Rosalind Franklin, una científica oculta tras otros éxitos
El 25 de abril se celebra el Día Mundial del ADN. Y, aunque el Nobel fue para 3 hombres, el logro fue de una mujer. Sacó la "Fotografía 51".
Desde 2003 se celebra a nivel internacional el Día del ADN el 25 de abril por el descubrimiento de la estructura en doble hélice del ácido desoxirribonucleico (ADN), uno de los hallazgos científicos más importantes del siglo XX.
El 25 de abril de 1953 el biólogo estadounidense James Watson y el físico británico Francis Crick publicaron en la revista Nature el artículo titulado “Molecular Structure of Nucleic Acids: A Structure for Deoxyribose Nucleic Acid”. En esta publicación propusieron un modelo de la estructura del ADN.
Rosalind Elsie Franklin nació en Londres el 25 de julio de 1920 y falleció a los 37 años de cáncer de ovario, (supuestamente por la radiación recibida al investigar). En 1941 se graduó en Física, Química y Matemática en la Universidad de Cambridge, cuando esta aún no entregaba títulos de licenciatura ni de maestría a mujeres. Se especializó en Química y Cristalografía.
Ya como doctora, en mayo de 1952 la científica consiguió, con el difractómetro de rayos X, fotografiar la cara B del ADN hidratado. La famosa imagen se conoció como la “Fotografía 51” y resultó fundamental para el avance en genética, ya que permitió inferir la estructura helicoidal.
Su compañero de laboratorio, Maurice Wilkins —a sus espaldas— le mostró la fotografía a Watson, quien —junto con Crick— estaban obsesionados por el descubrimiento de la estructura del ADN. Esta es una historia más de una científica relegada en su enorme rol y aporte.
Poco después, la revista Nature publicó tres artículos de los grandes hallazgos de la biología. El primero, firmado por Crick y Watson, fue la estrella: la estructura del ADN; el segundo fue un artículo de Wilkins y el tercero, el de Rosalind. Pero, por como lo presentaba la revista, parecía ser complementario de las otras investigaciones. Incómoda con la situación, Rosalind decidió entonces abandonar todo lo relacionado con el tema.
Su carrera científica prosiguió. Lideró trabajos pioneros relacionados con el virus del mosaico del tabaco y el poliovirus. En 1962, (cuatro años después de que ella falleciera) sus colegas Watson, Crick y Wilkins fueron galardonados con el Premio Nobel por su trabajo en el descubrimiento del ADN. El nombre de Rosalind Franklin no se mencionó, ni se reconoció su contribución en el avance científico.
Participó activamente en sindicatos y en movimientos de defensa del sufragio femenino. Era directa y apasionada, le encantaba el debate, era seria y, a veces, dura y abrasiva. Wilkins, por ejemplo, la consideraba desagradable. Watson, como siempre, fue el más cruel y en “La doble hélice”, su libro de memorias de aquella época, escribe párrafos que rozan el insulto: “Estaba decidida a no destacar sus atributos femeninos. Aunque era de rasgos enérgicos, no carecía de atractivo, y habría podido resultar muy guapa si hubiera mostrado el menor interés por vestir bien...”.
Hoy, en épocas en que es necesario comprender secuenciaciones de genomas como el del coronavirus, sabemos que allá lejos, una científica vio lo que otros no podían.
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