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Historias de "héroes" que dejan todo para rescatar animales

Por redacción
| 15 de mayo de 2016
Compañeros incondicionales. Elsa acompañada de cuatro de sus diez mascotas adoptadas.

Dedican su tiempo a otros y no piden nada cambio. No reciben un “gracias” sino una fidelidad eterna. Lo hacen de manera anónima y no obtienen dinero de terceros o del Estado. Usan sus propios medios. Ellos son proteccionistas independientes de animales. Con distintos estilos de vida, Elsa Palma, Esteban Gil, Jacqueline Alis Le Barillier y Adriana Correa, tienen un punto en común: rescatar a las mascotas, adoptar a aquellos que nadie quiere o buscarles un nuevo hogar. Aseguran que es fundamental la educación para que cada vez haya menos animales callejeros y sin dueños. A pesar de que es una tarea difícil y les demanda mucho tiempo, sostienen que no pueden dejar de hacerlo. Porque el amor, es más fuerte.

 


Elsa Palma se levanta todos los días a las cinco de la madrugada, prende la luz de la cocina, porque aún está oscuro. Separa la comida que preparó la noche anterior en diez platos distintos y sale al patio. Ansiosos, felices y listos la esperan más de diez perros. Después de alimentarlos y acariciarlos, vuelve a la casa, lava los tapper y a las ocho sale a trabajar, cuida a un anciano, que es su única fuente de ingreso. Ella los lleva a su casa, los cura y se queda con ellos si no les encuentra un nuevo hogar. "Rocky" fue el último que salvó. Él duerme al lado de su cama y todas las noches se acerca antes de dormir para recibir una cálida caricia. “Me salvan la vida”, expresó emocionada. Aseguró que muchas veces piensa en dejar de hacerlo porque siente impotencia al no poder ayudarlos a todos.

 


“Lo que hago no es fácil ni agradable. Muchas veces se te muere un perro o discutís con gente. Hay noches  que termino llorando porque no pude ayudar a un animal. La mayoría de los perros que tengo son discapacitados, ciegos o les falta una oreja. Siempre fueron los que la gente no quiere y desprecia”, contó Elsa.

 


Para hacer su labor diaria, no recibe donaciones de otras personas o agrupaciones. Incluso tiene abierta una cuenta corriente en una veterinaria y todos los meses, cuando recibe su sueldo, va a saldar parte de la deuda. Aunque reconoció que en los últimos casos, mucha gente se comunicó con ella para ayudarla. Sólo les pide que se acerquen y paguen los gastos de la internación de los animales. Ella también costea los alimentos o medicamentos. “He pensado en que gasto mucho pero no puedo dejar de hacerlo”, confesó quien  logró rescatar, por orden judicial, a una

 

En recuperación .Jaqueline halló a Bartolo herido en la calle.

pitbull que estaba lastimada y desnutrida porque la usaban para peleas. A través de una medida que dictaminó  el juez Marcelo Bustamante Marone, fue entregada en guardia a otra persona.

 


Su meta en cinco años es tener un gran espacio para rescatar muchos animales. “A la noche lloro porque no tengo lugar en mi casa para tenerlos. Me hace falta un lugar. Todos los días me digo que no levanto un perro más. Pero si no los salvo, se mueren”, expresó angustiada.

 


Elsa, como tantos otros, ama a los animales y dedica la mayoría de las horas del día en ayudarlos. Uno de ellos es Esteban Gil que da charlas en las escuelas para concientizar a niños y adolescentes sobre la importancia de la tenencia responsable. “Este año empezamos con las charlas, me lo propuso una profesora muy comprometida con el tema, Erika Dautorio. Te preguntan si es verdad que existen razas más peligrosas que otras, cuánto tiempo tienen de embarazo las perras y gatas y te cuentan historias de sus mascotas”, mencionó.

 


Pero Esteban no solamente juega con los canes sino que además, trabaja con ellos. Junto a otros compañeros, pertenece a un grupo de búsqueda y rescate de personas con animales, “K9 Lihue Eluney”. Una brigada de perros que existe en todo el mundo y puede estar integrado por policías, bomberos o civiles. En San Luis tienen personería jurídica y ayudan a buscar víctimas en cualquier catástrofe. “Empecé hace cinco años, sin que nadie supiera ya le daba de comer y curaba en la calle a algunos perros y todo tipo de animales que veía desprotegidos. Mi señora siempre fue muy 'perrera' como yo. Tengo  tres trabajos distintos pero igual todos los días dedico muchas horas a cuidarlos y curarlos. Siempre arranco a la siesta y termino cerca de las ocho de la noche. Así todos los días”, dijo.

 


Al igual que Elsa, saca de su bolsillo para afrontar los gastos de internación, curación y alimentación de los animales. Lo hace todo a pulmón. Pero no es un freno para dejar de hacerlo.

 


Jacqueline Alis Le Barillier es otra proteccionista puntana que  considera que la concientización en las escuelas es primordial para disminuir los casos de mascotas vulneradas y que es necesaria una ley provincial de tenencia responsable. “Empecé hace más de cuatro años en una asociación, pero después me di cuenta que había que hacer algo más. Hasta hoy no he podido, por medios y tiempo, dedicarme a lo que realmente siento que a la larga va a servir: ingresar en las escuelas”, afirmó.

 

Trabajo en equipo. Esteban y Barón integran la brigada k9.

Durante el diálogo con El Diario, Jacqueline estuvo acompañada por Bartolo, un bóxer que encontró atropellado y tenía la pata derecha quebrada. Mientras ella hablaba, el delgado animal trataba de caminar como podía y olfatear a quienes pasaban por su lado. “Me dedico a perros atropellados y en situaciones límites. No levanto a animales que tienen un poco de sarna o necesitan alimento porque eso lo puede contener un vecino. Me llevo a los que necesitan atención personalizada, porque salen del veterinario y necesitan control permanente en una casa. Calculo que en tres años he rescatado alrededor de 700”, sostuvo.

 


Para pagar los estudios, placas, electrocardiogramas, análisis de laboratorio o ecografías, realiza rifas con su fundación "San Francisco". Para trasladar a los heridos de un lado al otro de la ciudad tiene una camioneta castigada por el tiempo. No anda muy bien, pero aseguró que aún le sirve.

 


A diferencia de otros protectores, Jacqueline prefiere no tener su casa llena de animales. “Soy de la idea que cada hogar tiene que tener un número limitado. No te sirve a vos ni al animal porque ninguno tiene una buena calidad de vida. El amor no pasa por acumular sino por rescatar y reubicar. Es más, creo que el día que se me mueran mis perras, no voy a adoptar más sino tener solamente mascotas de tránsito”, contó con un nudo en la garganta de sólo pensarlo.

 


Para ella, al igual que el resto de los amantes de los animales, ese sentimiento de ayudarlos es más fuerte que cualquier impedimento económico o de tiempo. Su sueño es tener un centro terapéutico en donde puedan practicar zooterapia.

 


Adriana Correa vive en Estancia Grande y tiene la ilusión de que algún alma caritativa done un terreno para “El Arka Refugio”. De la mano de este grupo de proteccionistas entró al mundo del rescate de animales. Pero se considera solamente una voluntaria. “Hago lo que puedo, saco dinero de mi bolsillo para pagar los medicamentos y el alimento. Paso horas buscándoles un hogar. No es fácil porque la gente no quiere a los ‘feitos’, sino a los cachorritos lindos que ven publicados en las redes sociales”, contó.

 


Para ella, todos pueden ser voluntarios, sólo falta compromiso de la gente. “No alcanza con subir una foto, compartirla y esperar que alguien haga algo. Además, también falta educación, aprender a ser responsable como dueño de una mascota”, sostuvo y agregó: “Hay que denunciar los casos de maltrato, hay que ir a la comisaría. Muchas veces no te prestan atención pero hay que insistir. Si uno empieza a hacerlo, más se van a sumar”, aseveró.

 




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