13°SAN LUIS - Jueves 25 de Junio de 2026

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La disuelta Secretaría de Medio Ambiente está esparcida ahora en 35 direcciones

Es más grande que antes de que fuera borrada del organigrama. Se repartió entre dos ministerios que se quedaron con parte del fabuloso presupuesto y que llamaron a mismos funcionarios echados. La secretaría de Comunicación en la misma situación.

Por redacción
| Hace 14 horas

Cuando en el gobernador Claudio Poggi anunció la reducción del gasto estatal y la disolución de varios organismos de la estructura oficial, lo hizo con el gesto del administrador que ante una crisis muy seria saca su capa, su espada, su escudo y se pone a luchar contra el gigante. La caricatura del primer mandatario duró un mes y medio y ahora, tras los anuncios de espuma, el organigrama volvió al gasto de siempre.

 

 

El ejemplo más claro, por ser donde se iban a realizar los mayores recortes, es el de la desaparecida Secretaría de Medio Ambiente, un reducto más oscuro que verde, donde todo olió a podrido, y donde la corrupción ganó una batalla silenciosa. El primer paso fue la eyección de la jefatura del radical Federico Cacace, en duelo de poco caballeros con su correligionario Juan José Alvarez Pinto, notorio ganador de una pulseada donde Poggi actuó como un Arévalo sin parcialidad.

 

 

A las pocas semanas de la renuncia obligada de Cacace, subió al estrado de la Secretaría con más humo que un incedio forestal el también radical Néstor Berro. Pero duró lo que un suspiro de quince días, el tiempo que el gobernador tardó en disolver el organismo y dejar al flamante jefe sin cargo y sin gloria. Los recursos que se gastaron en su acto de asunción quedaron en la cuenta crecida del Estado.

 

 

Pero el hecho de que no haya secretaría de Medio Ambiente no quiere decir que el Gobierno deje librado al azar una política tan sensible como esa. Las narices siempre despiertas cuando se trata de dinero de Federico Trombotto, ministro de Desarrollo Productivo, olieron el formidable presupuesto que se maneja en el área y jugaron sus cartas para quedarse con todo el aparato ambiental. También hizo un esbozo por quedarse con esa parte de la torta el ministro de Hacienda Néstor Ordoñez, quien de tan timorato como es a la hora de largar un aumento para los empleados públicos no se animó a ir a fondo y tuvo que ver cómo su barbado colega se quedaba con todo. O casi todo.

 

 

Porque el gobernador Poggi se guardó una carta para castigar con más fiereza al sector del radicalismo provincial que osó de poner en cuestión su intención reeleccionista, tirada al fuego de la política local con alarmante nivel de improvisación en la apertura de las sesiones legislativas. El mensaje enviado a Federico Cacace, y elípticamente a su hermano Alejandro, hacedor del ajuste más formidable de la historia nacional, fue claro: la parte del león ambiental que no le correspondía a Trombotto iba a parar bajo la órbita del ministerio de Turismo, dirigido sin ningún tipo de rumbo por Alvarez Pinto, que ahora tiene espalda para mirar con suficiencia a sus correligionarios rebeldes que buscan pelearle la conducción de la UCR.

 

 

Esa división de lo que era la secretaría de Medio ambiente para que quede en poder de dos ministros concluyó necesariamente en el agrandamiento de la estructura, a tal punto que ahora la Dirección General de Ambiente –tal es la denominación del ente- que está bajo la órbita de Desarrollo Sustentable cuenta con 29 oficinas divididas en subdirecciones, direcciones y áreas. En tanto que a Dirección de Parques y Sitios Culturales, dirigida por Turismo y Cultura, suma otras 16 funciones.

 

 

 

Es así que la estructura gubernamental sumará 35 funcionarios, más sus respectivos asesores, con sueldos, es cierto, un tanto menores a los que ganaban sus antecesores, pero con todo el gasto que representa el funcionamiento de un área gubernamental.

 

 

Hay otro punto que suma a la dudosa intencionalidad que tuvo la decisión gubernamental de sacar de plano a la secretaría de Medio Ambiente. Con excepción de un par de nombres, la gran mayoría de los funcionarios a los que les pidieron la renuncia hace un mes ahora fueron llamados nuevamente para ocupar los cargos que dejaron.

 

 

El filtro fue, una vez más, la escandalosa Convención del radicalismo en donde Alvarez Pinto volvió con sus acostumbradas trampillas y condicionó la continuidad en el gobierno de sus correligionarios siempre y cuando lo apoyaran en sus intentonas reeleccionistas. Que el reglamento dijera otra cosa son detalles que el intendente merlino se encargará de borrar con el codo apenas tenga la oportunidad.

 

 

La visión alvarezpintoresca del manejo de la administración es una especie de pedido a sus compañeros rojos y blancos para ver de qué lado de la mecha se encuentran, pese a que la Justicia ahora investigue la reunión partidaria. Tiene el ministro un buen espejo en el que mirarse.

 

 

Cada vez es más evidente que la pretendida reducción de gastos estatales del gobernador Poggi no fue más que una limpieza de los funcionarios que no obedecían ciegamente a sus requisitos ideológicos, una actitud que le valió la ruptura con Adolfo Rodríguez Saá y “Todos unidos”, uno de los aliados que llevaron a Poggi a la primera magistratura provincial en 2023.

 

 

Lo mismo sucedió con el anuncio de cierre de la Secretaría de Comunicación, a cargo de Diego Masci, un periodista con severos errores gramaticales que se pasea por las escuelas con un libro sobre Malvinas hecho por los empleados de la Agencia de noticias. Parece ser ese el mayor mérito de una política comunicacional con más agua y más frío del que rodea las argentinas islas del Atlántico Sur.

 

 

Tras la disolución del organismo que presidía Masci su función en el Gobierno no está del todo clara y parece reducida a digitar, desde las sombras, tal su costumbre, una campaña de difusión oficial que no duda en destrozar por medios oficiales o adictos a la gestión a cualquier dirigente que piense distinto. La jueza Cynthia Fernández Paz es su víctima más reciente.

 

 

Parece poco para el sueldo que recibe Masci mes a mes, con una cifra que hace horrorosa contradicción a la política de aminorar los gastos que tiene el Estado provincial.

 

 

 

 

 

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