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Mateo ya está en China, donde buscará recuperar la visión

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Mateo ya está en China, donde buscará recuperar la visión

Los padres del niño de 7 años accedieron a un tratamiento experimental en una clínica del país asiático.

Fueron hasta la otra punta del planeta para ayudar a su hijo. Dario González, junto a su pareja Carol Rivero, viajaron a Dongguan, en China para tratar a Mateo, de siete años, en el hospital Shixin. El pequeño, que por dos padecimientos paralelos —hipertensión endocraneana y malformación de Arnold Chiari— perdió la visión empieza hoy con un tratamiento experimental de células madres, con la esperanza de recuperarla.

La familia puntana llegó el jueves 29 de noviembre a las 17:30, tras 29 horas de viaje en avión en la que hicieron escala en Sao Paulo, Turquía y Guangzhou y una hora y media en auto desde aquella ciudad a Dongguan, donde queda la clínica. Allí a esa hora, ya es de noche, fueron recibidos por el personal de la clínica. Se vieron sorprendidos por los aromas, la comida y la barrera del idioma.

“Es otra cultura, nada que ver con Argentina. Caminamos como si viviéramos hace un par de años. No tenemos miedo que nos roben o nada por el estilo. Las comidas son raras, los olores son fuertes. Se nos complicó por el idioma porque no teníamos forma de acceder a internet, por lo que estuvimos incomunicados. Es difícil cuando no tenés un traductor o una buena señal de WiFi. No entendés y ellos tampoco. Por más que vos sabes un poco de inglés, la mayoría no”, detalló Darío. En general, la gente de medio oriente los trata bien. “Son amistosos. A Mateo lo miran y ríen”, agregó.

Ellos se quedarán hasta el 25 de diciembre a la noche. “En realidad el tratamiento es hasta las 20, pero como era más barato venirnos siete días antes y volvernos en Navidad —calculan unos 60 mil pesos— nos quedaremos hasta ese día”, explicó.

Hoy es un día importante para la familia. A las 8 de la mañana la clínica lo pasará a buscar para iniciar el tratamiento. Horas antes, en contacto con El Diario de la República, Mateo estaba ansioso. “Recién llegamos del súper porque tuvimos que comprar cosas para cocinar en el hospital”, detalló su padre. “El otro día hicimos videos, quiere ser youtuber. Salimos a caminar los dos y de lo que vemos le voy contando”, afirmó. Fotos que llegaron a este matutino los mostraban delante de imponentes estatuas chinas y hasta la réplica de un transformer.

El humor de Mateo y sus padres está atravesado por la esperanza. En la clínica le harán una intervención por la que podría recuperar la visión, que perdió tras la excesiva presión craneal que sufría por hipertensión y la malformación de Arnold Chiari, que en términos simples le atrofiaron los nervios ópticos y rápidamente le hicieron perder uno de sus sentidos. Básicamente, mediante pulsiones lumbares, le implantarán células madres, que le regenerarían los tejidos dañados.

La historia de cómo Mateo perdió la visión no supera el año. Comenzó con nauseas, vómitos y dolor punzante en los ojos en enero. Tras consultas, sin respuestas claras, de varios especialistas, en el Centro Médico Santa Lucía le recomendaron estudios más profundos. Ahí fue que dieron con la malformación que padecía, que ocurre en el cerebelo e impide la circulación de líquido encefálico a la médula espinal. A eso se le sumaba una fuerte hipertensión en el cráneo.

De ahí fueron al hospital Humberto Notti, en Mendoza, donde trataron su hipertensión y hasta le dieron el alta en marzo. Pero la solución duró solo unos días y de a poco dejó de ver. En abril volvieron a Mendoza, donde tras múltiples intervenciones drenaron el líquido que tenía alojado en la base de la nuca. Sin embargo, ya no veía. Era consecuencia de que sus nervios ópticos habían quedado atrofiados, a raíz de la gran presión que sufría en la cabeza, les explicaron en el Instituto Saldivar, de la misma ciudad. Allí fue donde le dijeron que no había tratamiento existente en Argentina, pero la recomendaron la clínica china donde hoy se encuentran.

Al ser una intervención experimental, las obras sociales y el Estado no lo cubren, por lo que sus padres debieron hacer múltiples rifas, sorteos y eventos para poder viajar y pagar el procedimiento, que cuesta 17.200 dólares. El 7 de setiembre fueron recibidos por la Asociación de Rally Puntano Apryn y el 21 sortearon una moto familiar. El 9 de noviembre hicieron una fiesta retro y el 18 de ese mes una peña. “Nos terminaron faltando 50 mil pesos. Nosotros podemos terminar de pagar antes de que termine el tratamiento”, detalló. Hoy todavía sortean, por 50 pesos el numerito, un lechón, una caja navideña y pollos, a los que se puede acceder en el Facebook del padre (Darío González) y que se sorteará el 21 de diciembre en Lotería Nacional Nocturna.

“Solo quería decirles muchísimas gracias a todos. No solo a familiares y amigos. En este tiempo he conocido gente, que sin conocernos a nosotros ha hecho por Mateo y a la que le tendremos gratitud eternamente, no solo de San Luis, sino también de Villa Mercedes y hasta Mendoza”, destacó. Esto parece ser lo que motivó a Darío a colaborar con la difusión de “Ruta a la Esperanza”, una cruzada solidaria en bicicleta que iniciará el 11 de diciembre en Mendoza y concluirá en Villa Mercedes, para concientizar sobre el estudio de enfermedades raras. “La idea es que la gente participe y el que quiera acompañe en la caravana que va a salir de Desaguadero con la gente de San Luis”, remarcó el padre.

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Mateo ya está en China, donde buscará recuperar la visión

Los padres del niño de 7 años accedieron a un tratamiento experimental en una clínica del país asiático.

Otro mundo. Mateo y su familia llegaron al país el jueves pasado.

Fueron hasta la otra punta del planeta para ayudar a su hijo. Dario González, junto a su pareja Carol Rivero, viajaron a Dongguan, en China para tratar a Mateo, de siete años, en el hospital Shixin. El pequeño, que por dos padecimientos paralelos —hipertensión endocraneana y malformación de Arnold Chiari— perdió la visión empieza hoy con un tratamiento experimental de células madres, con la esperanza de recuperarla.

La familia puntana llegó el jueves 29 de noviembre a las 17:30, tras 29 horas de viaje en avión en la que hicieron escala en Sao Paulo, Turquía y Guangzhou y una hora y media en auto desde aquella ciudad a Dongguan, donde queda la clínica. Allí a esa hora, ya es de noche, fueron recibidos por el personal de la clínica. Se vieron sorprendidos por los aromas, la comida y la barrera del idioma.

“Es otra cultura, nada que ver con Argentina. Caminamos como si viviéramos hace un par de años. No tenemos miedo que nos roben o nada por el estilo. Las comidas son raras, los olores son fuertes. Se nos complicó por el idioma porque no teníamos forma de acceder a internet, por lo que estuvimos incomunicados. Es difícil cuando no tenés un traductor o una buena señal de WiFi. No entendés y ellos tampoco. Por más que vos sabes un poco de inglés, la mayoría no”, detalló Darío. En general, la gente de medio oriente los trata bien. “Son amistosos. A Mateo lo miran y ríen”, agregó.

Ellos se quedarán hasta el 25 de diciembre a la noche. “En realidad el tratamiento es hasta las 20, pero como era más barato venirnos siete días antes y volvernos en Navidad —calculan unos 60 mil pesos— nos quedaremos hasta ese día”, explicó.

Hoy es un día importante para la familia. A las 8 de la mañana la clínica lo pasará a buscar para iniciar el tratamiento. Horas antes, en contacto con El Diario de la República, Mateo estaba ansioso. “Recién llegamos del súper porque tuvimos que comprar cosas para cocinar en el hospital”, detalló su padre. “El otro día hicimos videos, quiere ser youtuber. Salimos a caminar los dos y de lo que vemos le voy contando”, afirmó. Fotos que llegaron a este matutino los mostraban delante de imponentes estatuas chinas y hasta la réplica de un transformer.

El humor de Mateo y sus padres está atravesado por la esperanza. En la clínica le harán una intervención por la que podría recuperar la visión, que perdió tras la excesiva presión craneal que sufría por hipertensión y la malformación de Arnold Chiari, que en términos simples le atrofiaron los nervios ópticos y rápidamente le hicieron perder uno de sus sentidos. Básicamente, mediante pulsiones lumbares, le implantarán células madres, que le regenerarían los tejidos dañados.

La historia de cómo Mateo perdió la visión no supera el año. Comenzó con nauseas, vómitos y dolor punzante en los ojos en enero. Tras consultas, sin respuestas claras, de varios especialistas, en el Centro Médico Santa Lucía le recomendaron estudios más profundos. Ahí fue que dieron con la malformación que padecía, que ocurre en el cerebelo e impide la circulación de líquido encefálico a la médula espinal. A eso se le sumaba una fuerte hipertensión en el cráneo.

De ahí fueron al hospital Humberto Notti, en Mendoza, donde trataron su hipertensión y hasta le dieron el alta en marzo. Pero la solución duró solo unos días y de a poco dejó de ver. En abril volvieron a Mendoza, donde tras múltiples intervenciones drenaron el líquido que tenía alojado en la base de la nuca. Sin embargo, ya no veía. Era consecuencia de que sus nervios ópticos habían quedado atrofiados, a raíz de la gran presión que sufría en la cabeza, les explicaron en el Instituto Saldivar, de la misma ciudad. Allí fue donde le dijeron que no había tratamiento existente en Argentina, pero la recomendaron la clínica china donde hoy se encuentran.

Al ser una intervención experimental, las obras sociales y el Estado no lo cubren, por lo que sus padres debieron hacer múltiples rifas, sorteos y eventos para poder viajar y pagar el procedimiento, que cuesta 17.200 dólares. El 7 de setiembre fueron recibidos por la Asociación de Rally Puntano Apryn y el 21 sortearon una moto familiar. El 9 de noviembre hicieron una fiesta retro y el 18 de ese mes una peña. “Nos terminaron faltando 50 mil pesos. Nosotros podemos terminar de pagar antes de que termine el tratamiento”, detalló. Hoy todavía sortean, por 50 pesos el numerito, un lechón, una caja navideña y pollos, a los que se puede acceder en el Facebook del padre (Darío González) y que se sorteará el 21 de diciembre en Lotería Nacional Nocturna.

“Solo quería decirles muchísimas gracias a todos. No solo a familiares y amigos. En este tiempo he conocido gente, que sin conocernos a nosotros ha hecho por Mateo y a la que le tendremos gratitud eternamente, no solo de San Luis, sino también de Villa Mercedes y hasta Mendoza”, destacó. Esto parece ser lo que motivó a Darío a colaborar con la difusión de “Ruta a la Esperanza”, una cruzada solidaria en bicicleta que iniciará el 11 de diciembre en Mendoza y concluirá en Villa Mercedes, para concientizar sobre el estudio de enfermedades raras. “La idea es que la gente participe y el que quiera acompañe en la caravana que va a salir de Desaguadero con la gente de San Luis”, remarcó el padre.

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