El calvario de perversión de una joven obligada a hacer tríos con su madre y su padrastro
Los abusos comenzaron cuando la víctima tenía 14 años. Producto de eso, tuvo un hijo, que el hombre adoptó como ahijado de bautismo. Los psicólogos dijeron que la chica naturalizó de tal modo el sometimiento, que consideró al acusado como su pareja. Los condenaron a 20 años.
Los indescriptibles hechos que debió soportar una chica desde los 12 hasta los 19 años llegaron a su final jurídico con una condena de 20 años de prisión para su madre y su padrastro. No obstante, las secuelas psíquicas de la joven permanecerán por mucho tiempo debido a las increíbles condiciones a las que fue sometida.
Las palabras del representante de la víctima en el juicio pueden funcionar como elemento descriptivo muy concreto. Roberto Domínguez dijo que su representada fue víctima de un “calvario de perversión” por parte de los imputados.
La chica no solo fue violada sistemáticamente por el hombre con el consentimiento de mujer, sino que además tuvo un hijo producto de los abusos, que el imputado escondió como “ahijado de bautismo” para no despertar sospechas entre vecinos y familiares. La joven, además, era obligada a participar en tríos sexuales con su madre y su padrastro y según la pericia psiquiátrica que le hicieron consideraba que acceder a los pedidos de la imputada era un acto de “amor y lealtad”.
Como si no fuera suficiente lo que le hicieron, la joven tuvo que escuchar que en sus declaraciones indagatorias, los imputados ventilaran detalles no solo falaces sino también denigrantes hacia su persona. La mujer, por caso, dijo que su hija le confesó que estaba enamorada de su padrastro y que el bebé nacido era producto de ese amor. Esa fue la razón por la que, dijo, no radicó la denuncia.
Además, señaló que con el imputado tenía una relación social “no amorosa” y que desconocía la relación que había entre su hija y el acusado.
Pero lo más indignante llegó cuando declaró el violador, quien primero dijo que fue engañado en cuanto a la edad de la chica, quien le habría dicho que tenía 18 años, y para completarla señaló que la víctima lo provocaba con insinuaciones sexuales constantes. “Hasta que me doblegó”.
Según el informe de la Junta Interdisciplinaria —conformada por una doctora en psicología y un médico psiquiatra—, la víctima naturalizó el sometimiento y llegó a considerar al acusado como su propia pareja.
El fiscal de juicio, Eduardo Rodríguez, le pidió al Tribunal que no valorara la declaración de los acusados y que lo más adecuado era tener en consideración la palabra de la víctima.
En contrapartida, las palabras del abogado Guillermo Levingston, defensor del acusado, sonaron como lo más inexplicable de un juicio inexplicable: dijo que la víctima “tiene una mente retorcida e inventó todo”.
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