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Irreverencias sobre los amores correspondidos

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Irreverencias sobre los amores correspondidos

Faltaba media hora para que se terminara el 25 de mayo y Onda vaga tocó "Ir al baile", una canción que despoja de sentimientos patrios a la bandera y su importancia escolar para adentrar al protagonista en otros intereses, menos protocolares, si se quiere.
Esa pretendida irreverencia es uno de los costados más salientes del grupo que en el feriado de mitad de semana tocó por tercera vez en la provincia y por tercera vez en Panacea. Otro es su eficaz acercamiento al público, al que tratan como a un similar.
Sin disco nuevo que presentar, el quinteto de barbudos recopiló las dulces canciones de sus tres discos en un repaso que sobrevoló lo más comprobado de su catálogo y muy pocos riesgos. Curiosamente, el mayor porcentaje en ese recorrido se lo llevó su primer disco, "Fuerte y caliente"; luego hicieron varios del segundo, "Espíritu salvaje" y solo tres del úlitmo, "Magma elemental", dos de ellos guardados para el final.
No debería ir en desmedro de la calidad compositiva de la banda el hecho concreto de que uno de sus mejores temas sea "Como que no", una belleza de dos minutos del uruguayo Gustavo "El Príncipe" Pena que el grupo grabó en el primer disco y nunca dejó de tocar.
El amor adolescente, las historias de esquina, las angustias treinteañeras, la maternidad de la naturaleza, algunas ciudades visitadas y el uso de drogas en comunidad son algunos de los temas que "Onda vaga" explora y explota para elevar una posición que los tiene como los últimos guitarreros alrededor de un fogón de madrugada en mitad del otoño.
Por los dos temas que estrenaron en el recital de San Luis es probable que el próximo disco -que está en lento proceso de grabación- mantenga esa temática y deje para los ritmos una pizca de innovación.
Al parecer es una variante del flamenco el camino que tomarán los muchachos para su próximo disco. El primer tema que estrenaron bien se puede llamar "En el barrio" y el segundo "Quedate luna", ambas bien recibidas por un estusiasta público puntano, en su mayoría compuesto por chicas entre la secundaria y los primeros pasos universitarios.
En una de esas interpretaciones la banda utilizó -como pocas otra veces en el resto de la noche- una sesión de tres instrumentos de viento, lo que puede marcar un indicio sobre el futuro.
Hace un par de años, "Onda vaga" dejó de ser un grupo de cinco integrantes que alternaban los instrumentos (una práctica que sigue vigente y que demuestra la ductilidad) para convertirse en una banda hecha y derecha que tiene -por detrás de la primera línea- a un bajista de excelente nivel, un percusionista que los acompaña desde los inicios y un trompetista que termina de cerrar el particular sonido del conjunto.
El bajista Jano Seitún -cabeza de la Alvy Singer big band- y Faca Flores en la batería de pie (ambos integrantes de "Nacho y los caracoles", una de las bandas paralelas del conjunto) se advierten como el sostén rítmico que lustra otra singularidad del conjunto: el perfecto emsable de cinco voces, inusual para una banda joven en el país. 
El escenario en un recital de Onda vaga es un constante ir y venir de instrumentos -hay guitarras, panderetas, maracas, trombón a vara, cuatro, cajón peruano, trompetas, toc toc- y de instrumentistas que no sólo se alternan la posición en los micrófonos sino también en la ejecución. 

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Irreverencias sobre los amores correspondidos

Cantale a la luna y al sol. "Onda Vaga", fuertes y calientes por tercera vez en Panacea.

Faltaba media hora para que se terminara el 25 de mayo y Onda vaga tocó "Ir al baile", una canción que despoja de sentimientos patrios a la bandera y su importancia escolar para adentrar al protagonista en otros intereses, menos protocolares, si se quiere.
Esa pretendida irreverencia es uno de los costados más salientes del grupo que en el feriado de mitad de semana tocó por tercera vez en la provincia y por tercera vez en Panacea. Otro es su eficaz acercamiento al público, al que tratan como a un similar.
Sin disco nuevo que presentar, el quinteto de barbudos recopiló las dulces canciones de sus tres discos en un repaso que sobrevoló lo más comprobado de su catálogo y muy pocos riesgos. Curiosamente, el mayor porcentaje en ese recorrido se lo llevó su primer disco, "Fuerte y caliente"; luego hicieron varios del segundo, "Espíritu salvaje" y solo tres del úlitmo, "Magma elemental", dos de ellos guardados para el final.
No debería ir en desmedro de la calidad compositiva de la banda el hecho concreto de que uno de sus mejores temas sea "Como que no", una belleza de dos minutos del uruguayo Gustavo "El Príncipe" Pena que el grupo grabó en el primer disco y nunca dejó de tocar.
El amor adolescente, las historias de esquina, las angustias treinteañeras, la maternidad de la naturaleza, algunas ciudades visitadas y el uso de drogas en comunidad son algunos de los temas que "Onda vaga" explora y explota para elevar una posición que los tiene como los últimos guitarreros alrededor de un fogón de madrugada en mitad del otoño.
Por los dos temas que estrenaron en el recital de San Luis es probable que el próximo disco -que está en lento proceso de grabación- mantenga esa temática y deje para los ritmos una pizca de innovación.
Al parecer es una variante del flamenco el camino que tomarán los muchachos para su próximo disco. El primer tema que estrenaron bien se puede llamar "En el barrio" y el segundo "Quedate luna", ambas bien recibidas por un estusiasta público puntano, en su mayoría compuesto por chicas entre la secundaria y los primeros pasos universitarios.
En una de esas interpretaciones la banda utilizó -como pocas otra veces en el resto de la noche- una sesión de tres instrumentos de viento, lo que puede marcar un indicio sobre el futuro.
Hace un par de años, "Onda vaga" dejó de ser un grupo de cinco integrantes que alternaban los instrumentos (una práctica que sigue vigente y que demuestra la ductilidad) para convertirse en una banda hecha y derecha que tiene -por detrás de la primera línea- a un bajista de excelente nivel, un percusionista que los acompaña desde los inicios y un trompetista que termina de cerrar el particular sonido del conjunto.
El bajista Jano Seitún -cabeza de la Alvy Singer big band- y Faca Flores en la batería de pie (ambos integrantes de "Nacho y los caracoles", una de las bandas paralelas del conjunto) se advierten como el sostén rítmico que lustra otra singularidad del conjunto: el perfecto emsable de cinco voces, inusual para una banda joven en el país. 
El escenario en un recital de Onda vaga es un constante ir y venir de instrumentos -hay guitarras, panderetas, maracas, trombón a vara, cuatro, cajón peruano, trompetas, toc toc- y de instrumentistas que no sólo se alternan la posición en los micrófonos sino también en la ejecución. 

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