SAN LUIS - Martes 07 de Julio de 2020

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Las demandas persisten a pesar de todo

Por redacción
| 04 de junio de 2020

La letal pandemia de coronavirus, que se ha cobrado la vida de casi 400.000 personas en todo el mundo, ha reforzado el concepto de distanciamiento físico que prohíbe cualquier reunión de más de 10 o 20 personas, ya sea en un encuentro en grupo, una boda, un mitin político o incluso un funeral.

 

En Estados Unidos, las pautas establecidas por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades  son muy claras: “Limite el contacto cara a cara, manténgase al menos a unos dos metros de otras personas. No se reúna en grupos, manténgase alejado de lugares concurridos y evite las reuniones masivas”.

 

Pero todas esas advertencias fueron olvidadas sin ceremonias a medida que cientos y miles de manifestantes han salido a las calles a protestar en muchas ciudades, incluidas de Hong Kong, Argentina, Líbano, Brasil, Israel, Ucrania e India, y más recientemente de Estados Unidos y Gran Bretaña.

 

Solo en los Estados Unidos, donde las muertes por coronavirus superaban al 2 de mayo, las 105.000 y los contagiados registrados eran más de 1,8 millón, los manifestantes en ciudades desgarradas por disturbios en 31 estados desafiaron abiertamente las normas de expertos sanitarios y de autoridades de municipios y estados, incluso después de establecerse el toque de queda en parte de ellas.

 

La actitud desafiante en las calles ha desencadenado la pregunta: ¿La lucha por los derechos humanos y la justicia racial anula las amenazas de coronavirus?; ¿eso es así incluso cuando miles han participado en manifestaciones que violan las órdenes de quedarse en casa y avivan los temores de un fuerte aumento de las infecciones que ponen en peligro los esfuerzos de control del virus?

 

La alcaldesa de la ciudad de Atlanta, Keisha Lance Bottoms, dijo: “Si estuviste protestando anoche, probablemente debas hacerte una prueba de COVID-19 esta semana. Todavía hay una pandemia en Estados Unidos que está matando a negros y mulatos en números más altos”.

 

Irónicamente, algunos de los manifestantes que incendiaron vehículos policiales, estaciones de servicio, oficinas de correos, bancos e históricos edificios en diferentes puntos del país participaron en las protestas con mascarillas para evitar infecciones. Pero la mayoría de ellos asistieron sin protección.

 

“Mi sensación es que, al igual que en Estados Unidos, Israel, Hong Kong, Brasil y otros lugares, grandes grupos de personas continuarán protestando incluso si pueden afrontar una infección. Creo que toda la evidencia apunta a más, no menos protestas”, dijo la investigadora principal del estudio, Olga Onuch.

 

“No soy epidemióloga, pero lo entendería, especialmente dado el nivel de infecciones por COVID-19, esperaría que el riesgo de contraer la enfermedad durante reuniones masivas como protestas fuese muy alto”.En consecuencia, “sí, creo que están arriesgando sus vidas al participar en las protestas”, afirmó.

 

En Estados Unidos, las protestas por el homicidio del joven afroestadounidense George Floyd, en una brutal acción policial, se prolongan ya por más de una semana, de día y de noche, y han llegado a las puertas de la Casa Blanca.

 

Desde Estados Unidos hasta Líbano, desde Gran Bretaña a Hong Kong, los manifestantes han desafiado tanto el peligro de infectarse como de ser detenidos al lanzarse a las calles para demandar un cambio.

 

Las sociedades del mundo no aplazarán sus demandas ni derechos aunque persista el tiempo de pandemia. A la hora de la reflexión, nada podrá obviarse.

 

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