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Abuso crónico: el padrastro, obsesionado con la víctima

Los testimonios revelan que Gerardo Sena controlaba todas las actividades de M.A. desde que era una niña.

Los testimonios recopilados en la investigación sobre el caso de M.A., una mujer que denunció haber sido abusada por su padrastro desde los 8 años hasta los 33, refieren una actitud obsesiva y de vigilancia permanente del acusado para con su hijastra, desde que era una niña, cuando vivían en Mendoza, hasta que, radicados en San Luis, ella era ya una mujer a la que le prohibía tener novio. Incluso amenazó con “mandar matones que lo molieran a palos” al hombre con el que ella quería iniciar una relación.

Los relatos de familiares, amigos y la pareja de M.A., sumados a los de psicólogos que intervinieron en el caso, son parte de la prueba que sopesó la jueza Penal 3 de San Luis Virginia Palacios para resolver el procesamiento del presunto abusador, Gerardo Sena, y de Nora Herrera, la madre de la víctima, como supuesta partícipe necesaria por omisión.

La noche que Noelia, una amiga de M.A., festejaba sus 15 años, en Mendoza, ni bien terminó la cena, el padrastro de M.A. se presentó en el lugar del festejo y le ordenó “terminaste de comer, vamos”. Y se la llevó.

La misma testigo recordó que cuando Sena llevaba a su hijastra a su casa, a hacer la tarea, por ejemplo, el padrastro se quedaba afuera, esperando a que terminara, para llevarla de vuelta. Y cuando estaban en la casa de M.A. “era incómodo hablar, él estaba cerca como tratando de controlar de qué se hablaba, éramos chicas, teníamos 12 o 13 años”, contó.

Los testimonios indican que esa actitud de control permanente Sena no la tenía con las hermanas de M.A., ni siquiera con su hija biológica. “La obsesión era solo con ella”, aseguraron.

Una tía paterna de la mujer abusada recordó algo que le llamó mucho la atención y le preocupó. Una vez que M.A. estaba en la casa de su abuela, en la ciudad de Mendoza, entró a bañarse. Era una niña aún. Sena abrió la puerta del baño y entró para decirle que se iba, pero en seguida volvería a buscarla.

Fernanda, otra testigo, dijo que fue amiga de M.A. de los 10 a los 15 años, cuando Sena “se la llevó de la provincia de Mendoza” en 1995. “Pude observar conductas enfermizas de este señor hacia ella”, dijo.

Una familiar de la víctima recordó que cuando solían ir a la casa de Sena solían encontrar a Nora Herrera en el comedor, y a él y a su hijastra metidos en la cama, viendo televisión.

La propia denunciante evocó  una situación similar. Cuanto tenía 14 o 15 años su madre entró a la habitación y los vio a ella y a su padrastro metidos en la cama, tapados. Pero se retiró de inmediato sin preguntar ni decir nada.

Cuando M.A. ya era un poco más grande, los abusos eran a la mañana, mientras la madre dormía porque miraba televisión hasta la madrugada.

La jueza Palacios llegó a la conclusión que la madre de M.A. nunca hizo nada para evitar los abusos a su hija. Y que incluso aceptó que Sena fuera desplazándola de su rol para poner en él a la víctima, que debía hacerse cargo de sus hermanas menores, de llevarlos al médico o darles los remedios, de las tareas del hogar, de las compras y hasta de hacerse cargo de organizar el festejo de los 15 de una de sus hermanas.

En los testimonios que dio durante la investigación, la mujer abusada recordó que Sena, además de amenazar con darle una paliza al hombre con el que ella intentaba iniciar un noviazgo, le aseguraba que le revelaría al pretendiente que ella tenía una relación con él, y que era una p….

Una amiga recordó que durante su niñez M.A. “estaba muy cansada, obedecía en todo, estaba como resignada. Un día en la escuela, había escrito varias veces en un cuadernito ‘M. está sola’, íbamos a 5º grado. Le preguntamos por qué y no nos quiso decir. Para mí su actitud hacia él era de cansancio y sometimiento”. 

El sábado pasado, en la resolución en la que dispuso el procesamiento de Sena y Herrera, la jueza Palacios dispuso prohibirles la salida del país. Ahora la causa continúa camino al juicio oral.

Ambos están acusados de “Abuso sexual con acceso carnal agravado por la calidad de guardador y por el aprovechamiento de la convivencia preexistente, siendo la víctima menor de edad, en concurso ideal con corrupción de menores agravada”.

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Abuso crónico: el padrastro, obsesionado con la víctima

Los testimonios revelan que Gerardo Sena controlaba todas las actividades de M.A. desde que era una niña.

Tribunales de San Luis. La investigación comenzó hace cinco años.

Los testimonios recopilados en la investigación sobre el caso de M.A., una mujer que denunció haber sido abusada por su padrastro desde los 8 años hasta los 33, refieren una actitud obsesiva y de vigilancia permanente del acusado para con su hijastra, desde que era una niña, cuando vivían en Mendoza, hasta que, radicados en San Luis, ella era ya una mujer a la que le prohibía tener novio. Incluso amenazó con “mandar matones que lo molieran a palos” al hombre con el que ella quería iniciar una relación.

Los relatos de familiares, amigos y la pareja de M.A., sumados a los de psicólogos que intervinieron en el caso, son parte de la prueba que sopesó la jueza Penal 3 de San Luis Virginia Palacios para resolver el procesamiento del presunto abusador, Gerardo Sena, y de Nora Herrera, la madre de la víctima, como supuesta partícipe necesaria por omisión.

La noche que Noelia, una amiga de M.A., festejaba sus 15 años, en Mendoza, ni bien terminó la cena, el padrastro de M.A. se presentó en el lugar del festejo y le ordenó “terminaste de comer, vamos”. Y se la llevó.

La misma testigo recordó que cuando Sena llevaba a su hijastra a su casa, a hacer la tarea, por ejemplo, el padrastro se quedaba afuera, esperando a que terminara, para llevarla de vuelta. Y cuando estaban en la casa de M.A. “era incómodo hablar, él estaba cerca como tratando de controlar de qué se hablaba, éramos chicas, teníamos 12 o 13 años”, contó.

Los testimonios indican que esa actitud de control permanente Sena no la tenía con las hermanas de M.A., ni siquiera con su hija biológica. “La obsesión era solo con ella”, aseguraron.

Una tía paterna de la mujer abusada recordó algo que le llamó mucho la atención y le preocupó. Una vez que M.A. estaba en la casa de su abuela, en la ciudad de Mendoza, entró a bañarse. Era una niña aún. Sena abrió la puerta del baño y entró para decirle que se iba, pero en seguida volvería a buscarla.

Fernanda, otra testigo, dijo que fue amiga de M.A. de los 10 a los 15 años, cuando Sena “se la llevó de la provincia de Mendoza” en 1995. “Pude observar conductas enfermizas de este señor hacia ella”, dijo.

Una familiar de la víctima recordó que cuando solían ir a la casa de Sena solían encontrar a Nora Herrera en el comedor, y a él y a su hijastra metidos en la cama, viendo televisión.

La propia denunciante evocó  una situación similar. Cuanto tenía 14 o 15 años su madre entró a la habitación y los vio a ella y a su padrastro metidos en la cama, tapados. Pero se retiró de inmediato sin preguntar ni decir nada.

Cuando M.A. ya era un poco más grande, los abusos eran a la mañana, mientras la madre dormía porque miraba televisión hasta la madrugada.

La jueza Palacios llegó a la conclusión que la madre de M.A. nunca hizo nada para evitar los abusos a su hija. Y que incluso aceptó que Sena fuera desplazándola de su rol para poner en él a la víctima, que debía hacerse cargo de sus hermanas menores, de llevarlos al médico o darles los remedios, de las tareas del hogar, de las compras y hasta de hacerse cargo de organizar el festejo de los 15 de una de sus hermanas.

En los testimonios que dio durante la investigación, la mujer abusada recordó que Sena, además de amenazar con darle una paliza al hombre con el que ella intentaba iniciar un noviazgo, le aseguraba que le revelaría al pretendiente que ella tenía una relación con él, y que era una p….

Una amiga recordó que durante su niñez M.A. “estaba muy cansada, obedecía en todo, estaba como resignada. Un día en la escuela, había escrito varias veces en un cuadernito ‘M. está sola’, íbamos a 5º grado. Le preguntamos por qué y no nos quiso decir. Para mí su actitud hacia él era de cansancio y sometimiento”. 

El sábado pasado, en la resolución en la que dispuso el procesamiento de Sena y Herrera, la jueza Palacios dispuso prohibirles la salida del país. Ahora la causa continúa camino al juicio oral.

Ambos están acusados de “Abuso sexual con acceso carnal agravado por la calidad de guardador y por el aprovechamiento de la convivencia preexistente, siendo la víctima menor de edad, en concurso ideal con corrupción de menores agravada”.

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