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Iván, el noble caballero

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Iván, el noble caballero

Miguel Garro

El fulano de nadie repasó su carrera llena de canciones de pérdidas, tristezas y algún que otro triunfo en Villa Mercedes.

Cuando era un joven de pelo largo que despuntaba con "Los caballeros de la quema", Iván Noble dejó una declaración de principios literaria en el video de "No chamuyes". Por entonces líder del grupo, se mostró en esa producción con una remera de Charles Bukowski, escritor maldito del siglo pasado. A los cincuenta años, con el cabello corto, aunque nunca prolijo, el cantante ahora es un solista cuasi melódico que podría hacer dupla tanto con Joaquín Sabina como con Ricardo Arjona.

Noble se presentó el sábado por primera vez en Villa Mercedes tras 25 años de carrera. Al finalizar el show dijo que no se explicaba cómo había pasado tanto tiempo sin visitar la ciudad y prometió que no pasará la misma cantidad de tiempo hasta que regrese. "Sobre todo porque dentro de 25 años no pienso estar cantando".

Dueño de un humor corrosivo que por lo general expone más en sus declaraciones públicas que en sus canciones, Iván reunió a unas 500 personas en el teatro del Molino Fénix, una muy buena convocatoria para un cantante que nunca estuvo -ni buscó estar- en la cima de los rankings.

El espectáculo que presentó se llama "Al fin solos" -en otra pose romántica- y lo mostró despojado y relajado, sólo con su guitarra (en el escenario hubo dos, pero usó solo una) y con una copa de vino que fue vaciando a medida que avanzaban los minutos. "La idea de este show es mostrarles las canciones como eran cuando nacieron, antes de ser grabadas", dijo el autor, quien reconoció que cuando compone no necesita más cosas que las que había en el escenario.

Hay que reconocerle a Noble su esfuerzo por hacer que los temas que canta contengan todos los recursos literarios que enseñan en la escuela: personificaciones encaminadas, metáforas deportivas, anáforas que sirven para enumeraciones amorosas e hipérboles de tristeza.

Es por eso que en las canciones de Iván es posible encontrar tanto inviernos que ladran como tardes que tartamudean. Resacas que tienen avant premieres, espejos que estafan y jueves cobardes.

Entre los rounds perdidos por puntos y las peleas ganadas por nocaut, el cantante expone lo que parece ser su vida amorosa, aunque en el recital aclaró que tanto él como sus colegas no siempre cantan verdades sino que son iniciadores de un chantaje emocional "con el único fin de que el público nos quiera un poco".

El recital del sábado a la noche empezó con un recorrido por las canciones que componen su carrera solista, con foco en los discos más nuevos y fue retrocediendo en la discografía hasta pasar por algunos recuerdos fantasmales de "Los caballeros...", como "Otro jueves cobarde", "Fulanos de nadie" y "Sapo de otro pozo". A su vez, esos temas se fueron mezclando y hallando algunos puntos en común con su obra más reciente: "Un minuto antes de dejar de quererte", "Dame un motivo" y "Olivia".

El final con la versión acústica de "Avanti morocha" consolidó al tema como el más exitoso en la carrera de Iván y puso, por primera vez en la noche, a los villamercedinos a cantar a modo de acompañamiento.

Cuando una chica del público le gritó "te amo", Noble la dejó en evidencia en la mentira y la invitó a pasar 16 horas con él para ver si lo aguantaba.

Pese a esa supuesta inestabilidad, el gran tema -por no decir el único- en la obra del cantante son las mujeres: las buenas, las malas, las que abandonan, las que no abandonan nunca, las reales y las imaginarias. También las que perdonan y las que no perdonan nunca. Las princesas tibias y las morochas que avanzan.

Parte del encanto (o del chantaje) es que Noble se muestra endeble ante sus conquistas. Y muchas veces se describe perdido y solo, acaso en busca de otros brazos y de nuevos cariños. "Los amores que terminan sólo sirven para hacer canciones", dijo en una parte del show y aunque luego enumeró otras utilidades de los fracasos amorosos quedó en evidencia que la que más aprovecha es el hecho de ponerle música y forma poética a las despedidas y las tristezas.

Incluso cuando se muestra preocupado por la situación del mundo ("hoy abrí el diario y parece que estamos en la Tercera Guerra Mundial", dijo), el compositor se las arregla para hacer aparecer a una chica y a un amorío en medio de una canción que, según dijo, escribió hace poco y presentó en el concierto mercedino.

Si, como dice el refrán, los caballeros no tienen memoria, Noble se encarga de desmentirlo y cuenta en sus canciones todo lo que se puede contar, incluso la relación entre su lengua y el ombligo de su acompañante ocasional. Arjona nunca se animó a tanto.

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Iván, el noble caballero

El fulano de nadie repasó su carrera llena de canciones de pérdidas, tristezas y algún que otro triunfo en Villa Mercedes.

Como los fantasmas del recuerdo. Avanza el morocho en el concierto villamercedino. Iván Noble y sus canciones despojadas. Foto: Juan Andrés Galli.

Cuando era un joven de pelo largo que despuntaba con "Los caballeros de la quema", Iván Noble dejó una declaración de principios literaria en el video de "No chamuyes". Por entonces líder del grupo, se mostró en esa producción con una remera de Charles Bukowski, escritor maldito del siglo pasado. A los cincuenta años, con el cabello corto, aunque nunca prolijo, el cantante ahora es un solista cuasi melódico que podría hacer dupla tanto con Joaquín Sabina como con Ricardo Arjona.

Noble se presentó el sábado por primera vez en Villa Mercedes tras 25 años de carrera. Al finalizar el show dijo que no se explicaba cómo había pasado tanto tiempo sin visitar la ciudad y prometió que no pasará la misma cantidad de tiempo hasta que regrese. "Sobre todo porque dentro de 25 años no pienso estar cantando".

Dueño de un humor corrosivo que por lo general expone más en sus declaraciones públicas que en sus canciones, Iván reunió a unas 500 personas en el teatro del Molino Fénix, una muy buena convocatoria para un cantante que nunca estuvo -ni buscó estar- en la cima de los rankings.

El espectáculo que presentó se llama "Al fin solos" -en otra pose romántica- y lo mostró despojado y relajado, sólo con su guitarra (en el escenario hubo dos, pero usó solo una) y con una copa de vino que fue vaciando a medida que avanzaban los minutos. "La idea de este show es mostrarles las canciones como eran cuando nacieron, antes de ser grabadas", dijo el autor, quien reconoció que cuando compone no necesita más cosas que las que había en el escenario.

Hay que reconocerle a Noble su esfuerzo por hacer que los temas que canta contengan todos los recursos literarios que enseñan en la escuela: personificaciones encaminadas, metáforas deportivas, anáforas que sirven para enumeraciones amorosas e hipérboles de tristeza.

Es por eso que en las canciones de Iván es posible encontrar tanto inviernos que ladran como tardes que tartamudean. Resacas que tienen avant premieres, espejos que estafan y jueves cobardes.

Entre los rounds perdidos por puntos y las peleas ganadas por nocaut, el cantante expone lo que parece ser su vida amorosa, aunque en el recital aclaró que tanto él como sus colegas no siempre cantan verdades sino que son iniciadores de un chantaje emocional "con el único fin de que el público nos quiera un poco".

El recital del sábado a la noche empezó con un recorrido por las canciones que componen su carrera solista, con foco en los discos más nuevos y fue retrocediendo en la discografía hasta pasar por algunos recuerdos fantasmales de "Los caballeros...", como "Otro jueves cobarde", "Fulanos de nadie" y "Sapo de otro pozo". A su vez, esos temas se fueron mezclando y hallando algunos puntos en común con su obra más reciente: "Un minuto antes de dejar de quererte", "Dame un motivo" y "Olivia".

El final con la versión acústica de "Avanti morocha" consolidó al tema como el más exitoso en la carrera de Iván y puso, por primera vez en la noche, a los villamercedinos a cantar a modo de acompañamiento.

Cuando una chica del público le gritó "te amo", Noble la dejó en evidencia en la mentira y la invitó a pasar 16 horas con él para ver si lo aguantaba.

Pese a esa supuesta inestabilidad, el gran tema -por no decir el único- en la obra del cantante son las mujeres: las buenas, las malas, las que abandonan, las que no abandonan nunca, las reales y las imaginarias. También las que perdonan y las que no perdonan nunca. Las princesas tibias y las morochas que avanzan.

Parte del encanto (o del chantaje) es que Noble se muestra endeble ante sus conquistas. Y muchas veces se describe perdido y solo, acaso en busca de otros brazos y de nuevos cariños. "Los amores que terminan sólo sirven para hacer canciones", dijo en una parte del show y aunque luego enumeró otras utilidades de los fracasos amorosos quedó en evidencia que la que más aprovecha es el hecho de ponerle música y forma poética a las despedidas y las tristezas.

Incluso cuando se muestra preocupado por la situación del mundo ("hoy abrí el diario y parece que estamos en la Tercera Guerra Mundial", dijo), el compositor se las arregla para hacer aparecer a una chica y a un amorío en medio de una canción que, según dijo, escribió hace poco y presentó en el concierto mercedino.

Si, como dice el refrán, los caballeros no tienen memoria, Noble se encarga de desmentirlo y cuenta en sus canciones todo lo que se puede contar, incluso la relación entre su lengua y el ombligo de su acompañante ocasional. Arjona nunca se animó a tanto.

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