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La mutilación genital femenina, un ataque a los derechos humanos

Arraigada en creencias patriarcales, la ablación de los órganos genitales genera graves trastornos.

Por Raquel Wolansky
| 25 de julio de 2020
Una práctica nociva vigente en más de treinta países. Infografía: El Diario de la República.

La lucha por la igualdad entre hombres y mujeres es una batalla que se da diariamente en todos los países del mundo. De una manera u otra, las diferencias alcanzan a cada una de las mujeres de todo el planeta. Pero hay una violación hacia sus derechos que todos los años alcanza, silenciosamente y bajo el “consentimiento de las tradiciones”, a millones de niñas y adolescentes de más de 30 países de África, Asia y Medio Oriente. Se trata de la mutilación genital femenina, que ha sido declarada como una problemática universal.

 

Según una leyenda de Kenia, los hombres de una aldea fueron a la guerra dejando a las mujeres y a los niños solos. Al volver, encontraron a algunas mujeres embarazadas o con nuevos hijos de otros hombres que habían visitado la aldea, y para que eso no volviese a suceder les mutilaron sus genitales. Sea un mito o una justificación, lo cierto es que esta ablación, mortal en muchos casos, es una forma más de control de los hombres hacia el placer y el cuerpo de las mujeres.

 

La Organización Mundial de la Salud estima que al menos 200 millones de niñas y mujeres de todo el mundo fueron sometidas a algún tipo de mutilación genital. Las estimaciones del organismo están basadas en los datos más recientes sobre prevalencia, e indican que 91,5 millones de mujeres y niñas mayores de 9 años en África padecen actualmente las consecuencias de la mutilación genital. “Se estima que en África tres millones de niñas corren el riesgo de ser sometidas a la mutilación genital femenina cada año”, indican.

 

La mutilación o ablación genital femenina es un procedimiento que se realiza a una mujer o a una niña con el objeto de alterar o lesionar sus órganos genitales sin que existan razones médicas que lo justifiquen. Casi siempre implica la extirpación parcial o total de los genitales externos.

 

“La mutilación constituye una violación de los derechos humanos fundamentales de las niñas y las mujeres”, remarca la Unicef, que advierte que aunque se han registrado notables progresos hacia la eliminación de esta práctica, es necesario redoblar los esfuerzos y actuar con rapidez si el mundo aspira a ponerle fin.

 

 

Tres millones de niñas en África corren riesgo de ser sometidas a la MGF cada año.

 

 

Según un informe de 2019, realizado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa), las múltiples causas que circundan la mutilación —higiénicas, estéticas, sanitarias, socioeconómicas— remiten “a una profunda desigualdad de género que lleva a las mujeres a carecer de acceso a la educación y de contención social para insertarse en el sistema laboral, y las convierte en dependientes”.

 

La mutilación genital femenina (MGF) aumenta los riesgos de hemorragias e inflamación de los tejidos genitales, genera infecciones como el tétanos, problemas urinarios, estado de shock seguido de muerte, aumenta el riesgo de complicaciones de parto y de mortalidad neonatal y sobre todo, trastornos psicológicos.

 

El informe de Unfpa indica que a pesar de que África es el principal continente donde se sostiene esta práctica, también se realiza en países como Indonesia, India, Irak o Pakistán, y en algunas comunidades indígenas latinoamericanas de Colombia, Perú y Ecuador, así como en poblaciones migrantes de América del Norte, Oceanía y Europa.

 

Unicef, que en 2007 puso en marcha un programa contra la MGF, considera que en los últimos 30 años se registraron notables progresos hacia su eliminación, “en comparación con sus madres y sus abuelas, las niñas de numerosos países actualmente corren un riesgo mucho menor de sufrir esta mutilación”.

 

Sin embargo —advierte—, el progreso no es universal ni suficientemente rápido. “En algunos países, esta práctica sigue siendo tan común hoy como hace tres décadas. Más del 90% de las mujeres y las niñas de Guinea y Somalia son sometidas a alguna forma de mutilación o ablación genital”.

 

Y sentencia: “Si aspiramos a eliminar esta práctica para 2030, los progresos para ponerle fin deben ser al menos 10 veces más rápidos”.

 

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