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A seis años, los parientes de Andrés García Campoy piden que se avance con las pericias

El joven de 20 años se crió en La Punta y murió de un tiro en la cabeza en un control de Gendarmería en el Departamento mendocino de Luján. 

Por redacción
| 16 de junio de 2020
Ruta nacional 7: por allí transitaba García Campoy en un Peugeot 504 verde. Foto: archivo.

El coronavirus ha paralizado buena parte de las actividades en el mundo entero, incluso algunas que se desarrollan en tribunales. Pero lo que la emergencia sanitaria no ha frenado es la sed de justicia de la familia de Andrés García Campoy, el joven de 20 años que se crió en La Punta y que murió de un tiro en la cabeza en un control de Gendarmería en el kilómetro 1060 de la ruta nacional 7, en el Departamento mendocino de Luján, cerca de una destilería. 

 

 

Al cumplirse el sexto aniversario del hecho, la madre del muchacho, Mónica Campoy, reiteró su convencimiento de que a Andrés lo mataron los gendarmes y que no se suicidó, tal es la versión que dieron desde el comienzo los efectivos de los que ellos sospechan, Maximiliano Ezequiel Cruz Alfonso y Corazón de Jesús Velázquez. Su procesamiento ha sido requerido por Ramiro Villalba, el abogado que representa a los García Campoy.

 

 

“Mi pedido es el mismo, que no se olviden del caso de Andy, que haya justicia. Hubo tantas irregularidades… queremos un dictamen del juez federal Walter Bento sobre los dos gendarmes. Ellos siguen en funciones, como si nada”, lamentó Mónica. 

 

 

“Andy era un chico bueno, estudiante, que no tenía vicios. No era impulsivo, era tranquilo. El 13 de junio de 2014 iba por la ruta 7, en auto, y terminó con un tiro en la cabeza. Yo, como mamá, quiero saber por qué, quiero saber qué pasó. Estoy muy desconcertada sobre por qué actuaron así”, dijo la mujer, vecina de La Punta. “Pensar que Andy quizás hoy ya estaría recibido”, expresó con tristeza. Cuando ocurrió el hecho que se investiga, su hijo cursaba la licenciatura en Higiene y Seguridad Industrial en la Universidad del Aconcagua.

 


Villalba le contó a El Diario que esperan los informes de una batería de pruebas que se hicieron entre febrero y marzo de este año y que estuvieron a cargo de expertos de la Policía Federal que viajaron desde Buenos Aires. También tuvieron participación peritos buscados por la familia. 

 

 

Aquel viernes 13 de junio, Andrés llevaba una antigua carabina que había heredado de su abuelo, y que, según presumen sus parientes, llevaba en el auto porque quería vender. En una de las pericias recientes se hicieron "disparos de experiencia con el arma para ver si deflagra pólvora y deja residuos de disparo en las manos”, dijo Villalba. “Esto se hizo porque es raro que no hubiera residuos ni en las manos de Andrés, ni en las de los gendarmes, ni en ningún lado”, explicó.

 

 

“Por otro lado —continuó el letrado— queremos ver el funcionamiento del arma. Alguna vez se cuestionó si era un elemento que permitía la maniobra que, según los gendarmes, Andrés efectuó. Y una tercera prueba fue la realización de tiros a la piel de cerdo, ya que eso permite reconstruir la morfología del disparo, ver cuál es la herida que más se asemeja a la que presenta Andrés y, con base en eso, formular una hipótesis de la posición del tirador”. Villalba aclaró que, si bien mencionó estas tres a modo ilustrativo, en verdad son varias las pericias practicadas, respecto a las cuales esperan informes. 

 

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