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"Comparado con la realidad, 'El Marginal', es como Disney"

Compositor de un personaje inolvidable como Mario Borges en la serie carcelaria, el actor cuenta cómo llegó a convertirse en un ícono de la tumba televisiva y recuerda sus inicios en épocas de dictadura.

Por Astrid Moreno García
| 01 de septiembre de 2020
El actor dice que busca componer personaje sin caer en los lugares comunes.

Un abuelo que amaba a su nieto, un “tipo súper agradable” con quien sentarse a compartir un asado, pero que lleva como fiel amiga un arma calibre 45 en la cintura. Así describe Claudio Rissi al ladrón de diamantes y capo del mundo carcelario que utilizó como inspiración para crear al icónico Mario Borges de “El Marginal”.

 

Proveniente de una familia obrera, Rissi fue un oficial tornero mecánico que se quitó el ambo, se alejó de las máquinas y construyó un puente que lo llevó directo a los escenarios porteños. A los 64 años atravesó desde la dictadura militar como actor de teatro y las presiones para ingresar a la televisión, hasta una actualidad de nuevas generaciones que buscan la trascendencia y ser famosos. Sin embargo, para Claudio solo se trata de jugar como niños.

 

“No he ganado tanto dinero como para tener una espalda que me sustente”, confesó a Cooltura en referencia a la pandemia que le impide trabajar. Además, adelantó que tiene planeado un proyecto teatral con su compañero y hermano de la ficción Nicolás Furtado.

 

 

—¿Cuándo te diste cuenta de que querías ser actor?

 

—A los 10 años empecé a escribir teatro sin haber visto ninguna obra, era como una fantasía que tenía de lo que era. Me subí al escenario en el colegio, al principio no me dejaban porque me portaba muy mal, pero cuando me dejaron no quise bajarme más. Me gustó seguir jugando a eso, me parecía que era como llevar lo que yo hacía en mi casa a otro espacio, que es lo que sigo considerando hoy. Como actor, juego como un niño. Vengo de una familia trabajadora, de obreros, soy oficial tornero mecánico, no soy técnico, sino un obrero especializado, y trabajé de eso hasta los 18 años. Recién a los 17 empecé a estudiar teatro en River porque no tenía apoyo familiar para ser actor. Me hice socio del club solo porque mi hermana me dijo que ahí enseñaban teatro. Después entré al conservatorio y empecé a hacer teatro independiente, en el 77.

 

 

 

 

—¿Cómo fue ser actor durante la dictadura militar?

 

—Era bastante complejo porque además recuerdo que actué en mi primer espectáculo con compañeros del Conservatorio y un profesor. Hicimos una creación colectiva, era un delirio total, todo ocurría dentro de un baño y lo estrenamos en el Teatro Payró en el 77. La última escena era la tortura de la higiene, eran unos padres muy raros, militarizados, que torturaban a sus hijos con la higiene, los hacían bañar con agua hirviendo y cepillarse los dientes hasta que les sangraran las encías. Era todo una especie de metáfora de lo que ocurría a 30 metros de donde nosotros hacíamos la función. El teatro estaba en las Galerías Pacífico, donde se supone que hubo también un centro clandestino de tortura y detención.

 

 

—¿De ahí pasaste a la televisión?

 

—Fue bastante duro. Era muy complejo entrar, existía el mito de que cuando empezabas, si te confundías, no te volvían a llamar nunca más y eso generaba mucho estrés. Era difícil conseguir trabajo. Cada tanto hacía un trabajito de tres parlamentos a lo sumo, esas líneas eran de un peso tremendo porque era como una súper responsabilidad, tenía muchas expectativas, pero también le tenía miedo a mis propias expectativas.

 

 

—¿Y querías ser famoso por entonces?

 

—Hay mucha gente que quiere hacer televisión, pero más que por actuar, por la trascendencia. Es cierto que la televisión lo que hace es magnificar, pero los actores se hacen en el teatro, no en la televisión. Mi

 

elección fue a los 10 años, no existía esto de los medios de la manera en que se manifiestan hoy, no existía lo mediático, las redes, los celulares... En mi casa no había teléfono porque había uno por cuadra. Así que no era mi intención, no lo consideraba, no estaba en mí el tema de la fama. Yo solo quiero actuar, jugar, expresar y contar historias. Es lo que más placer me da. Si eso es reconocido por la gente mucho mejor.

 

 

—¿Qué género te gusta más?

 

—No hay una predilección, me llevo muy bien con lo que hago y va naciendo. Hay películas que he hecho, como “La novia del desierto”, con las que he viajado por el mundo, donde el registro es absolutamente otro. Incluso aquel primer espectáculo que hice tenía que ver con el humor, estoy muy vinculado a la comedia desde siempre.

 

 

—¿Hacer reír es más difícil que hacer llorar?

 

—No creo... las dos cosas tienen una dificultad muy grande, no es tan fácil hacer emocionar a una persona hasta las lágrimas. La gente tiene la lágrima más reprimida que la risa. A mí me gusta mucho la comedia, que la gente se ría. De hecho mi personaje en “El Marginal” es un tipo que tiene mucho humor y la gente se divierte con las pavadas que dice. Es un señor durísimo y es un villano, pero tiene mucho humor.

 

 

—¿Fue un desafío hacer a Mario Borges y no caer en el cliché del preso?

 

—Cuando estaba en la Comedia de la provincia de Buenos Aires, una de las salidas era ir a distintas cárceles a ofrecerle a los internos espectáculos. Por eso creo que lo que hacemos con “El Marginal” es una ficción, que después haya vinculaciones con la realidad, sí, por supuesto, pero creo que es mucho peor. “El Marginal” es Disney al lado de la realidad, que es bastante más cruel en todos los ámbitos. Lo que pasa es que como el programa realmente trascendió las fronteras, pareciera que es como un reflejo de lo que pasa y no. La realidad es inspiradora para después hacer un hecho artístico.

 

 

 

 

—Te inspiraste en un abuelo que robaba diamantes...

 

—Esa es una parte, los actores tomamos prestado algo y para eso ponemos nuestro cuerpo, psiquis, nuestra alma y la imaginación, después lo transformás y lo combinás a tu manera. Vi a una persona que era un tipo muy agradable, porque compartí un asado con él, un hombre que se desvivía por su nieto, pero tenía una pistola calibre 45 en la cintura. Después me enteré de que había estado en cana muchos años, que era traficante de diamantes y un señor muy respetado dentro del mundillo delincuencial. Eso me sirvió, pero también tomé otras personas que van nutriendo mi imaginario.

 

 

—¿Cómo es el proceso de creación?

 

—El autor escribe sobre un papel una obra literaria y luego eso se transforma en acción cuando intervenimos los actores, ese es el intercambio: el autor propone una cosa y el actor adapta eso y le suma lo que trae. Por eso hay tantos "Hamlets" como autores lo interpretan. En cambio, Shakespeare hay uno solo. Mi personaje es un delincuente que no quiere estar en la cárcel, entonces yo no me puse a componer un interno, sino un delincuente que está preso con intenciones de salir. Por ello, dentro de la cárcel se maneja del mismo modo que estaba afuera: sigue siendo un delincuente con mucho poder y autoridad. Tiene momentos muy emocionales también.

 

 

—¿Fue difícil incorporar el lenguaje carcelario?

 

—Yo no tengo demasiado de eso, el que más lo utiliza y que se ha puesto a estudiarlo mucho fue Nicolás. Yo vengo de un barrio, Boedo, que es muy porteño y tengo mucha memoria de cosas que a mí me divertían, utilizo muletillas que usaba en la escuela primaria, lenguaje con el que nos comunicábamos cuando éramos chicos y escuchábamos de nuestros mayores. Eso hoy resuena de manera distinta y en ese momento no era gracioso, ahora sí.

 

 

 

En "El Marginal" y en "El Puntero", Rissi realizó papeles muy diferentes, con algunos puntos en contacto.  el más notorio, ambas series ganaron el martín fierro de oro. 

 


—En “El Puntero” hiciste de un comisario corrupto. ¿Cómo se siente estar de “los dos lados de la ley”? 

 

—Los dos estaban del otro lado de la ley. Son dos delincuentes, dos personalidades distintas, pero que en algún lugar se tocan, van al margen de la ley siempre, imponen por la fuerza y por el temor. Ahora estoy mirando muchas series americanas donde se toca muchísimo el tema de la corrupción en todos los ámbitos, en jueces, abogados, fiscales, policías y empresarios. La corrupción no es privativa de la Argentina en absoluto, creo que es algo inherente al ser humano: para que haya un corrupto tiene que haber un corruptor y esos son los valores que hoy reinan en el planeta.

 

 

—En la película animada “Martín Fierro” que se hizo en San Luis le pusiste la voz al Sargento Cruz ¿qué se siente representar algo tan instalado culturalmente?

 

—No hay presión por ese tema, sino por hacer el trabajo lo mejor posible, hay una tonalidad y hay que encontrar un espíritu común en todos los intérpretes. No tiene que ver con lo grande o pequeña que sea la historia, no importa si es el Martín Fierro, San Martín o cualquier otra cosa; el tema, en mi caso por lo menos, pasa por un estudio, una elaboración de lo que se tiene que interpretar, qué es lo que voy contar, y después la forma va naciendo a partir de toda la información que uno va cargando y transformando. La presión está en hacer mejores trabajos.

 

 

 

 

 

—¿Hay una posible vuelta al teatro?

 

—Tengo mucho deseo de volver, tenemos una obra ahí con Nicolás Furtado que vamos a ver si la hacemos de una vez por todas. Hay que ver ahora cuándo se podrá y cuándo se dará el tiempo por nuestras agendas, porque a Nico por suerte le está yendo muy bien en el exterior y tiene mucha proyección. Además tenemos que hacer “El Marginal”, que tendría que estar rodándose, pero todavía no sabemos cuándo la vamos a poder filmar. Son cinco meses de rodaje, probablemente hagamos las temporadas cuatro y cinco juntas.

 

 

—¿Cómo llevás la cuarentena?

 

—Estoy desde marzo en el Chaco, en Resistencia, en la casa de mi pareja. Habíamos ido a presentar la película “La sombra del gallo”, a Concordia, donde fue el lanzamiento nacional, y me vine por cuatro días a verla. Me volvía para Buenos Aires y me agarró la cuarentena, así que estoy acá con cuatro remeras, dos pantalones, tres calzoncillos y tres pares de medias.

 

 

—¿Conocés San Luis?

 

—Fui a pasar el 31 de diciembre a la casa de la familia de un amigo médico, en un lugar estupendo frente a un dique pasando El Trapiche. Es linda la provincia, tiene autopistas maravillosas. Estuve en la ciudad varias veces porque he ido a hacer teatro y además he ido a filmar ahí. La conocí de muy chico y me resultaba una ciudad muy pequeña cuando fui, hace más de 50 años. Ahora está muy cambiada y hermosa. El gobernador es alguien a quien respeto muchísimo, he estado con él en reuniones cuando había proyecciones de reiniciar las actividades cinematográficas y de producción en San Luis. Nos hace falta también generar fuentes de trabajo allá y acá. Es un lugar óptimo, porque no tiene demasiadas lluvias, entonces se pueden firmar en exteriores con más comodidad. Los climas hacen mucho a la producción.

 

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