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Acuaponia: una simbiosis de peces, plantas y bacterias

Son tres elementos indispensables para lograr un sistema productivo que involucra la cría de truchas y el cultivo de hortalizas, frutas y aromáticas con la ayuda de las heterótrofas.

Por María José Rodríguez
| 23 de mayo de 2021
Los plantines no tienen suelo, ni tierra, se colocan entre las piedras y el agua sube y baja por bombeo.

El mundo se encamina cada vez más rápido a producir alimentos a partir de sistemas productivos orgánicos o agroecológicos, que no es lo mismo. No es una moda, sino una tendencia que llegó para quedarse. San Luis está atenta a las innovaciones, por eso el Ministerio de Producción trabaja y experimenta desde hace un tiempo con el proyecto Acuaponia, que “en pocas palabras se puede decir que es una metodología de trabajo que está basada en tres pilares fundamentales: una simbiosis entre peces, plantas y  bacterias”, indicó Pablo Pensotti, jefe de Subprograma Autoconsumo Frutihortícola, Concientización y Capacitación.

 

 

Las heterótrofas son bacterias que pueden reproducirse de a millones  en pocas horas, hay que limpiarlas del estanque.

 

 

El funcionario explicó que el proyecto se desarrolla desde febrero en los viveros del dique Cruz de Piedra. “El sistema de producción de Acuaponia es natural y está compuesto por tres sectores bien definidos: el primero es el de la cría de truchas, aunque se puede trabajar con otras especies como la tilapia, que es una de las más usadas. Acá pusimos los peces en un estanque de mil litros”, explicó Pensotti, y siguió: “El segundo sector es el de las camas de cultivo, en las que sobre una base de piedras colocamos plantines, cultivados en el predio destinado a la producción agroecológica; y el tercero es el estanque en el que están las bacterias”.

 

Se trata de un sistema de producción cerrado, en el que también se desarrollan conceptos de la agroecología, en el que hay una simbiosis entre peces plantas y bacterias, es decir que cada uno cumple un rol diferenciado y entre ellos se benefician, sin obstaculizar la función del otro.

 

“A las truchas les damos de comer un alimento orgánico y lo que ellas defecan sirve de abono para nutrir a las plantas que están en las camas de cultivo. Estos desechos viajan hacia las plantas a través del agua que transita por unos tubos. Las plantas con sus raíces cumplen un rol de 'biofiltro'. Es decir que el agua que ingresa en el estanque nutre a las plantas, pero el agua no se queda en las camas sino que a través de un sistema de desagote sigue el trayecto hacia un estanque de recuperación donde están alojadas las bacterias que terminan de purificar el agua que bajó de las plantas y de ese estanque a través de una bomba vuelve a subir hacia las truchas, es decir que se reutiliza”, especificó Pensotti y añadió que los nitratos son reutilizados por las plantas como nutrientes, esto hace posible que el agua retorne al subsistema de acuicultura.

 

 

 

En el estanque experimental tienen aproximadamente mil litros de agua que se reutiliza. “La comunidad bacteriana se forma en unos veinte días, y las tapitas, que no son para dar color, sirven para alojar a las bacterias, mantienen el agua clara y sin olor”, explicó el funcionario provincial.

 

Es muy interesante observar el proceso de recambio del agua que sale del tanque, llena de a poco el recipiente que contiene las piedras, el nivel sube hasta mojar las raíces de los cultivos que están sobre las piedras, llega a cierta altura y permanece por un ratito, el suficiente para nutrir de minerales a las plantas, y vuelve a salir. “Este mecanismo funciona a través de sifones. Es un circuito que produce oxigenación en  las raíces, las nutre y se va. Es circulatorio, no para nunca. Si no hubiera una recirculación, las plantas no tendrían oxígeno y se pudrirían en un tiempo, por eso tomamos mediciones de pH para comprobar que están bien”, indicó.

 

 

Si hubiera un desequilibrio o alguien interfiriera en el proceso, uno de los elementos debería morir.

Los plantines que crecen sobre las piedras fueron producidos en el vivero. Una vez que logran un desarrollo adecuado se cosechan, es lo mismo que pasa en el suelo. Pensotti aseguró que se puede producir ají, banana, menta, acelga, ciboulette, orégano, frutillas, caléndulas, romero, perejil, repollo, albahaca y apio, "que es una hortaliza muy demandante de nutrientes, si no los tuviera ya se hubiera muerto. Uno se va dando cuenta de que está todo bien por la cara de las plantas, es decir que hay buena cantidad de nutrientes, ellas son las que dicen cómo va todo”, aseveró.

 

“Si hubiera un desequilibrio, si algo o alguien interfiriera en el proceso, alguno de los elementos debería morir en la simbiosis, pero vemos que funciona correctamente”, aclaró, y señaló que “lo más importante de destacar es que este tipo de producción es totalmente amigable con el medioambiente, estamos hablando de que reutilizamos un noventa por ciento del agua que trabajamos. El otro diez se pierde en  el proceso natural de evaporación".

 

A través de este sistema productivo, además del autoconsumo de las plantas se producen peces que sirven de alimento sano y rico en nutrientes.

 

 

 

“Aquí no hay productos de síntesis química. La diferencia con el sistema de producción hidropónico es que allí las plantas se cultivan en el agua, acá están colocadas sobre piedras. Las sales que consumen las plantas de la hidroponia se consiguen en una química, ya no hablamos de que es orgánico, porque hay que agregar las sales; en cambio de esta manera el agua se recicla y contiene la materia orgánica que dan los peces”.

 

"¿Por qué elegimos truchas? Porque las encontramos en todos los ríos y son de San Luis, en otras zonas del país trabajan mucho con las tilapias, pero nosotros con truchas", especificó Pensotti.

 

“El Ministerio de Producción trabaja actualmente con estaciones de piscicultura. Estamos planificando un sistema mayor en Río Grande, pero allá será con pejerrey”, adelantó Pensotti sobre las tareas conjuntas con San Luis Agua.

 

“Los mejores indicios de que el sistema funciona son las plantas crecidas que están dando sus frutos; también apreciar a las truchas nadando con la comunidad bacteriana abajo. En la simbiosis, si las bacterias le quitaran oxígeno a las truchas, dejarían de respirar y morirían, pero las estamos viendo nadar”, aseveró, y repitió que desde el punto de vista de la agroecología “logramos la asociación de peces, hortalizas, plantas aromáticas y flores”.

 

 

Educativo y experimental

 

El proyecto puede replicarse en cualquier lugar. “La idea es que quien desee dedicarse a producir venga, vea lo que estamos haciendo, se capacite y comience a producir, aunque sea a pequeña escala y después hasta podría extenderse”, dijo el funcionario, y agregó que son tareas tan simples que las puede hacer una familia en su casa o un productor en un invernadero.

 

“En estas camas que miden un metro cuadrado entran alrededor de 25 plantas de lechuga, algo que en cuarenta días podría estar a la venta. Mientras tanto vuelve a poner en la tierra sus plantines y va escalonando la cosecha, así podría vender su producción todos los meses”, aseguró Pensotti.

 

Para desarrollar el proyecto se necesita primero un estanque de crianza donde van a crecer y alimentarse los peces; bandejas de sedimentación, es decir una unidad que recoja los alimentos no consumidos por los peces, y biofilminas desprendidas para las partículas finas sedimentadas; más un biofiltro, que es un espacio en el que las bacterias de nitrificación pueden crecer y convertir amoníaco en nitratos, que después son usados por las plantas.

 

 

 

Con respecto a las camas de cultivo, “también pueden ser de madera, ya que es un material más económico, se le puede colocar un nailon encima y poner las piedras, y luego el agua, que  es donde van a estar las plantas absorbiendo el exceso de nutrientes del agua y del sumidero, el punto más bajo del sistema donde el agua fluye y es bombeado de regreso a los tanques de crianza”, indicó Pensotti.

 

“Las camas que estamos usando en este proyecto son tres y están hechas de los mismos tachos con los que hicimos el estanque, pero tienen una profundidad de 30 centímetros; aunque con ocho está bien. Lo hacemos así porque ya teníamos este material y no queríamos desperdiciar plásticos. A medida que vayamos avanzando y experimentando, vamos a ir brindando más herramientas económicas para que los sistemas funcionen”, dijo, y agregó que otra ventaja es que no hay tanto peligro de plagas como sí ocurre en el suelo.

 

Pensotti contó que en el sistema acuapónico que armaron en Río Grande se puede implementar el uso de biodigestores. “Está proyectado que con el mismo excremento del pez  se pueda generar energía para que funcione la bomba, entonces todo el sistema funcionaría sin tener gastos de electricidad”, indicó, y añadió que quienes quieran replicar el proyecto y deseen asesoramiento se pueden acercar a conocer el sistema.

 

 

Actualmente en el mercado se pueden conseguir truchas  que pesan entre 300 y 400 gramos, que sirven para poner en un estanque.

 

 

“Nada es casualidad, todo está puesto para cumplir una función, esto es un modulo demostrativo para adquirir conocimiento. Actualmente tenemos veinte truchas de 40 gramos que tienen que crecer, si solamente quisiéramos manejar este espacio podríamos tener cuatro truchas de medio kilo cada una. Con esos 2 kilos podría obtener 16 de hortalizas. Además se puede ir extendiendo la cantidad de camas y agregar más truchas. Nosotros estamos proyectando sumar entre 24 y 30. Por ejemplo, me puedo extender hacia abajo o arriba. Aproximadamente en mil litros pueden poner un total de hasta 2 kilos de peces, dependiendo de los tamaños”, calculó.

 

Pensotti explicó también que estudiar el comportamiento de las bacterias es importante: “Por ejemplo, los heterótrofos se acumulan en el fondo del estanque y por eso hay que limpiarlo constantemente. Hay que recordar que las bacterias se forman en donde hay desechos del pez. Este tipo que mencionamos puede reproducirse a cada rato en millones y millones, y así elaboran amoníaco, que resta oxigeno para las truchas y podrían correr riesgo, entonces son muchas las cosas que hay que tener en cuenta y a las que se deben prestar atención”, dijo, y agregó que es una actividad que puede generar ingresos; que produce paz al escuchar el sonido del agua; y que es natural y amigable con el medioambiente. 

 

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