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Produce hortalizas para vivir y flores como legado familiar

La pandemia obligó al agricultor a dejar un tiempo de lado la producción de flores secas. Metido de lleno en la de hortalizas, aprendió cosas nuevas y comercializa en el pueblo.

Por María José Rodríguez
| 28 de noviembre de 2021
De sol a sol. Mario, Rodolfo y Mauro se encargan de realizar todas las tareas. Fotos: Martín Gómez/Rodolfo Rueda

La pandemia de COVID-19 hizo que muchos productores de diferentes sectores se enfocaran en rediseñar su trabajo. A Rodolfo Rueda, de Nogolí, quien estaba centrado en la producción de flores secas, un legado familiar que continúa, lo obligó a reorientar la distribución de las cuatro hectáreas en las que trabaja para dedicarse a cultivar hortalizas. “Mi vida gira alrededor de la agricultura, es un mundo del que aprendí mucho”, asegura mientras observa el terreno, que se caracteriza por unas prolijas líneas marrones, desde las que apenas se asoman algunos brotes verdes y otros más altos y coloridos.

 

“Hacemos frutas y verduras según cada estación. En invierno cultivamos espinaca, repollo, rúcula y rabanito. Y el Ministerio de Producción, a través del Plan de Activación Frutihortícola, también nos dio semillas de cebolla. Durante la segunda entrega recibimos plantines de tomate, pimiento, berenjena, choclo, zapallo y lechuga, entre otras especies de hoja. Además recibimos frutales. En estos días tuvimos la primera cosecha de lechugas y zapallitos”, explicó con orgullo y recalcó que sin la ayuda del gobierno provincial le hubiera sido difícil salir adelante, ya que “veníamos de un momento malo, no contábamos con capital y este aporte nos vino de diez. También vienen técnicos y gente del INTA. Muy completo el asesoramiento”.

 

 

Rueda primero vende la producción en el pueblo y lo que va quedando lo lleva a las pequeñas verdulerías de la ciudad de San Luis.

 

 

Ya desde la calle se observa que en el predio en el que trabaja Rueda está todo ordenado y prolijo. “Con un tractorcito hacemos los surcos, nos aseguramos de que estén lo más prolijos posible para que nos sea rentable y nos permita llevar un control exhaustivo de todo, además de aprovechar al máximo los espacios. Tenemos un motocultor y hacemos riego por surco”, agrega, mientras señala los cultivos.

 

Rueda primero vende la producción en el pueblo y después arma bolsones o distribuye en pequeñas verdulerías de la ciudad. Además, se sumó a un grupo de productores unidos y es parte de la Asociación El Cauquén, con la que realiza ventas individuales y también intercambia cultivos con la Asociación La Crisálida, de Luján.

 

Dentro del mismo predio en el que trabaja y alquila desde hace 12 años reside junto a su familia, conformada por su esposa Johana y sus dos hijos. "Vivimos de esto y queremos mejorar y superarnos. Hace 12 años que nos mudamos a San Luis; venimos de Mendoza. Allá tuvimos una experiencia muy linda, estábamos rodeados de chacras de producción de hortalizas, de árboles de olivos y viñedos. Aprendí mucho. Justamente allá estábamos más enfocados en las flores secas; ahora acá solo dedicamos una hectárea”, contó. En aquel entonces, el terreno solo tenía monte y piedra. Rueda dijo que era imposible trabajar el suelo, pero con ayuda de una máquina empezaron a despejar, nivelar y acondicionar el predio para cultivarlo.

 

 “Nunca me sentí tan cómodo como ahora. En Mendoza conocí métodos de trabajo intenso. La tecnificación es muy importante para la producción a gran escala. Mi padre se dedicaba a las flores secas desde hace aproximadamente veinte años, pero el trabajo disminuyó debido a la pandemia y a la situación económica que vivimos en el país desde hace unos años, y por eso yo decidí dedicarme a la horticultura; había que diversificar”, explicó.

 

 

El suelo de Nogolí es muy sano y el agua es muy buena. Para producir no necesitamos aplicar agroquímicos, basta con el guano de animales (Rodolfo Rueda)

Junto con Rueda trabajan Mario Tapia y Mauro Gordillo, dos personas fijas que realizan tareas como la cosecha, la siembra, la colocación de plantines, la poda y el armado de los bolsones.

 

En cuanto a la nutrición del suelo, el productor asegura que utilizan solo orgánicos, como el estiércol de los animales: “La salud de este campo es muy buena. No hace falta ningún tipo de agroquímico”, afirmó Rueda y contó que “tanto la producción hortícola como la de flores secas son un llamado para las abejas, que colaboran en el proceso de polinización”.

 

“La ayuda que nos brindaron a través del Plan de Activación Frutihortícola fue muy importante. El trabajo constante que hacemos desde hace ocho años fue lo que nos permitió ampliar la producción para recibir también los frutales. Queremos mantener la escala actual, producir todo el año y tener continuidad. No queremos cortar esta cadena para poder mantener los precios y tener un mejor manejo de toda la producción”, concluyó.

 

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