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El Módulo Genético, una gran apuesta productiva

Realiza un aporte sanitario y de calidad de raza a los pequeños criadores de toda la provincia. A pesar de la pandemia, sigue adelante con las mejoras y volvió a entregar.

Por Marcelo Dettoni
| 28 de junio de 2020
Experiencia. Walter Bustos e Ingo Siebt son los que trabajan día a día en el Módulo. Fotos: Marianela Sánchez.

En medio de la pandemia, muchas actividades restringieron sus movimientos al máximo. Pero el campo tiene poco que ver con lo que sucede en las grandes ciudades, y sobre todo en lo que se conoce como AMBA (Capital y Gran Buenos Aires) donde los comercios, el transporte, la Justicia y tantos otros sectores se vieron paralizados durante tres meses, y todavía sin un horizonte a la vista. Debido a que el virus sin dudas no tiene circulación comunitaria en San Luis, la situación en la provincia es distinta y todo va desperezándose y volviendo de a poco a la normalidad.

 

El campo es otro mundo, uno que no puede parar porque está relacionado con la vida animal y vegetal. A los animales hay que darles de comer todos los días, los cultivos necesitan fertilizantes y monitoreo, a las vacas de tambo hay que ordeñarlas dos veces por jornada. Y así todo el resto, que requiere de la mano y la atención del hombre para mantener su nivel de desarrollo para abastecer a una población que se vio detenida y con pocas armas para enfrentar la cruda realidad.

 

Entre las actividades rurales que mantuvieron su energía durante toda la cuarentena está el Módulo Genético que tiene el Ministerio de Producción en la capital puntana, frente a la escuela experimental de Sol Puntano, camino a Mendoza sobre la autopista que representa la gran vía comercial del Mercosur y a la que más hay que vigilar para seguir viviendo con cierta tranquilidad en medio de una situación sanitaria que sigue siendo de cuidado y requiere no bajar la guardia.

 

Una tarde soleada de las tantas que regaló San Luis en un otoño en el que retaceó las lluvias, este enviado de la revista El Campo visitó el Módulo acompañado por Juan Manuel Celi Preti, el médico veterinario que es el encargado técnico y quien supervisa que todo marche de acuerdo a lo planeado.

 

Con tapabocas y respetando la distancia que impone el distanciamiento social, hicimos una larga caminata por los pasillos que dividen los corrales, junto con Walter Bustos, que es el jefe de personal y quien no falta un solo día al predio, y el encargado de mantenimiento; más Ingo Siebt, un rubio grandote siempre dispuesto a arreglar lo que haga falta para no alterar la rutina de los animales, acostumbrados a tener todo lo necesario para su desarrollo.

 

Con ellos dos, también trabajan codo a codo Martiniano González, que tiene la supervisión del sector caprino y también se hace cargo de las ovejas que se agregaron hace ya un tiempo; y Ariel Vega, que hace el mismo trabajo con los porcinos.

 

“Cuando comenzó la cuarentena y se restringieron todas las actividades, estábamos en plena tarea de planificar qué íbamos a hacer este año. Yo me hice cargo del Módulo Genético cuando asumió Juan Lavandeira como ministro de Producción, así que recién le estaba tomando la mano, conociendo a la gente y viendo la mejor manera de que esto dé un paso más hacia el desarrollo, así que tuvimos que repensar todo el plan sobre la marcha”, cuenta Celi Preti, quien tiene una larga trayectoria en la función pública, ya que hasta el año pasado era el jefe del subprograma Producción Pecuaria y llevó adelante planes muy importantes como la reposición de toros que dieron positivo a enfermedades venéreas, por lo que conoce el paño a la perfección.

 

La pandemia los tomó en medio de una estrategia que consiste en eliminar los remanentes, ya que el Módulo tenía en ese momento muchos animales, pero poca calidad. “Es lógico quedarnos solo con los mejores, porque acá se hace una selección genética muy exigente, nosotros preferimos calidad a cantidad, queremos que los productores cuenten con lo mejor en cada reposición, y si vienen a visitarnos para aprender, deben ver a los animales de razas puras”, acotó el funcionario, que tiene dos tareas fundamentales con esta iniciativa: la reposición sanitaria en toda la provincia y el programa ProGen, justamente para aportar genética de calidad y mejorar los rodeos.

 

Lo que aclara Celi Preti es que el Gobierno pretende “llevarles animales que los ayuden a crecer en las mejores condiciones, para ellos son mejores los mestizos bien adaptados a cada geografía de San Luis que una ‘Ferrari’ de laboratorio que después finalmente no le va a servir porque es demasiado blandita”.

 

La figura es clara, por eso en el Módulo caprino conviven razas carniceras como la Boer, lecheras como la Saanen, doble propósito como la Anglo Nubian y también una criolla, que muchas veces es la más aconsejable para zonas de difícil acceso, en las que hay que pelear por el alimento en serranías insondables y quebradas interminables.

 

En el Módulo Genético está todo bien organizado y la disciplina se respeta a rajatabla. Hay un corral con las cabras preñadas, otro en el que descansan los chivatos y todos los ejemplares están separados por raza. Se ven algunas chivas viejas y Bustos, con su olfato campero, ya la imagina que terminará “en algún escabeche”, porque todas sirven para algún propósito.

 

La rutina de los animales no se altera. A las 7:30 salen del corral a pastorear al campo hasta las 18, ya que cuentan con buen pastizal natural en los alrededores y además están suplementadas con raciones.

 

El predio, que destina 2,5 hectáreas al módulo porcino y el refugio para las cabras, tiene 46 hectáreas de monte natural sobre un total de 123, lo que es mucho terreno. También cuenta con varias ovejas Pampinta, una raza creada por el INTA que está bien adaptada al terruño nacional y que son un remanente del Plan Productivo que se desarrolló en 2018.

 

De todas maneras, la ovina es una actividad en crecimiento, sobre todo desde que los productores se dieron cuenta que los aportes de la ley nacional sirven y mucho para desarrollarse, y luego se devuelven a largo plazo y con un interés muy bajo del 10%, que no es nada en medio de un contexto inflacionario como el argentino.

 

“Es importante tener un buen plantel de cabras y ovejas para abastecer a los que piden cabezas por las leyes ovina y caprina. Hoy las van a comprar afuera, pero ya San Luis está en condiciones de ser un buen proveedor”, asegura Celi Preti, quien conoce mucho las entretelas de ambas actividades porque conduce la Unidad Ejecutora Provincial (UEP), que es la encargada de distribuir los fondos para ambos proyectos.

 

Allí trabaja de manera coordinada con Gabriela Delgado, la coordinadora, a quien conoce de la época en la que era la jefa del Laboratorio del Campo, que tiene sus oficinas al lado del Módulo.

 

El encargado técnico es un hombre inquieto, que siempre busca lo mejor para su sector. Por eso ya mantuvo reuniones con especialistas del INTA en busca de lograr cruzamientos beneficiosos para San Luis. Y también tiene diálogo fluido con los veterinarios de Senasa, para asegurar el estatus sanitario de los rodeos puntanos, que es excelente gracias a un trabajo a conciencia del gobierno provincial, que invierte muchos recursos desde hace años para que los planes de ayuda a los pequeños productores sigan su derrotero sin inconvenientes.

 

Mientras caminamos por los corrales de cabras, un gato viene a buscar leche de chiva y sabe dónde encontrarla. Bustos demuestra afinidad con el felino y lo considera útil: “Acá hay mucho forraje, por lo que es común ver lauchas, así que el muchacho está bien alimentado por los dos lados”, bromea.

 

Al costado del espacio destinado a cabras y ovejas está el Módulo porcino, que tuvo un interesante desarrollo en los últimos años, cuando comenzó a ser un abastecedor importante de los criadores locales que requerían de una mejor genética para lograr más rendimiento en kilos de carne y preñeces.

 

“Son animales que por un lado se reproducen rápido, lo que es muy bueno para mantener un plantel saludable y de calidad; pero también son más costosos que los caprinos porque ellos no comen pasto, hay que darles maíz con suplemento”, cuenta Celi Preti, quien es muy exigente con la selección de los padrillos, ya que de ellos parte una buena genética posterior mucho más que de las hembras.

 

Fueron tan buenas las hembras que consiguieron en los últimos cruzamientos que decidieron quedárselas para madres, y así afinar aún más la genética buscada.

 

Y no faltan razas en los corrales: hay mestizos con origen Yorkshire, coloridos Duroc Jersey, unos New Hampshire que se destacan por la “faja” que les cruza el cuerpo robusto, y otros totalmente negros que se denominan Cheta Puy y demostraron ser muy rendidores en diferentes campos de la provincia.

 

Para mejorar aún más la raza York-shire, una de las más demandadas, los encargados del Módulo vendieron dos padrillos veteranos y compraron uno que reluce por su calidad al establecimiento Alpacal, de Villa Mercedes, que regentea la familia Estrada. A Bustos se le pierde la mirada en los contornos armoniosos del cerdo, que retoza tranquilo, ajeno a los elogios del exterior.

 

Hay crías por todas partes y de todos los tamaños. Algunas de dos meses que ya andan solos por el corral y otros con apenas ocho días de destetados (el proceso se realiza a los 35 días del nacimiento) que van al trotecito por los pasillos y pasan los alambrados rumbo al lote que está justo al lado despertando mucha ternura.

 

“La construcción de las nuevas parideras nos permitió bajar la principal causa de muerte en los cerdos, que es el aplastamiento que a veces produce la madre al moverse en espacios reducidos”, reconoce el encargado del Módulo. En total tienen cuatro parideras nuevas para usar con las 12 madres que van teniendo cría de manera rotativa. 

 

En ese predio al que van los pequeños lechoncitos sueltan a las hembras hasta pocos días antes del parto, para que liberen estrés y se sigan moviendo. Es una técnica de bienestar animal que les rindió muchos frutos. “A futuro queremos sembrar alguna pastura que asegure el alimento de las cabras, si algo sobra acá es lugar”, proyecta Celi Preti mientras acomoda unas tolvas plásticas con alimento para los cerdos.

 

Otro adelanto fue la instalación de canillas con un sistema que hace que solo abran el grifo cuando los cerdos muerden la parte trasera. Así lograron un gran ahorro de agua y evitaron que se embarren los corrales. Ellos solo toman lo que necesitan. También plantaron fresnos que aún son muy jóvenes, pero asegurarán sombra a futuro en un predio en el que se nota el trabajo y el apego a las nuevas normas sanitarias en todo momento.

 

Además de un destino productivo y de ayudar con genética, el Módulo aporta animales al plan Carnes San Luis, que todavía no volvió a arrancar desde que se desató la pandemia, pero es posible que lo haga en breve, apenas estén dadas las condiciones sanitarias para la faena.

 

Allí destina los capones de entre 90 y 100 kilos para vender cortes de cerdo y había empezado a enviar algunos corderos para la nueva pata comercial. Pero hoy todo está medio parado  y por eso Celi Preti está ansioso por volver a la ruta con continuidad a visitar productores que puedan aprovechar semejante calidad. De a poco ya comenzaron a desandar rutas y caminos rurales para ir entregando algunos cerdos y cabras a aquellos que ya tenían iniciados sus trámites previo a la aparición del coronavirus.

 

"Fue un volver a vivir, extrañaba el trato y el cariño que nos brindan los productores, que son muy agradecidos con la atención que les damos. Es de gran ayuda para ellos que podamos atender la sanidad y recambiar los animales viejos por otros de gran genética", reconoció Celi Preti.

 

Nada sorprende, ya que viene siendo así desde hace años. Porque este espacio del Ministerio de Producción deja bien en claro que la genética no descansa, que no hay coronavirus que la pueda detener.

 

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