La memoria no cabe en una cartelera: reflexiones del golpe en nuestras escuelas
El Gobierno provincial sacó del calendario escolar el acto por el Día de la Memoria. Imposible el recuerdo de una fecha dolorosa con esa actitud. Por Paulina Calderón.
Como docentes y como ciudadanas, abrimos el Calendario Escolar 2026 de San Luis y sentimos un frío que congela. Al leer el Decreto N° 22477-ME-2025, notamos con dolor que el 24 de marzo, el día que marca la herida más abierta y salvaje de nuestra historia reciente, ha sido despojado de su carácter de ACTO ESCOLAR.
A medio siglo del horror, se nos propone que la memoria sea algo que "sucede" puertas adentro del aula, entre cartulinas y proyecciones, sin la solemnidad de nuestras banderas de ceremonia ni el eco de nuestro Himno Nacional.
La memoria no es un contenido más del programa; es el suelo donde pisamos. Los actos escolares son parates necesarios en la cotidianeidad para reflexionar éticamente sobre los valores que nos permiten vivir juntos/as.
Al quitarle el estatus de acto, se le quita ese momento de pausa colectiva y compromiso. Se vuelve algo "tibio", una efeméride cualquiera, justo cuando los discursos que hablan de una "historia completa", la “teoría de los dos demonios” o, hasta incluso, “el curro de los Derechos Humanos”, intentan relativizar lo que fue un plan sistemático de exterminio.
El golpe de Estado duró siete años, entre el 24 de marzo de 1976 y el 10 de diciembre de 1983, dicho período histórico ha sido judicial y políticamente reconocido por el Estado argentino como un proceso caracterizado por graves violaciones a los derechos humanos, incluyendo desapariciones forzadas, torturas, asesinatos, apropiación de niños y niñas, persecución política, censura, exilio forzado y destrucción del entramado social, hechos tipificados como crímenes de lesa humanidad, imprescriptibles conforme el derecho internacional.
Desde el retorno democrático en 1983, la República Argentina ha construido una política pública sostenida, basada en los principios de Memoria, Verdad y Justicia, que se consolidaron en base al informe de la CONADEP, el Juicio a las Juntas, la reapertura de procesos judiciales por delitos de lesa humanidad y la jerarquización constitucional de los tratados internacionales de derechos humanos, incorporados en el artículo 75 inciso 22 de la Constitución Nacional.
El 24 de marzo recordamos a las víctimas del terrorismo de Estado para decir, una vez más, que Nunca Más permitiremos que un gobierno ejerza la violencia contra su propio pueblo.
En San Luis, un halo de preocupación tiñe esta conmemoración, ¿se trata de un “olvido” administrativo o acaso existe una voluntad censora que se vale de la burocracia para silenciar un pasado que no se quiere condenar? No hay justificación para invisibilizar a nuestras víctimas locales, jóvenes puntanos/as que fueron desaparecidos/as y asesinados/as. Su recuerdo forma parte de nuestra identidad y no puede quedar reducido a una actividad opcional dentro de un Proyecto Educativo Institucional.
Un silencio que preocupa… Nos preguntamos por qué también se han omitido del calendario fechas tan vitales como el 10 de diciembre (Día Internacional de los Derechos Humanos y en nuestro país Día de la Restauración de la Democracia) o el 25 de noviembre (Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer). ¿Qué mensaje estamos enviando a las nuevas generaciones si vaciamos la escuela de estos hitos de lucha y dignidad?
La Historia debe ser nuestra bandera contra la barbarie. Hoy, más que nunca, al cumplirse cincuenta años del Golpe de Estado de 1976, debemos fortalecer acciones pedagógicas, simbólicas e institucionales destinadas a preservar la memoria histórica y consolidar el consenso democrático construido por la sociedad argentina bajo el principio del Nunca Más. Necesitamos que nuestros/as estudiantes aprendan a mirar la realidad sin máscaras, que se sientan herederos/as de nuestras tragedias para que puedan ser dueños de su futuro.
A 50 años del golpe, pedimos a las autoridades que reconsideren esta decisión y a las y los docentes, colegas, les solicitamos encarecidamente que trasciendan la letra administrativa, se comprometan con una formación crítica y reflexiva y garanticen que el 24 de marzo sea un Acto Escolar central, con nuestras banderas en alto, porque la democracia no se defiende con silencios ni carteleras olvidadas en un pasillo, sino con memoria activa y compromiso institucional.
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