La transición energética en medio de la crisis

Mientras tratan de amortiguar los efectos de la pandemia de coronavirus, América Latina y el Caribe también enfrentan inquietudes sobre el futuro de la transición energética y de las empresas estatales de hidrocarburos.

Esos interrogantes se evidenciaron a lo largo de los debates de la XXIX Conferencia de Energía La Jolla, en San Diego, California. Alfonso Blanco, secretario ejecutivo de la Organización Latinoamericana de Energía (Olade), dijo que las mutaciones registradas durante la pandemia se extenderán luego de la crisis y serán duraderas.

“Habrá transformaciones estructurales y estamos convencidos de que la mayoría de las conductas de los consumidores cambiará después de la pandemia. La demanda variará debido a los cambios en las áreas más importantes en transporte y otras áreas energéticas. Los efectos sobre el consumo de combustibles fósiles serán altos y habrá un impacto mayor en las energías renovables”, aseguró.

La organización calcula que la demanda eléctrica cayó un 29 por ciento en Bolivia, en comparación con 2019, a causa de la aparición de la COVID-19; un 26 por ciento en Argentina; 22 por ciento en Brasil y 11 por ciento en Chile.

Asimismo, la demanda final de energía se desplomó un 14 por ciento en Brasil frente a 2019, 11 por ciento tanto en la región andina como en el Cono Sur, 9 por ciento en México, 7 por ciento en América Central y 5 por ciento en el Caribe.

En la medida en que los países impusieron encierros para cortar el contagio del coronavirus, el consumo eléctrico de empresas, industrias y comercios decreció debido a la suspensión de actividades.

Para la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), la pandemia puede ser una llamada de atención para los países rezagados en transición energética.

“Esto puede ser el nuevo 'normal'. La estructura y gobernanza de la arquitectura energética para enfrentar la siguiente fase está cambiando dramáticamente. La pobreza y transición energética no pueden resolverse independientemente de quién controla un recurso, esos retos no pueden esperar”, dijo.

Naciones como Argentina, Bolivia, Ecuador, Honduras, República Dominicana y Uruguay progresaron en transición energética desde 2015, mientras que Brasil retrocedió y países como México están estancados, según el Índice de Transición Energética del Foro Económico Mundial, divulgado el 13 de mayo.

Los países se enfrentan a la evaluación del funcionamiento de sus mercados eléctricos, sacudidos por la crisis. En Argentina, el consumo industrial cayó 50 por ciento y las distribuidoras eléctricas no han podido obtener ingresos suficientes para cubrir costos fijos o las compras de fluido.

Por ello, el gobierno financió a la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (Cammesa) para pagar a las generadoras, pues debe comprar esa energía por los contratos suscritos.

“Habrá un cambio permanente en el consumo eléctrico argentino. Tenemos gas más barato que antes, los modelos dicen que hay que usar más gas porque está más barato que otras fuentes. No veremos mucho cambio en la matriz energética argentina y eso podría extenderse a toda América Latina”.

Un nuevo orden en el consumo de energía a partir de la crisis de la COVID-19. De allí en más, dependerá de cada país la continuidad de una transición tan indispensable, como lo es hoy la salud.

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La transición energética en medio de la crisis

Mientras tratan de amortiguar los efectos de la pandemia de coronavirus, América Latina y el Caribe también enfrentan inquietudes sobre el futuro de la transición energética y de las empresas estatales de hidrocarburos.

Esos interrogantes se evidenciaron a lo largo de los debates de la XXIX Conferencia de Energía La Jolla, en San Diego, California. Alfonso Blanco, secretario ejecutivo de la Organización Latinoamericana de Energía (Olade), dijo que las mutaciones registradas durante la pandemia se extenderán luego de la crisis y serán duraderas.

“Habrá transformaciones estructurales y estamos convencidos de que la mayoría de las conductas de los consumidores cambiará después de la pandemia. La demanda variará debido a los cambios en las áreas más importantes en transporte y otras áreas energéticas. Los efectos sobre el consumo de combustibles fósiles serán altos y habrá un impacto mayor en las energías renovables”, aseguró.

La organización calcula que la demanda eléctrica cayó un 29 por ciento en Bolivia, en comparación con 2019, a causa de la aparición de la COVID-19; un 26 por ciento en Argentina; 22 por ciento en Brasil y 11 por ciento en Chile.

Asimismo, la demanda final de energía se desplomó un 14 por ciento en Brasil frente a 2019, 11 por ciento tanto en la región andina como en el Cono Sur, 9 por ciento en México, 7 por ciento en América Central y 5 por ciento en el Caribe.

En la medida en que los países impusieron encierros para cortar el contagio del coronavirus, el consumo eléctrico de empresas, industrias y comercios decreció debido a la suspensión de actividades.

Para la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), la pandemia puede ser una llamada de atención para los países rezagados en transición energética.

“Esto puede ser el nuevo 'normal'. La estructura y gobernanza de la arquitectura energética para enfrentar la siguiente fase está cambiando dramáticamente. La pobreza y transición energética no pueden resolverse independientemente de quién controla un recurso, esos retos no pueden esperar”, dijo.

Naciones como Argentina, Bolivia, Ecuador, Honduras, República Dominicana y Uruguay progresaron en transición energética desde 2015, mientras que Brasil retrocedió y países como México están estancados, según el Índice de Transición Energética del Foro Económico Mundial, divulgado el 13 de mayo.

Los países se enfrentan a la evaluación del funcionamiento de sus mercados eléctricos, sacudidos por la crisis. En Argentina, el consumo industrial cayó 50 por ciento y las distribuidoras eléctricas no han podido obtener ingresos suficientes para cubrir costos fijos o las compras de fluido.

Por ello, el gobierno financió a la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (Cammesa) para pagar a las generadoras, pues debe comprar esa energía por los contratos suscritos.

“Habrá un cambio permanente en el consumo eléctrico argentino. Tenemos gas más barato que antes, los modelos dicen que hay que usar más gas porque está más barato que otras fuentes. No veremos mucho cambio en la matriz energética argentina y eso podría extenderse a toda América Latina”.

Un nuevo orden en el consumo de energía a partir de la crisis de la COVID-19. De allí en más, dependerá de cada país la continuidad de una transición tan indispensable, como lo es hoy la salud.

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