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Melanie superó la leucemia con la ayuda de todo Quines

En 2004 el pueblo juntó fondos para trasladarla al Hospital Garrahan. Este año se hizo su último control.

Por redacción
| 18 de julio de 2021
Emoción. Melanie fue a su último control en el Hospital Garrahan y aprovechó para dejar retratado el momento. Foto: Gentileza.

La historia de Melanie Oros, quien tiene 19 años y nació en la localidad de Quines, es digna de contar, no tan solo porque se convirtió en una guerrera al superar una leucemia que le fue diagnosticada cuando tenía dos años, sino porque también todo un pueblo se movilizó para que ella pudiera realizar y completar su tratamiento en el Hospital Garrahan de Buenos Aires.

 

La frase que dice "una imagen vale más que mil palabras” es un claro ejemplo de lo que la joven quiso retratar en su última foto que se tomó en la puerta de la institución, ya que después de 17 años finalmente cerró una etapa que sin duda le cambió la vida. Hoy cursa el segundo año de la Licenciatura en Kinesiología en la Universidad Nacional de San Luis (UNSL), pero al estar de receso por las vacaciones de invierno, aprovechó para visitar unos días a su familia y recorrer las calles de su pueblo que la vio crecer.

 

 

 

Del otro lado del teléfono y acompañada por su madre, Blanca Gómez, quien por momentos le recordaba algunos pasajes de su tratamiento, la joven  contó cómo fue el comienzo de su historia. Expresó que todo empezó cuando su médico de cabecera, el doctor Di Franco, observó que algunos valores en su sangre no estaban bien, por lo que les aconsejó a sus papás que fueran a San Luis capital a realizar otros estudios más exhaustivos. “En ese entonces les dijeron que tenía leucemia y me derivaron al Garrahan. Se les vino el mundo abajo, porque no conocían mucho de la enfermedad, pero así y todo tuvieron las fuerzas necesarias para armar los bolsos e irse”, dijo.

 

Ya en Buenos Aires les terminaron de confirmar el diagnóstico y los médicos le explicaron a su papá, José Oros, que sería un largo camino y cuáles eran los pasos a seguir. Un año pasaría por quimioterapia, otro tomaría medicamentos y tendría que hacerse transfusiones de sangre. “Una vez que nos fuimos no pudimos volver más”, se escuchó de fondo que le dijo Blanca a Melanie, quien agregó que su hija en ese momento estaba muy delicada de salud y les aconsejaron no volver a Quines. Fue así que estuvieron un año completo, luego les tocaba regresar cada quince días. A los 6 años de edad su enfermedad estaba controlada.

 

Al momento de irse sus padres no tan solo dejaban sus trabajos, sino que también a sus tres hijos mayores, Marcelino, Viviana y Melisa, que en ese entonces quedaron al cuidado de sus tíos. “Fue todo muy rápido, necesitábamos dinero para los pasajes y comer, por suerte la gente nos ayudó”, dijo la joven. Mientras ellos estaban en Buenos Aires, el resto de la familia se encargó de hacer rifas y peñas solidarias para ayudarlos en lo que podían.

 

Después de casi dos años, al volver a San Luis, empezó el jardín, pero debían extremar los cuidados. “Estaba un poco limitada, ya que no podía correr y jugar porque me podía lastimar, como tampoco estar mucho al sol”, detalló. Contó que su adolescencia no fue muy distinta, porque debía seguir con los mismos cuidados. “Me acostumbré tanto que después me costó cambiar, pero a los 15 empecé a hacer deportes. Probé vóley, fútbol, handball y hasta escalé una palestra”, dijo.

 

Como casi todos los años, en 2019 fue a realizarse sus chequeos, pero nunca imaginó que sería uno de los últimos, ya que cumpliría sus 18 años y no la podrían atender en el hospital de pediatría.

 

“Al ver mi cara de tristeza, mi médica oncóloga me dijo que lo podíamos postergar un año más, para que me acostumbrara a la idea, pero resultó ser que se estiró un poco más, porque en 2020 no pude viajar por la pandemia y recién este año logré ir”, afirmó Melanie, quien resaltó que por un lado estaba feliz, por el hecho de que no tendría que hacer tantos kilómetros debido a que era bastante sacrificado y se descomponía, pero que también le generaba un poco de angustia, ya que prácticamente se crió en la institución médica.

 

 

Es parte del proceso decir lo que nos pasa y hay que permitirse estar triste, pero no hay que dejar que te hunda.

“Tengo muchos recuerdos, algunos lindos y otros no tanto. A pesar de que yo era una niña, los médicos siempre supieron acompañarnos y explicarnos todo de la mejor manera. Ahora solo tengo que hacerme los controles normales, como cualquier persona”, comentó la joven. Para atravesar su enfermedad a los 14 años sintió la necesidad de recurrir a un psicólogo para comprender mejor todo lo sucedido. 

 

Remarcó que su familia fue un pilar fundamental para vencer la enfermedad. “Mis hermanos fueron unos luchadores, porque a pesar de ser chicos supieron entender lo que pasaba y aguantaron hasta que volvimos. Nunca tuvieron resentimiento y siempre me sorprendieron. Tienen un corazón muy fuerte”, dijo emocionada. También recordó la vez que su mamá le mostró cuatro hojas de tamaño oficio que contenían todos los nombres de las personas que colaboraron al momento de juntar fondos. “Estaban completas de los dos lados, a algunos no los ubicaba y me decían quiénes eran. Estoy muy orgullosa de mi pueblo”, dijo.

 

Sobre qué le diría a las personas que atraviesan un momento complicado de salud, Melanie precisó que aprendió a buscarle el lado positivo a las cosas. “Siempre me acuerdo de la cantidad de personas que conocí y me ayudaron, como por ejemplo una señora a la que yo le decía abuela sin tener ningún parentesco. Se llamaba Hortensia, estuvo presente desde el primer día y hasta fue a la Virgen de Catamarca e hizo una promesa, falleció hace dos años”, contó la puntana, quien agregó que ante todo hay que luchar.

 

“Hay que aferrarse a los seres queridos y respetar lo que sentimos. En muchas ocasiones te dicen que hay que ponerle onda, pero también es parte del proceso decir lo que le pasa a uno y hay que permitirse estar triste, pero hasta un cierto punto, no hay que dejar que te hunda”, concluyó.

 

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