13°SAN LUIS - Domingo 20 de Septiembre de 2020

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Buscando a Pasolini entre bandas de garage

El director cinematográfico Raúl Perrone volvió a sorprender con "Corsario", su nueva película en blanco y negro.

Por Miguel Garro
| 14 de septiembre de 2020

Como sucede con los artistas destinados a trascender aun en la incomprensión, la espléndida obra cinematográfica de Raúl Perrone está cruzada y compuesta por una serie de elementos en común: el uso del blanco y negro como definición estética; la profundización sino con personajes con temáticas juveniles; la enmarcación de esas historias irregulares en un conurbano bonaerense no siempre amable con el lenguaje del cine comercial; y la permanente interrelación con otras artes.

 

"Corsario", su nueva película, está presentada en su afiche promocional —el término debe ser usado siempre y cuando a Perrone le interese la promoción de sus películas— como "Un poema de Raúl Perrone", con lo que se suma un nuevo interrogante: ¿Hace películas el director o son obras que cuya definición requeriría la invención benévola de un nuevo término para definirlas?

 

A lo largo de toda su carrera —consistente en más de 45 películas—, si hay algo que dejó en claro el cineasta de Ituzaingó es su gusto por el rock y la influencia decisiva que sobre él ejerció Pier Paolo Pasolini, quien, a diferencia del argentino, tenía muy claro en definirse como escritor, poeta y director de cine.

 

En la película que hace pocos días se estrenó en Cine.Ar —se puede ver previo abono de 30 pesos—, Perrone ya no demuestra implícitamente su admiración por el italiano, sino que lo convierte en  Protagonista. Una escena cuyo paso desapercibido resulta imposible tiene como audio el sonido ambiente del bar romano donde el director de "El Decamerón" iba a tomar su café todas las mañanas. ¿Cómo hizo Perrone para conseguirlo? Le pidió a una alumna de su taller de cine que viajaba a Roma que lo grabe con su celular. Todos los recursos utilizados en el cine.

 

La película muestra a un director de cine que busca, con su infatigable asistente, protagonistas para su próxima obra. Deben ser jóvenes y el método del casting es la lectura de un poema de Dylan Thomas. Cuando la búsqueda llega a Ituzaingó, el barrio de Perrone, aparece Pasolini y pareciera que conociera a los chicos del barrio desde hace años, en un juego temporal y espacial que Perrone resuelve con mano genial.

 

En ese viaje hay puntos de contacto con Leonardo Favio, con Caravaggio, con Paul Verlaine, con Horacio Quiroga, con Edouard Manet y con alguna banda de garage todavía desconocida (posible-
mente eternamente desconocida) que ensaya en alguna casa de la zona. 

 

Como no podía ser de otra manera, el director mantiene intacto el espíritu independiente que signó toda su carrera y que se adhiere a la formación de su estilo. Cuando la idea de filmar con celulares generaba el rechazo de la industria cinematográfica, Perrone —para quien los dictados de la industria tienen el peso de una pluma liviana— lo hacía por financiamiento y por vocación.

 

Para "Corsario", el director volvió a desafiar los parámetros del cine y de su propia salud mental al usar una cámara estenopeica —sin foto ni lente—, lo que le hizo imposible tener registro real de las imágenes que iba tomando. No obstante consiguió una nueva obra que destruye lo que él mismo construyó y que dialoga con el resto de su atrofiada cinematografía, en especial con "P3ND-3JO5" y "Ragazzi", donde una vez más Pasolini hace de las suyas en una imaginación llena de pibes del conurbano y de Córdoba que posiblemente nunca hayan visto una película del director bolognés. A las de Perrone las vieron a todas.

 

 

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