Gustavo Luna
Periodista
San Martín: educación, el arma para la libertad
Diez años de campañas militares y sacrificios le demandó a José de San Martín su sueño de asegurar la independencia de América. Argentina, Chile y Perú le deben a él su libertad. Lo logró pese a padecer de paludismo, cólera, asma, reumatismo, úlcera y cataratas. A pesar de tener que atravesar, para conseguirlo, una de las cordilleras más altas del mundo; a pesar de no contar casi nunca con el apoyo concreto del gobierno de Buenos Aires, representante de los pueblos a los que el general les quería asegurar la libertad.
Lo hizo aun a riesgo de ser declarado traidor y de exponerse, por ello, a la posibilidad de que atentaran contra su vida, sobre todo porque se negaba a poner su ejército a disposición de un gobierno central que lo quería usar para aniquilar a los caudillos federales del interior. A los representantes de las provincias, catorce en esa época, que fundaron la nación.
San Luis ostenta el orgullo de estar entre esas catorce provincias que le dieron origen a nuestra nacionalidad. Y también, el de haber sido elegida por San Martín para instalar su campamento en Las Chacras, actual Juana Koslay, donde reclutó, a partir de 1819, a los soldados que necesitaba para realizar la segunda parte del plan continental: independizar el Perú.
San Martín nunca quiso el poder para él. Pudo tomarlo en Chile, apenas lo liberó en 1817, pero lo dejó en manos de Bernardo de O’higgins. Tuvo la posibilidad de reinar en Perú, no bien declaró su independencia, el 28 de julio de 1821, cuando lo nombraron protector. Pero no tardó en declinar el gobierno de ese país. Antes, les dio la libertad a todos los esclavos peruanos y abolió la mita, un sistema de trabajo que los españoles copiaron de los incas y aplicaron en condiciones que implicaron el exterminio de miles de personas.
Cuando le faltó el apoyo del gobierno para continuar hacia el norte, hacia Colombia, la lucha contra los españoles, resignó el mando de su ejército y lo dejó en manos del venezolano Simón Bolívar.
Volvió al país y partió a Europa con su hija Mercedes, en 1824. Regresó cinco años después, en 1829, pero encontró a la nación convulsionada en plena guerra civil entre unitarios y federales, después de la revolución en la que Lavalle había derrocado y fusilado a Manuel Dorrego. Otra vez, como en 1819, se negó a participar en las luchas entre hermanos y regresó a Europa, donde murió el 17 de agosto de 1850.
San Martín empuñó las armas para darnos la libertad. Y nos dejó el mensaje de que, a través de la educación, podremos conservarla. A pesar de ser un militar de carrera, nos advirtió: “La biblioteca destinada a la educación universal es más poderosa que nuestros ejércitos”.


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