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“No sé escribir sin hacer chistes”

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“No sé escribir sin hacer chistes”

Natalia Olguín

Hace dos años que dejó la escritura aunque eso no le pesa: aseguró que disfruta mucho de interpretar sus textos y adaptarlos con todo el cuerpo. Hoy se divide entre la radio, el teatro, la revista Orsai y tres espectáculos en los que une la literatura con la música.

A mil. Así pareciera que vive Hernán Casciari. Y es que cuando habla lo hace con rapidez, certeza, sin vueltas, con la respiración acelerada. La char - la transcurre en un hotel céntrico de Villa Mercedes y con esa prisa mira la carta, elige el menú, abre su tónica y repasa su vida y sus tra - bajos. Más adelante afirmará que es bastante impulsivo y que “hace cosas sin pensar”. Lo bueno es que le salen bien.

Hace dos años que no se sienta a pensar un cuento, una novela, nada. El último trabajo que salió a la venta en junio, “Papelitos”, es un libro basado en un viejo tex - to que sirve de guía a grandes y chicos para entender un poco los tiempos turbulentos que se viven. A diferencia de sus otros libros, es ilustrado, y fue Gustavo Sala el que se encargó de animarlo.

“Es un cuento largo que escribí para una revista Orsai de la primera temporada. Aún vivía en Barcelona y mi hija, que tenía 9 años, me pre - guntó qué era la crisis mundial. Yo no tenía la menor idea y me puse a investigar. Se lo conté en forma de fábula, me gustó mucho cómo lo fue entendiendo. El cuento se publicó en varios idiomas pero nunca había hecho un libro de ello. Le pedí a Gustavo, que es un excelente dibujante, que se fuera por otro lado, que no repitiera lo que estaba contando porque lo mío era más bien una fábula clásica donde la innovación está en lo que se está contando: la crisis económica. Él le puso mucho humor y quedó un libro realmente muy lindo”, contó.

El dejar de escribir lo llevó a sumergirse en el mundo del teatro, de los espectáculos en vivo en directo con su público, incluso con los menos aficionados a leer pero sí a escuchar sus obras. “La gente que me pedía firmas cuando yo era un escritor era gente que leía. Y la que me pide firmas ahora es la que escucha. Es otra. Bah, es la misma pero son muchos más a los que les sorprende que les esté gustando la literatura”, apreció.

 

 

Este año ha llegado a los auditorios con tres espectáculos en los que reproduce sus textos y los fusiona con la música de tres grandes artistas. Uno es “Nostalgias” junto a Cucuza, otro es “Comedias” con Fabiana Cantilo y el tercero, “Tragedias” con Zambayonny. Con el cantante de la barba y la guitarra recorrerá Latinoamérica erlo solo. Los camarines son más divertidos cuando hay más gente”, sostuvo.

El tridente de músicos que lo acompaña en sus proyectos son los que ocupan las playlist diarias de Casciari. “Es lo que escucho así que es una excusa para estar en primera fila”, confesó. Por estos días empieza con Nostalgias, que fusiona algunos cuentos más melancólicos con el tango de Cucuza. “Lo fui a ver y se lo propuse, son cosas muy impulsivas y rápidas que hago; tampoco estoy mucho pensando, hago cosas sin pensar. Con él vamos a llegar por Mendoza, Montevideo y Santiago de Chile”, indicó.

En agenda también tiene previsto hacer algo con Kevin Johansen. Aunque no han podido coordinar una fecha todavía tiene la seguridad de que en algún momento trabajará con él. “Sabemos que vamos a hacerlo. Cuando algo me gusta trato de hacerlo, me ha pasado con actores o gente que admiro o me interesa. Lo que trato es de compartir aunque sea un rato”. Cuando la música no lo acompaña, Casciari se dedica a interpretar sus textos con soltura y gracia. Así llena teatros, como el de la Casa de la Cultura de Villa Mercedes, que se colmó la noche del jueves 6 de setiembre con su presentación en la Feria del Libro.

“Tengo la sensación de que estuve 15 años escribiendo para ahora poder interpretar todo esto. Lo que hago en los shows es adaptar los textos. Hasta hace dos años me divertía mucho escribir y ahora me está divirtiendo mucho leer o interpretar lo que leo. Al principio fue como una especie de parche cuando dejé de escribir, como para emparchar esa ausencia de creatividad. Empecé a hacer radio y teatro y me gustó mucho la parte de interpretar los cuentos, es como un acoplado a la literatura”, confesó.

Cuando no los lee en teatros o salas, comenta cuentos en el programa radial Perros de la Calle, con Andy Kusnetzoff, Gabriel Schultz, Nicolas “Cayetano” Cajg y Castelo Araldi Marcos, en la Metro de Buenos Aires. El ámbito radial tiene también algo de tentador para Hernán. “Está bueno porque en los silencios que hacés o en determinados gestos estás adjetivando. Es raro, es como un lenguaje nuevo para mí, que tengo que aprender todo el tiempo y me divierte”, se sinceró.

 

 

Fue en el espacio de la radio donde tuvo que comenzar a editar sus textos y a acortarlos para que fueran más orales. Ese proceso lo recuerda como un primer paso. “Empezar a leer mis cuentos para Pergolini (en Vorterix), antes que Perros (el programa de la Metro), no pensé que me iba a gustar. Se generan matices, inflexiones en la voz. Hacerlos menos literarios en algún momento me ayudó a subirme a un escenario para leerlos. Una vez que me los aprendí de memoria, el cuerpo mismo necesitaba moverse, hacer cosas. Cuando no tenés que estar leyendo y podés mirar al frente porque te lo sabés, porque está internalizado, la cara y el cuerpo empiezan a hacer otras cosas”, manifestó.

Y esa es una de sus grandes gracias: la forma en la que re-cuenta sus relatos, sus episodios, aun aquellos más insólitos, personales y sensibles. En cada presentación repasa, con humor, chispa y desenvolvimiento, las anécdotas pasadas en las que él, su familia, amigos y conocidos protagonizaron escenas por momentos desopilantes y a veces dramáticas.

Un autor olvidado

Casciari escribió las novelas “El pibe que arruinaba las fotos» y «Más respeto que soy tu madre»; los libros de cuentos «España decí alpiste», «El nuevo paraíso de los tontos», «Charlas con mi hemisferio derecho», «Messi es un perro» y «El mejor infarto de mi vida»; más las historietas «Doce cuentos de verano» (junto a Horacio Altuna).

Sus trabajos le valieron el Premio de Novela en la Bienal de Buenos Aires en 1991, el Juan Rulfo en París en 1998 y el galardón de la Deutsche Welle al mejor blog del mundo, otorgado en Berlín en el 2005.

Hasta setiembre del 2010 fue columnista de opinión de los diarios El País (de España) y La Nación.

Su habilidad para escribir la adquirió de pequeño. Y como todo en su vida llegó sin demasiadas vueltas. “Nunca tuve ni siquiera una duda, desde muy chiquito tuve una fascinación con la máquina de escribir. Algo me llamaba, el juguete que más me gustaba era ese. Mi papá entendió o sospechó que era por las letras; yo creo que era algo más mecánico. Sin embargo, mi padre me enseñó a leer y escribir antes de arrancar la primaria. Escribí a máquina antes que a mano. De hecho, no tengo buena letra, no sé cómo agarrar la lapicera. No tengo muchos recuerdos de escribir a mano, incluso las carpetas de primer año eran todas a máquina, no tomaba nota, me acordaba las cosas y después las tipeaba”, recordó.

A los 13 años, por insistencia de su papá, se inició como periodista en el diario de su pueblo natal, Mercedes, en Buenos Aires. Allí redactó crónicas de básquet y cobraba por cada artículo, lo que tenía un sabor diferente y agradable.

 

 

Los primeros párrafos los escribió con la máquina que había en el hogar, una Lexicon 80 con la que su padre, un contador, completaba formularios impositivos. “Era una doble carro y desde entonces siempre traté de tener esa marca, hasta que vinieron las computadoras. Incluso hoy en día tengo una para mirarla cada tanto y saber que está ahí, es como que me alivia”, dijo.

Con el tiempo, los textos fueron migrando del deporte y el periodismo hacia el humor.

“No sé escribir sin chistes, incluso con los dramas tengo que estar metiendo en cada párrafo algo que lo haga descansar al lector o espectador”, señaló. Y esa premisa no es para nada casual. Según confesó “tiene que ver con que, inicialmente, en la primera adolescencia, cuando decidí que iba a ser escritor, noté que a mi papá no le gustaba mucho. Él era un tipo que sólo respondía al humor. Las primeras cosas que escribía trataba de que él se involucrara entonces les metía mucho humor. Y me parece que me quedó de eso. Mi primer lector siempre quise que sea mi papá y no era un lector muy cómodo o fácil. Trataba de atraparlo desde ese lugar”, expresó.

Más adelante escribiría un relato en homenaje a ese ser paterno, después que falleciera. Una pieza por demás conmovedora y recomendable.

Actualmente, Hernán continúa con uno de sus proyectos más preciados: la revista Orsai. En enero del 2011 editó la primera y ya lleva 20 números. Actualmente va por el cuarto de la segunda temporada.

Precisamente la revista es lo que lo mantiene leyendo y en busca de cosas inéditas. “Si bien publicamos textos de escritores muy célebres, al mismo tiempo tratamos de encontrar escritores nuevos. Estoy con un cuento que me pasó mi socio, es de un chico de 25 años, que no lo conoce nadie, un texto de 10 mil palabras. Me dijo ‘leelo porque te morís’. Cuesta encontrar esos escritores que vos decís ‘esto va ser un descubrimiento nuestro.

Y este chico va a ser un monstruo de acá a veinte años. Ni siquiera tiene página de Facebook, es del campo y parece que escribiera hace décadas. Esa gente siempre está en talleres, los que dictan las clases son los que te dicen que tienen un potencial. Y a esos hay que seguirlos. Estamos muy atentos a eso”, contó.

Si bien las editoriales atraviesan un panorama complicado con los altibajos económicos y la devaluación argentina en los últimos meses, Orsai sigue surfeando entre los productos más destacados del suelo nacional y de buena parte de Latinoamérica.

“Puede ser que un país esté más desbalanceado que otro pero siempre hay uno que te salva. Lo que no deberíamos hacer-o lo más recomendable- es no circunscribirnos a una sola región. Por suerte el castellano es muy amplio, tenemos 400 millones de personas que hablan el mismo idioma. Con Orsai no tenemos un mercado regional, no la hacemos sólo para Argentina, imprimimos en Buenos Aires pero también en Lima, Barcelona y Montevideo”, contó.

El proyecto no recibe subsidios y se mantiene a pulmón de los editores y suscriptores, por eso es muy alabado cuando cruza la frontera. Entre los últimos días de agosto y los primeros de setiembre Casciari visitó Costa Rica y hasta allá llegó con el producto. Fue muy bien recibido. “Siempre hay muy buena recepción a Orsai, me preguntan mucho sobre el proyecto autogestionado, les interesa saber cómo hacer un medio sin publicidad sin subsidios que sea rentable”, contó. El jueves 18 comenzó la preventa del flamante número de la revista que en la portada posee un retrato del poeta Fernando Noy, realizado por Marcos López.

Tras volver de su gira por el país caribeño, Hernán recorrió Santiago de Chile, luego desembarcó en Villa Mercedes, viajó a Madrid y Barcelona para retornar a Buenos Aires, su hogar desde hace dos años. Radicarse en la Capital, después de haber vivido por años en Barcelona, fue una decisión que tomó después de un infarto que sufrió en Montevideo, en diciembre del 2015, y que inmortalizó en uno de sus cuentos.

Ya en territorio nacional, aprovechó para opinar sobre el rumbo adoptado por el gobierno nacional que ha desencadenado una crisis socioeconómica muy palpable. “Está la derecha. No hago una lectura porque es evidente que lo que está pasando es porque están ellos. A veces pienso por qué se sorprenden si es lo que hacen siempre”, sentenció.

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“No sé escribir sin hacer chistes”

Hace dos años que dejó la escritura aunque eso no le pesa: aseguró que disfruta mucho de interpretar sus textos y adaptarlos con todo el cuerpo. Hoy se divide entre la radio, el teatro, la revista Orsai y tres espectáculos en los que une la literatura con la música.

Foto: Chiche Herrera

A mil. Así pareciera que vive Hernán Casciari. Y es que cuando habla lo hace con rapidez, certeza, sin vueltas, con la respiración acelerada. La char - la transcurre en un hotel céntrico de Villa Mercedes y con esa prisa mira la carta, elige el menú, abre su tónica y repasa su vida y sus tra - bajos. Más adelante afirmará que es bastante impulsivo y que “hace cosas sin pensar”. Lo bueno es que le salen bien.

Hace dos años que no se sienta a pensar un cuento, una novela, nada. El último trabajo que salió a la venta en junio, “Papelitos”, es un libro basado en un viejo tex - to que sirve de guía a grandes y chicos para entender un poco los tiempos turbulentos que se viven. A diferencia de sus otros libros, es ilustrado, y fue Gustavo Sala el que se encargó de animarlo.

“Es un cuento largo que escribí para una revista Orsai de la primera temporada. Aún vivía en Barcelona y mi hija, que tenía 9 años, me pre - guntó qué era la crisis mundial. Yo no tenía la menor idea y me puse a investigar. Se lo conté en forma de fábula, me gustó mucho cómo lo fue entendiendo. El cuento se publicó en varios idiomas pero nunca había hecho un libro de ello. Le pedí a Gustavo, que es un excelente dibujante, que se fuera por otro lado, que no repitiera lo que estaba contando porque lo mío era más bien una fábula clásica donde la innovación está en lo que se está contando: la crisis económica. Él le puso mucho humor y quedó un libro realmente muy lindo”, contó.

El dejar de escribir lo llevó a sumergirse en el mundo del teatro, de los espectáculos en vivo en directo con su público, incluso con los menos aficionados a leer pero sí a escuchar sus obras. “La gente que me pedía firmas cuando yo era un escritor era gente que leía. Y la que me pide firmas ahora es la que escucha. Es otra. Bah, es la misma pero son muchos más a los que les sorprende que les esté gustando la literatura”, apreció.

 

 

Este año ha llegado a los auditorios con tres espectáculos en los que reproduce sus textos y los fusiona con la música de tres grandes artistas. Uno es “Nostalgias” junto a Cucuza, otro es “Comedias” con Fabiana Cantilo y el tercero, “Tragedias” con Zambayonny. Con el cantante de la barba y la guitarra recorrerá Latinoamérica erlo solo. Los camarines son más divertidos cuando hay más gente”, sostuvo.

El tridente de músicos que lo acompaña en sus proyectos son los que ocupan las playlist diarias de Casciari. “Es lo que escucho así que es una excusa para estar en primera fila”, confesó. Por estos días empieza con Nostalgias, que fusiona algunos cuentos más melancólicos con el tango de Cucuza. “Lo fui a ver y se lo propuse, son cosas muy impulsivas y rápidas que hago; tampoco estoy mucho pensando, hago cosas sin pensar. Con él vamos a llegar por Mendoza, Montevideo y Santiago de Chile”, indicó.

En agenda también tiene previsto hacer algo con Kevin Johansen. Aunque no han podido coordinar una fecha todavía tiene la seguridad de que en algún momento trabajará con él. “Sabemos que vamos a hacerlo. Cuando algo me gusta trato de hacerlo, me ha pasado con actores o gente que admiro o me interesa. Lo que trato es de compartir aunque sea un rato”. Cuando la música no lo acompaña, Casciari se dedica a interpretar sus textos con soltura y gracia. Así llena teatros, como el de la Casa de la Cultura de Villa Mercedes, que se colmó la noche del jueves 6 de setiembre con su presentación en la Feria del Libro.

“Tengo la sensación de que estuve 15 años escribiendo para ahora poder interpretar todo esto. Lo que hago en los shows es adaptar los textos. Hasta hace dos años me divertía mucho escribir y ahora me está divirtiendo mucho leer o interpretar lo que leo. Al principio fue como una especie de parche cuando dejé de escribir, como para emparchar esa ausencia de creatividad. Empecé a hacer radio y teatro y me gustó mucho la parte de interpretar los cuentos, es como un acoplado a la literatura”, confesó.

Cuando no los lee en teatros o salas, comenta cuentos en el programa radial Perros de la Calle, con Andy Kusnetzoff, Gabriel Schultz, Nicolas “Cayetano” Cajg y Castelo Araldi Marcos, en la Metro de Buenos Aires. El ámbito radial tiene también algo de tentador para Hernán. “Está bueno porque en los silencios que hacés o en determinados gestos estás adjetivando. Es raro, es como un lenguaje nuevo para mí, que tengo que aprender todo el tiempo y me divierte”, se sinceró.

 

 

Fue en el espacio de la radio donde tuvo que comenzar a editar sus textos y a acortarlos para que fueran más orales. Ese proceso lo recuerda como un primer paso. “Empezar a leer mis cuentos para Pergolini (en Vorterix), antes que Perros (el programa de la Metro), no pensé que me iba a gustar. Se generan matices, inflexiones en la voz. Hacerlos menos literarios en algún momento me ayudó a subirme a un escenario para leerlos. Una vez que me los aprendí de memoria, el cuerpo mismo necesitaba moverse, hacer cosas. Cuando no tenés que estar leyendo y podés mirar al frente porque te lo sabés, porque está internalizado, la cara y el cuerpo empiezan a hacer otras cosas”, manifestó.

Y esa es una de sus grandes gracias: la forma en la que re-cuenta sus relatos, sus episodios, aun aquellos más insólitos, personales y sensibles. En cada presentación repasa, con humor, chispa y desenvolvimiento, las anécdotas pasadas en las que él, su familia, amigos y conocidos protagonizaron escenas por momentos desopilantes y a veces dramáticas.

Un autor olvidado

Casciari escribió las novelas “El pibe que arruinaba las fotos» y «Más respeto que soy tu madre»; los libros de cuentos «España decí alpiste», «El nuevo paraíso de los tontos», «Charlas con mi hemisferio derecho», «Messi es un perro» y «El mejor infarto de mi vida»; más las historietas «Doce cuentos de verano» (junto a Horacio Altuna).

Sus trabajos le valieron el Premio de Novela en la Bienal de Buenos Aires en 1991, el Juan Rulfo en París en 1998 y el galardón de la Deutsche Welle al mejor blog del mundo, otorgado en Berlín en el 2005.

Hasta setiembre del 2010 fue columnista de opinión de los diarios El País (de España) y La Nación.

Su habilidad para escribir la adquirió de pequeño. Y como todo en su vida llegó sin demasiadas vueltas. “Nunca tuve ni siquiera una duda, desde muy chiquito tuve una fascinación con la máquina de escribir. Algo me llamaba, el juguete que más me gustaba era ese. Mi papá entendió o sospechó que era por las letras; yo creo que era algo más mecánico. Sin embargo, mi padre me enseñó a leer y escribir antes de arrancar la primaria. Escribí a máquina antes que a mano. De hecho, no tengo buena letra, no sé cómo agarrar la lapicera. No tengo muchos recuerdos de escribir a mano, incluso las carpetas de primer año eran todas a máquina, no tomaba nota, me acordaba las cosas y después las tipeaba”, recordó.

A los 13 años, por insistencia de su papá, se inició como periodista en el diario de su pueblo natal, Mercedes, en Buenos Aires. Allí redactó crónicas de básquet y cobraba por cada artículo, lo que tenía un sabor diferente y agradable.

 

 

Los primeros párrafos los escribió con la máquina que había en el hogar, una Lexicon 80 con la que su padre, un contador, completaba formularios impositivos. “Era una doble carro y desde entonces siempre traté de tener esa marca, hasta que vinieron las computadoras. Incluso hoy en día tengo una para mirarla cada tanto y saber que está ahí, es como que me alivia”, dijo.

Con el tiempo, los textos fueron migrando del deporte y el periodismo hacia el humor.

“No sé escribir sin chistes, incluso con los dramas tengo que estar metiendo en cada párrafo algo que lo haga descansar al lector o espectador”, señaló. Y esa premisa no es para nada casual. Según confesó “tiene que ver con que, inicialmente, en la primera adolescencia, cuando decidí que iba a ser escritor, noté que a mi papá no le gustaba mucho. Él era un tipo que sólo respondía al humor. Las primeras cosas que escribía trataba de que él se involucrara entonces les metía mucho humor. Y me parece que me quedó de eso. Mi primer lector siempre quise que sea mi papá y no era un lector muy cómodo o fácil. Trataba de atraparlo desde ese lugar”, expresó.

Más adelante escribiría un relato en homenaje a ese ser paterno, después que falleciera. Una pieza por demás conmovedora y recomendable.

Actualmente, Hernán continúa con uno de sus proyectos más preciados: la revista Orsai. En enero del 2011 editó la primera y ya lleva 20 números. Actualmente va por el cuarto de la segunda temporada.

Precisamente la revista es lo que lo mantiene leyendo y en busca de cosas inéditas. “Si bien publicamos textos de escritores muy célebres, al mismo tiempo tratamos de encontrar escritores nuevos. Estoy con un cuento que me pasó mi socio, es de un chico de 25 años, que no lo conoce nadie, un texto de 10 mil palabras. Me dijo ‘leelo porque te morís’. Cuesta encontrar esos escritores que vos decís ‘esto va ser un descubrimiento nuestro.

Y este chico va a ser un monstruo de acá a veinte años. Ni siquiera tiene página de Facebook, es del campo y parece que escribiera hace décadas. Esa gente siempre está en talleres, los que dictan las clases son los que te dicen que tienen un potencial. Y a esos hay que seguirlos. Estamos muy atentos a eso”, contó.

Si bien las editoriales atraviesan un panorama complicado con los altibajos económicos y la devaluación argentina en los últimos meses, Orsai sigue surfeando entre los productos más destacados del suelo nacional y de buena parte de Latinoamérica.

“Puede ser que un país esté más desbalanceado que otro pero siempre hay uno que te salva. Lo que no deberíamos hacer-o lo más recomendable- es no circunscribirnos a una sola región. Por suerte el castellano es muy amplio, tenemos 400 millones de personas que hablan el mismo idioma. Con Orsai no tenemos un mercado regional, no la hacemos sólo para Argentina, imprimimos en Buenos Aires pero también en Lima, Barcelona y Montevideo”, contó.

El proyecto no recibe subsidios y se mantiene a pulmón de los editores y suscriptores, por eso es muy alabado cuando cruza la frontera. Entre los últimos días de agosto y los primeros de setiembre Casciari visitó Costa Rica y hasta allá llegó con el producto. Fue muy bien recibido. “Siempre hay muy buena recepción a Orsai, me preguntan mucho sobre el proyecto autogestionado, les interesa saber cómo hacer un medio sin publicidad sin subsidios que sea rentable”, contó. El jueves 18 comenzó la preventa del flamante número de la revista que en la portada posee un retrato del poeta Fernando Noy, realizado por Marcos López.

Tras volver de su gira por el país caribeño, Hernán recorrió Santiago de Chile, luego desembarcó en Villa Mercedes, viajó a Madrid y Barcelona para retornar a Buenos Aires, su hogar desde hace dos años. Radicarse en la Capital, después de haber vivido por años en Barcelona, fue una decisión que tomó después de un infarto que sufrió en Montevideo, en diciembre del 2015, y que inmortalizó en uno de sus cuentos.

Ya en territorio nacional, aprovechó para opinar sobre el rumbo adoptado por el gobierno nacional que ha desencadenado una crisis socioeconómica muy palpable. “Está la derecha. No hago una lectura porque es evidente que lo que está pasando es porque están ellos. A veces pienso por qué se sorprenden si es lo que hacen siempre”, sentenció.

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