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Comedores: una lucha titánica y solitaria ante una crisis enorme

Aseguran que Todos los días "es pelearla a capa y espada". Afirman que el cese de la colaboración del gobierno provincial los coloca en una situación muy precaria.

Por Guadalupe Isaguirre
| 21 de enero de 2024
Agravamiento. Señalan que la demanda en los comedores de la capital puntana se duplicó en las últimas semanas. Fotos: Inés Cobarrubia/ Héctor Portela.

Los comedores siempre fueron un alivio para las familias que no cuentan con recursos para poder comer o están en situación de calle. En la ciudad de San Luis hay varios que resisten por amor y por sacrificio ante la crítica situación económica que atraviesan el país y la provincia. En diálogo con El Diario de la República, algunos de sus encargados contaron que logran entregar más de 200 viandas. La mayoría lo hace una vez por semana y hasta distribuyen meriendas elaboradas con recursos propios, ya que la mayoría quedó sin ayudas del gobierno puntano. 

 

La Ollita Viajera es un grupo de personas que se unieron en la pandemia para hacer tareas solidarias. En ese entonces, y a causa de la restricción para circular, cocinaban en sus casas y luego salían a repartir las viandas. Actualmente continúan con sus tareas, pero con la diferencia de que comedores de barrios, merenderos o simplemente gente que quiere ayudar los llaman para que cocinen y hagan un acto de caridad que es tan necesario para muchas familias.

 

“Ellos nos dan un listado de la cantidad de gente y nosotros cocinamos en base a eso. Hasta el año pasado teníamos cuatro comedores, uno en Villa Mercedes, en Merlo, en Zanjitas y otro acá en la ciudad, pero debido a la situación económica y a la falta de apoyo hoy en día tuvimos que quedarnos solamente con San Luis”, afirmó con desilusión Fernando Rodríguez, quien integra este grupo solidario.

 

En relación a la ayuda, Rodríguez contó que del Estado recibían alimentos secos como, por ejemplo, fideos, arroz, entre otros artículos. Mientras que ellos se encargaban de conseguir la carne y el pollo.

 

Antes entregaban alrededor de 250 y 300 platos de comida en cada lugar que visitaban, pero ahora hacen alrededor de 300 solo los sábados. Rodríguez destacó que aumentó la cantidad de gente que necesita alimentos debido al agravamiento de la situación económica y dijo ahora es aún más difícil para ellos ayudar a todas las familias.

 

“Ahora estuve yendo mucho al barrio República, y más o menos uno tiene estipulado la cantidad de gente que va a ir y demás. Increíble, el doble de gente se ha acercado y con mucha preocupación, aparte. La gente tiene mucho temor con el tema del cierre de los comedores. Un litro de leche vale mil pesos y la mayoría de las familias ahí tienen cinco chicos, con lo cual es imposible costear”, explicó.

 

Por último, Rodríguez contó que reciben donaciones a través de sus redes sociales como La Ollita Viajera. Quien desee colaborar debe contactarse con el grupo y luego ellos pasan a buscar las donaciones por los domicilios.

 

La realidad de cada familia que asiste a los comedores es cada vez más preocupante. En el merendero Rayito de Sol, ubicado en el barrio República, es un problema que se  vive día a día. Durante cinco años, han brindado comida y asistencia a muchas familias. Recibieron ayuda del gobierno provincial el año pasado, pero se les quitó después del cambio de gestión. Actualmente, se mantienen de pie gracias a la colaboración de los vecinos, con un grupo de más de doce mujeres que son el corazón del comedor y  las encargadas de organizar distintos eventos para recaudar fondos. También buscan alternativas para generar ingresos adicionales.

 

 

A pulmón. Hoy logran mantenerse solo con los aportes de los vecinos.

 

“Recién el año pasado fuimos agregadas para recibir ayuda del Gobierno. A pesar de eso, no lográbamos cubrir la demanda que teníamos; era una ayuda. De acuerdo al mes y la fecha, recibimos hasta más de cien familias acá. Algunos vienen con tuppers y ollas”, explicó Graciela Merenda, o "Kitita" como la conocen los vecinos.

 

El espacio funciona los viernes y los martes como merendero. Para graficar la demanda por las comidas que elabora Rayito de Sol, contó que el miércoles cocinaron 47 kilos de fideos. También destacó que son una contención para las familias de la zona. “Acá no fomentamos la vagancia. Hacemos el acompañamiento y la asistencia para las familias, para que este sea un ambiente para ellos. Les damos la porción o tal vez un poquito más para que se sientan en familia, coman tranquilos y así fomentar la unión”, dijo.

 

El Diario visitó Rayito de Sol, un espacio que es todo un reflejo de un lugar que se reinventa para poder subsistir y ayudar así a quienes más lo necesitan. Tienen una huerta comunitaria, un salón que es utilizado para brindar clases de apoyo escolar, charlas, biblioteca y, a su vez, poseen un sector en el que guardan la mercadería para cocinar. Cada semana, la elaboración de las viandas es todo un desafío que depende del presupuesto con el que cuenta “Kitita” y las más de doce mujeres que la acompañan. Es un grupo amable, solidario y caritativo que trabaja sin interrupción.

 

Para una merienda, por ejemplo, las mujeres utilizan 25 kilos de harina, doce cajas de leche y 45 litros de mate cocido; y para freír (donas o torta fritas) utilizan seis botes de aceite. En estos días, las mujeres cambiaron el cronograma de viandas y meriendas porque realizaron el festejo por los Reyes Magos. Regalaron más de trescientos juguetes y elaboraron la merienda con donas, leche y mate cocido. “Esto es todo para nosotros, amamos nuestro comedor, es nuestra casa. Acá no tenemos ninguna marca política: ayudamos a las familias”, aseguró “Kitita”.

 

Quienes quieran colaborar con el comedor con alimentos no perecederos, ropa, útiles escolares y demás deben comunicarse al 2664620415.

 

Entre la desilusión y la tristeza por tener que cerrar a causa de la quita de subsidios y la situación económica, Rosalba Lucero contó que  tenía un comedor en el barrio 9 de Julio junto a su hermana. El  espacio funcionaba dos veces a la semana y en el merendero atendían a más de cien personas.

 

“Les dábamos contención a varios chicos de distintos barrios como el 1º de Mayo, República, entre otros. Actualmente, nos quedamos solo con la entrega de meriendas; las chicas van casa por casa a entregar. La cena la sacamos porque el bolsillo no nos da”, dijo.

 

Por otro lado, lamentó haber dejado de ayudar a la gente y espera que el gobierno provincial reabra los comedores que cerraron porque son una ayuda muy importante dentro de la sociedad.

 

“Nos da mucha pena. Lamentablemente, no podemos seguir. O sea, supuestamente ya no nos pueden ayudar. Mi hermana atendía a 300 personas y tuvo que cerrar en diciembre. Hay gente que nos pregunta cómo pueden hacer para comer o para abrir el comedor, pero es imposible”, concluyó Lucero con tristeza.

 

Redacción 

 

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