nunca dejó de lado la agencia. “En esa época todo el trabajo era manual. Era realmente muy

exhaustivo y no había que cometer errores. Teníamos que escribir las jugadas de los clientes por cuadruplicado y prestar mucha atención. Era una verdadera odisea hacer las cosas en tiempo y forma. Las apuestas se enviaban por vehículos a la capital de la provincia y eso obligaba a que cerremos temprano”, recordó. Además, el agenciero dijo que “los sorteos no eran como ahora, ni había tantas loterías, sino que eran solo los martes, miércoles y sábados, y en un turno”, contó.

 

 

Premio. Desde hace 3 años, Hugo es el mejor vendedor de la zona sur. 

 

En sus inicios, la agencia tenía 14 distribuidores callejeros, porque las apuestas se levantaban a mano con talonarios. “Los juegos de azar tuvieron sus comienzos en Uruguay y eran de manera clandestina seguramente. Luego, el Estado tomó participación y los hizo oficiales. Está bueno lo que se hace con los fondos recaudados: se ayuda a las personas por medio de acciones sociales y también en cuestiones de salud”, aseguró.

"El Trébol" ya se convirtió en una tradición para la familia, que pasa de generación en generación. Analía, Tatiana y Rodrigo son producto del amor de Hugo y su compañera de vida, Gina. Sus hijos decidieron continuar trabajando en la quiniela, aunque Rodrigo solo por un tiempo. Hoy Candela, su nieta y cuarta generación, aseguró: “Me gusta ayudar en la agencia. Cuando termine la secundaria quiero estudiar Medicina forense, pero si no tengo la oportunidad, o en mis tiempos libres, voy a seguir con el trabajo que realiza mi mamá Tati y la familia”.

Analía, la hija mayor, ayuda a su papá desde los doce años, y en el año 2001 decidió convertirlo en su trabajo permanente. Luego abrió una sucursal en la que estuvo a cargo por cinco años, hasta que decidió transformarla en agencia oficial. Su otra hija, Tatiana, comenzó a los 15 años ayudando con las boletas manuales y hasta hoy sigue atendiendo. “Me encanta trabajar con mi papá, es un grande, porque si bien es familia, también es mi amigo. Compartimos muchas horas todos los días y nos consultamos cualquier duda”, dijo la mujer.

Hoy, a sus 73 años, el agenciero asegura que lograron perdurar en el tiempo por la seriedad y buena atención, que es lo que le inculcó a sus hijos. "Siempre cumplimos con el pago de los premios, pero lo más importante es la reserva de información de los ganadores. En cuanto a premios, hemos entregado muchos y de altos montos. El más grande de todos fue entregado en conjunto con el Prode, de juegos de fútbol, y este año con el 'Gordo de Navidad' de la provincia de Córdoba, entregamos $300.000”.

La familia actualmente cuenta con dos agencias y sigue regalando suerte. “Nosotros no solo vendemos juegos, sino que ayudamos a cumplir sueños, viajes, cumpleaños y casamientos, entre tantas otras cosas que podemos hacer realidad junto al azar”, aseguró Analía. En cuanto al juego responsable, “te permite ver en realidad muchas cosas que siempre soñaste. Entonces, hay que tomarlo con respeto y responsabilidad para que solo sea un momento de diversión y no un problema mayor”, dijo.

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La quiniela de la familia Troiano ya unió a cuatro generaciones

La conocida agencia "El trébol" abrió sus puertas hace 42 años, es una de las más antiguas de la provincia y está ubicada en el corazón de la ciudad del tango. 

Continuar con el oficio. Analía hoy atiende su propia agencia con la responsabilidad que le inculcó su padre. Foto: Gentileza Agencia "El Trébol".

Conocida como la agencia de los semáforos, “El Trébol” reúne a cuatro generaciones de la familia Troiano que entre las pizarras, los números de los sueños, las calculadoras antiguas y ahora modernos equipos, escriben su historia. Situada en el corazón de la ciudad, es la esquina más conocida y transitada, y se ubica en Hipólito Yrigoyen y Almirante Brown, donde Hugo Troiano tiene su casa y comercio.

El emprendimiento surgió de una idea en conjunto con su papá  Francisco y su hermano Oscar, y abrió las puertas en el año 1978. Si bien el quinielero tuvo otros empleos, nunca dejó de lado la agencia. “En esa época todo el trabajo era manual. Era realmente muy

exhaustivo y no había que cometer errores. Teníamos que escribir las jugadas de los clientes por cuadruplicado y prestar mucha atención. Era una verdadera odisea hacer las cosas en tiempo y forma. Las apuestas se enviaban por vehículos a la capital de la provincia y eso obligaba a que cerremos temprano”, recordó. Además, el agenciero dijo que “los sorteos no eran como ahora, ni había tantas loterías, sino que eran solo los martes, miércoles y sábados, y en un turno”, contó.

 

 

Premio. Desde hace 3 años, Hugo es el mejor vendedor de la zona sur. 

 

En sus inicios, la agencia tenía 14 distribuidores callejeros, porque las apuestas se levantaban a mano con talonarios. “Los juegos de azar tuvieron sus comienzos en Uruguay y eran de manera clandestina seguramente. Luego, el Estado tomó participación y los hizo oficiales. Está bueno lo que se hace con los fondos recaudados: se ayuda a las personas por medio de acciones sociales y también en cuestiones de salud”, aseguró.

"El Trébol" ya se convirtió en una tradición para la familia, que pasa de generación en generación. Analía, Tatiana y Rodrigo son producto del amor de Hugo y su compañera de vida, Gina. Sus hijos decidieron continuar trabajando en la quiniela, aunque Rodrigo solo por un tiempo. Hoy Candela, su nieta y cuarta generación, aseguró: “Me gusta ayudar en la agencia. Cuando termine la secundaria quiero estudiar Medicina forense, pero si no tengo la oportunidad, o en mis tiempos libres, voy a seguir con el trabajo que realiza mi mamá Tati y la familia”.

Analía, la hija mayor, ayuda a su papá desde los doce años, y en el año 2001 decidió convertirlo en su trabajo permanente. Luego abrió una sucursal en la que estuvo a cargo por cinco años, hasta que decidió transformarla en agencia oficial. Su otra hija, Tatiana, comenzó a los 15 años ayudando con las boletas manuales y hasta hoy sigue atendiendo. “Me encanta trabajar con mi papá, es un grande, porque si bien es familia, también es mi amigo. Compartimos muchas horas todos los días y nos consultamos cualquier duda”, dijo la mujer.

Hoy, a sus 73 años, el agenciero asegura que lograron perdurar en el tiempo por la seriedad y buena atención, que es lo que le inculcó a sus hijos. "Siempre cumplimos con el pago de los premios, pero lo más importante es la reserva de información de los ganadores. En cuanto a premios, hemos entregado muchos y de altos montos. El más grande de todos fue entregado en conjunto con el Prode, de juegos de fútbol, y este año con el 'Gordo de Navidad' de la provincia de Córdoba, entregamos $300.000”.

La familia actualmente cuenta con dos agencias y sigue regalando suerte. “Nosotros no solo vendemos juegos, sino que ayudamos a cumplir sueños, viajes, cumpleaños y casamientos, entre tantas otras cosas que podemos hacer realidad junto al azar”, aseguró Analía. En cuanto al juego responsable, “te permite ver en realidad muchas cosas que siempre soñaste. Entonces, hay que tomarlo con respeto y responsabilidad para que solo sea un momento de diversión y no un problema mayor”, dijo.

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