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El festival del chiste

Humor, teatro y, sobre todo, música conforman la ensalada de un grupo que tiene por objetivo romper las estructuras.

Por redacción
| 16 de agosto de 2022
A mi espectador ideal. Julián Kartún abarca todas las miradas al frente de una banda que mezcla humor y música, y que tiene en el carisma de su cantante su arma letal. Foto: Nicolás Varvara.

Quienes se preocupan por encasillar o definir al arte tienen un problema a la hora de intentar hacerlo con El Kuelgue. No solo porque la banda transita con comodidad por diversos géneros musicales (rock, pop, cumbia, funk, disco, bossa y reggae), sino porque la inclusión de elementos teatrales y humorísticos conforman un híbrido destinado a descolocar y desarmar las estructuras.

 

Eso mismo —aunque un poco mesurado respecto a los inicios de la banda— fue lo que se vio el domingo a la noche en Comuna, donde el grupo de Julián Kartún se presentó en formato full banda, con diez integrantes, entre quienes la sesión de vientos mostró el diferencial cada vez que le tocó participar.

 

Luego de una primera media hora con los temas más tranquilos del grupo, la llegada de "Dame", la canción de Alejandro Lerner que popularizó Luis Miguel, empezó a delinear lo que sería el resto del concierto: un menjunje de diálogos delirantes, bailes simiescos y puesta teatral.

 

La ensalada que revuelve la cuchara de El Kuelgue está condimentada en su mayoría por la personalidad de Kartún, un frontman de perfomance particular que puede hacer dos voces en la misma canción, decenas en la misma noche y que tiene el suficiente carisma (producto, otra vez, de su veta actoral) como para manejar a su antojo a la banda y al público.

 

En sus intervenciones con el tecladista Santiago Martínez se encontraron los momentos más jugosos y humorísticos del show, con conversaciones sobre la realidad nacional y otros temas de actualidad que El Kuelgue se encarga de manifestar a su estilo. Un ejemplo fue la última canción de la noche, la delirante "Cristo es Marquitos Di Palma", en donde —al galope de un ritmo sabrosón que terminó con una retirada homenaje a Charly García y su "Funky"— pidieron por la separación de la Iglesia y el Estado.

 

 Si hubo un artista que influenció de manera decisiva en el perfil de la banda fue Alfredo Casero, sobre todo en la intención de combinar la música con el humor. Como en los discos de la Halibour Fiberglass Sereneiders —la banda que el humorista lideró durante años—, las métricas forzadas en la melodía evidenciaron que el decir se impone y que la risa es el objetivo final. Es en el aspecto ideológico donde Julián y compañía toman distancia del creador de "Cha cha cha".

 

En el tobogán de ritmos que mostró El Kuelgue en su recital puntano, la tranquilidad de "Roma" —una dolida canción de amor— se mezcla con el humor veraniego de "El paraíso de los perros", mientras el público eligió corear con fervor composiciones más difundidas como "Parque acuático", "Bossa & people", "En avenidas" y "Góndola". Pero fue en el momento de "Chiste", uno de los temas más movidos de la noche, cuando las cabezas y los brazos se revolearon con más fuerza y la primera media hora de baladas quedó como un recuerdo y como la demostración de los distintos estados donde puede llegar la banda.

 

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