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"La tecnología cambió el periodismo, pero empeoró el estrés"

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"La tecnología cambió el periodismo, pero empeoró el estrés"

Mariano Medina

Es uno de los representantes del nuevo periodismo en la tele argentina. Se hizo popular por hablar de tecnología y aprovecharla para realizar su trabajo. Con “Cooltura” habló de su carrera, su infancia, su presente y su deuda de visitar otra vez San Luis.

Federico Wiemeyer es una de las caras visibles del noticiero central de Canal 13 de Buenos Aires. Irrumpió en el periodismo televisivo como la joven camada y sin querer ingresó en la forma de hacer tele un elemento que en la jerga futbolera sería un golazo de media cancha: el drone. Gracias a ese aparato tecnológico registró desde el aire la inundación en Luján en 2015 y fue un puntapié para que en los noticieros se hable de teléfonos celulares y redes sociales.

Es uno de los conductores de “TN Tecno”, que realiza junto a su colega y amigo, Santiago do Rego. Todo tiene que ver con todo, dicen. Es coleccionista, entusiasta de la tecnología y esos gus tos lo llevaron a desenvolverse en su carrera.

Es locutor nacional, con carnet otorgado por el ISER, y periodista recibido en el TEA (Taller Escuela Agencia). Trabajó en medios gráficos como el diario La Nación y la revista Humor. Fue corresponsal en la Argentina de TVN de Chile y RCN Colombia.

Entre su abultada rutina, Wiemeyer tuvo tiempo para hablar con “Cooltura” y sentirse del otro lado del mostrador: como entrevistado.

 

"El término nerd tiene que ver con la globalización. Con eso de encontrarte que no eras vos solo el que coleccionaba autitos o muñecos del Jack".

 

—¿Sos candidato a quedarte como conductor único en Telenoche?

—Es que cambió en los últimos años, sobre todo en el último, que se fue Santo Biasatti. Cambiamos el formato tradicional de conductores fijos y pasamos a tener un formato más coral de periodistas. La conductora es María Laura (Santillán) pero hay un equipo de 15 periodistas que están al aire permanentemente y sucede que durante un par de minutos, la figura de la conductora no está en la pantalla. No creo que sea momento de reemplazos y me parece que este formato va a andar durante varios años más.

—¿Por qué cambió el formato de los noticieros?

—Fue por la irrupción de internet y del formato audiovisual. Dos conductores sentados delante de una mesa, igual que cuando se inventó la televisión más allá de los recursos técnicos, te remite a la década del cuarenta. La evolución de internet te permite probar cosas nuevas, esa cultura del videoclip le da más dinamismo a la pantalla. Por otro lado, creo que la importancia de un noticiero no recae, necesariamente, en una o dos personas. Hay un equipo de noticias trabajando y ahora se ve mucho más.

—¿Por qué te metiste en el periodismo?

—Estudié cuando salí del secundario. Primero locución y después periodismo. Elegí porque en ese momento me gustaba leer y escribir. Quería ver si podía dedicar mi vida a eso. Fue el principal motivo. Arranqué escribiendo en La Nación y después terminé haciendo tele.

 

 

—Antes a los nerds le hacían bullying pero ahora parece que está de moda. ¿No?

—Ese también es un cambio de internet de los últimos diez años. La interrupción masiva de la tecnología en la vida de todos ganó en un sector que se dedicaba a las computadoras a mediados de los noventa. Antes tu amigo que te ayudaba a setear la computadora, pasó a ser parte de la vida cotidiana. Eso forma parte de la legalización del nerd. Ese término, el nerd, tiene que ver con la globalización. Con eso de encontrarte que no eras vos solo el que coleccionaba autitos o muñecos del Jack. Sino que ahora hay un montón más y quizás uno está al frente de tu casa, y no lo sabías.

—¿Vos cómo vivís el coleccionismo?, ¿coleccionás autos?

—Me decís coleccionista de autos y pareciera que son de verdad. No, son autitos (risas). Es mi cable a tierra. Hace veinte años que colecciono. Mi historia comenzó de joven, siempre me gustaron los autitos como juguete y un día, a los 20, me compré uno para ponerlo en una repisa. A partir de ahí arranqué y lo seguí como un hobbie que me gusta mucho. Tengo vitrinas y para mí es un gran cable a tierra. Sobre todo para el oficio al que me dedico. A veces terminás con los cables pelados y llegar a mi casa y ponerme a ordenar un estante de autos ingleses de los años 50, me ordena la cabeza.

—Es un hobbie que no se termina nunca…

—Sí, pero además de los coches en cuestión, me permitió conocer a mucha gente y compartir mi interés con otras personas. A veces voy a las ferias de pulgas a charlar nomás. Tengo un grupo de gente, a veces se suman, otras se bajan. Conversás y ahí participa el espíritu de tener las cosas ordenadas y clasificar las cosas.

—¿Cómo llevás el contacto con la gente?

—Más allá de los enfrentamientos entre la empresa en la que trabajo y el Gobierno anterior, y de ciertas agresiones que pasaron todos los que trabajamos ahí (que conmigo fue poco) el contacto suele ser muy cariñoso cuando te piden una foto o te saludan. Soy muy agradecido con esa demostración.

—Me imagino que sos de viajar por el trabajo. ¿No te cansás?

—No, porque no es todas las semanas. Hacemos varios viajes internacionales por año, al igual que por Argentina. Hay algún momento en el año en que prefiero quedarme en mi casa, pero no. Cuando viajás, te abre la cabeza. Y también cuando conocés el país, soy un agradecido de mi trabajo que me permitió ver la riqueza inconmensurable de Argentina. Hay lugares que si no fuera por mi trabajo, no hubiera ido nunca.

—¿Por ejemplo?

—Una escuelita rural en Misiones. No en las Cataratas. A 300 kilómetros tierra adentro en la tierra colorada, bien en la selva misionera. No hubiera ido nunca si no fuera por trabajo. La semana pasada volví de la Cordillera de los Andes, de hacer una nota a un pueblo tapado por la nieve.

—¿Conocés San Luis?

—Fui una sola vez, de chico. Me llevaron mis padres a un campamento. Fue a Merlo. Después por trabajo nunca me tocó, pero ya en algún momento me tocará.

—¿En vacaciones sos de la playa o de las montañas?

—Hacemos playas, en las vacaciones suelo irme a Uruguay con mi familia. Tengo tres hijos. A mí me gusta más la montaña que la playa, pero a la hora de definir, hay que pensar en el grupo familiar, donde vayan a estar más cómodos.

—¿Tus conocidos te utilizan para que le recomiendes teléfonos?

—Eso es a diario, todo el tiempo. Generalmente pregunto para qué lo quieren porque todos quieren el último Iphone. “Recomendame el mejor teléfono”. Entonces les digo los últimos Samsung o Iphone. La gente se asusta cuando le decís un precio y es caro. Yo les digo que me preguntaron cuál era el mejor. Ahora, vamos de vuelta. Les pregunto para qué lo quieren. Si usás Facebook y Whatsapp y entonces andá a una línea más acorde. Siempre busco un intermedio de lo que quieren y para qué les sirve.

—¿Cómo surgió TN Tecno?

—Hace 18 años que estoy en Telenoche y Santiago (do Rego) fue mi productor durante mucho tiempo en las notas de tecnología. Siempre nos preguntaban sobre los teléfonos o las computadoras. Entonces Santi me propuso hacer un programa para ese sector y nos autorizaron la idea.

—Me parece que el éxito del show son ustedes dos...

—¿Sabés cuál es la clave? Santi y yo somos amigos. No es que buscaron a un conductor y le pusieron a un co-conductor. Esto es un tema planificado, la pasamos bien al aire y eso se nota. Después los temas, los viajes o las remeras que usamos, son cuestiones de agenda.

 

 

—¿Cuál es la última novedad que te haya sorprendido?

—El Avance, con mayúscula, de los últimos diez años fue el smartphone, el teléfono inteligente.
Está tan incorporado que ya no creemos que sea un avance pero el celular no tiene más de ese tiempo. El IPhone fue tomado como el primero de esta línea y es de 2007. No nos detenemos a pensar todo lo que cambió en nuestras vidas. Hoy puedo hacer una nota, pero eso es apenas una aplicación más. Los adolescentes lo utilizan pero pueden pasar semanas sin hablar por el teléfono. Lo usan de pantalla de televisión, cámara de fotos, mensajería, de comunicación con profesores.

—¿Y a vos en qué te cambió?

—En todo, lo utilizo para todo. A veces me preguntan qué tipo de sistema operativo uso. De las opciones del mercado, uso Android. Son muchos días en los que no meto mano en una de las computadoras tradicionales. Está en tu bolsillo, si estoy en la Cordillera de los Andes y hay señal, estoy trabajando con el teléfono. ¿Cómo sería la vida diaria sin celular para un periodista? Es imposible. Y para otra gente también. Si sos carpintero, bueno. Pero para aquellos que tienen un oficio, el celular es la clave.

—¿Mejoró el periodismo con estas herramientas?

—Creó que mejoró, lo que empeoramos fue el estrés, claramente. El WhatsApp es una válvula de estrés salvaje. En el resto mejoró todo. Ahora puedo estar hablando con un fiscal para que me tire letra de una causa cuando antes, ibas a tomarte un café con tu fuente.

—Fuiste un pionero con el uso del drone y ahora está en auge. ¿Cómo llegó a vos?

—En la última gran renovación de Telenoche, en 2015, ahí los jefes nos pidieron una propuesta para renovar. Mirá si caló el drone que en ese año ni se usaban. Se me ocurrió que había un mundo para explorar y empezamos a usarlo. Primero para ver algo que no se podía observar de otra manera, desde una manifestación hasta una inundación.

—Hablás castellano, inglés, algo de alemán...

—Fui al Nacional de Buenos Aires, un colegio al que le tengo mucho cariño. Soy de familia alemana y estudié un poquito de chico, por eso no puedo decir que lo hablo pero lo entiendo bien. El inglés está presente en todos lados, en internet. Ya uno no se plantea cómo estás leyendo, vas a la información sin importar el idioma en el que esté.

—¿Cómo fue tu infancia? ¿Con qué jugabas?

—Una gran deuda en mi vida son los deportes. Soy cero deportes, no hice nunca. Andaba en bicicleta en la vereda. Soy la última generación de porteños que jugaron en la vereda. Disfrutaba mucho, llegaba de la escuela, comía, hacía la tarea y me iba a la calle a jugar con Eduardito o Juan Manuel. Eso es lo que más recuerdo. En los 80 había Atari, pero no le dedicábamos tanto tiempo, era jugar un rato nomás. Fue una infancia más física, que digital. Eran tiempos incipientes de la tecnología. Los autitos fueron mis juguetes favoritos, junto a los Playmóbil. Alguna que otra figurita y las cartas Cromy tipo Match 4. Los juegos Casio eran lindos, eran caros, pero los prestábamos entre amigos. Era más colaborativo.

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"La tecnología cambió el periodismo, pero empeoró el estrés"

Es uno de los representantes del nuevo periodismo en la tele argentina. Se hizo popular por hablar de tecnología y aprovecharla para realizar su trabajo. Con “Cooltura” habló de su carrera, su infancia, su presente y su deuda de visitar otra vez San Luis.

Federico Wiemeyer es una de las caras visibles del noticiero central de Canal 13 de Buenos Aires. Irrumpió en el periodismo televisivo como la joven camada y sin querer ingresó en la forma de hacer tele un elemento que en la jerga futbolera sería un golazo de media cancha: el drone. Gracias a ese aparato tecnológico registró desde el aire la inundación en Luján en 2015 y fue un puntapié para que en los noticieros se hable de teléfonos celulares y redes sociales.

Es uno de los conductores de “TN Tecno”, que realiza junto a su colega y amigo, Santiago do Rego. Todo tiene que ver con todo, dicen. Es coleccionista, entusiasta de la tecnología y esos gus tos lo llevaron a desenvolverse en su carrera.

Es locutor nacional, con carnet otorgado por el ISER, y periodista recibido en el TEA (Taller Escuela Agencia). Trabajó en medios gráficos como el diario La Nación y la revista Humor. Fue corresponsal en la Argentina de TVN de Chile y RCN Colombia.

Entre su abultada rutina, Wiemeyer tuvo tiempo para hablar con “Cooltura” y sentirse del otro lado del mostrador: como entrevistado.

 

"El término nerd tiene que ver con la globalización. Con eso de encontrarte que no eras vos solo el que coleccionaba autitos o muñecos del Jack".

 

—¿Sos candidato a quedarte como conductor único en Telenoche?

—Es que cambió en los últimos años, sobre todo en el último, que se fue Santo Biasatti. Cambiamos el formato tradicional de conductores fijos y pasamos a tener un formato más coral de periodistas. La conductora es María Laura (Santillán) pero hay un equipo de 15 periodistas que están al aire permanentemente y sucede que durante un par de minutos, la figura de la conductora no está en la pantalla. No creo que sea momento de reemplazos y me parece que este formato va a andar durante varios años más.

—¿Por qué cambió el formato de los noticieros?

—Fue por la irrupción de internet y del formato audiovisual. Dos conductores sentados delante de una mesa, igual que cuando se inventó la televisión más allá de los recursos técnicos, te remite a la década del cuarenta. La evolución de internet te permite probar cosas nuevas, esa cultura del videoclip le da más dinamismo a la pantalla. Por otro lado, creo que la importancia de un noticiero no recae, necesariamente, en una o dos personas. Hay un equipo de noticias trabajando y ahora se ve mucho más.

—¿Por qué te metiste en el periodismo?

—Estudié cuando salí del secundario. Primero locución y después periodismo. Elegí porque en ese momento me gustaba leer y escribir. Quería ver si podía dedicar mi vida a eso. Fue el principal motivo. Arranqué escribiendo en La Nación y después terminé haciendo tele.

 

 

—Antes a los nerds le hacían bullying pero ahora parece que está de moda. ¿No?

—Ese también es un cambio de internet de los últimos diez años. La interrupción masiva de la tecnología en la vida de todos ganó en un sector que se dedicaba a las computadoras a mediados de los noventa. Antes tu amigo que te ayudaba a setear la computadora, pasó a ser parte de la vida cotidiana. Eso forma parte de la legalización del nerd. Ese término, el nerd, tiene que ver con la globalización. Con eso de encontrarte que no eras vos solo el que coleccionaba autitos o muñecos del Jack. Sino que ahora hay un montón más y quizás uno está al frente de tu casa, y no lo sabías.

—¿Vos cómo vivís el coleccionismo?, ¿coleccionás autos?

—Me decís coleccionista de autos y pareciera que son de verdad. No, son autitos (risas). Es mi cable a tierra. Hace veinte años que colecciono. Mi historia comenzó de joven, siempre me gustaron los autitos como juguete y un día, a los 20, me compré uno para ponerlo en una repisa. A partir de ahí arranqué y lo seguí como un hobbie que me gusta mucho. Tengo vitrinas y para mí es un gran cable a tierra. Sobre todo para el oficio al que me dedico. A veces terminás con los cables pelados y llegar a mi casa y ponerme a ordenar un estante de autos ingleses de los años 50, me ordena la cabeza.

—Es un hobbie que no se termina nunca…

—Sí, pero además de los coches en cuestión, me permitió conocer a mucha gente y compartir mi interés con otras personas. A veces voy a las ferias de pulgas a charlar nomás. Tengo un grupo de gente, a veces se suman, otras se bajan. Conversás y ahí participa el espíritu de tener las cosas ordenadas y clasificar las cosas.

—¿Cómo llevás el contacto con la gente?

—Más allá de los enfrentamientos entre la empresa en la que trabajo y el Gobierno anterior, y de ciertas agresiones que pasaron todos los que trabajamos ahí (que conmigo fue poco) el contacto suele ser muy cariñoso cuando te piden una foto o te saludan. Soy muy agradecido con esa demostración.

—Me imagino que sos de viajar por el trabajo. ¿No te cansás?

—No, porque no es todas las semanas. Hacemos varios viajes internacionales por año, al igual que por Argentina. Hay algún momento en el año en que prefiero quedarme en mi casa, pero no. Cuando viajás, te abre la cabeza. Y también cuando conocés el país, soy un agradecido de mi trabajo que me permitió ver la riqueza inconmensurable de Argentina. Hay lugares que si no fuera por mi trabajo, no hubiera ido nunca.

—¿Por ejemplo?

—Una escuelita rural en Misiones. No en las Cataratas. A 300 kilómetros tierra adentro en la tierra colorada, bien en la selva misionera. No hubiera ido nunca si no fuera por trabajo. La semana pasada volví de la Cordillera de los Andes, de hacer una nota a un pueblo tapado por la nieve.

—¿Conocés San Luis?

—Fui una sola vez, de chico. Me llevaron mis padres a un campamento. Fue a Merlo. Después por trabajo nunca me tocó, pero ya en algún momento me tocará.

—¿En vacaciones sos de la playa o de las montañas?

—Hacemos playas, en las vacaciones suelo irme a Uruguay con mi familia. Tengo tres hijos. A mí me gusta más la montaña que la playa, pero a la hora de definir, hay que pensar en el grupo familiar, donde vayan a estar más cómodos.

—¿Tus conocidos te utilizan para que le recomiendes teléfonos?

—Eso es a diario, todo el tiempo. Generalmente pregunto para qué lo quieren porque todos quieren el último Iphone. “Recomendame el mejor teléfono”. Entonces les digo los últimos Samsung o Iphone. La gente se asusta cuando le decís un precio y es caro. Yo les digo que me preguntaron cuál era el mejor. Ahora, vamos de vuelta. Les pregunto para qué lo quieren. Si usás Facebook y Whatsapp y entonces andá a una línea más acorde. Siempre busco un intermedio de lo que quieren y para qué les sirve.

—¿Cómo surgió TN Tecno?

—Hace 18 años que estoy en Telenoche y Santiago (do Rego) fue mi productor durante mucho tiempo en las notas de tecnología. Siempre nos preguntaban sobre los teléfonos o las computadoras. Entonces Santi me propuso hacer un programa para ese sector y nos autorizaron la idea.

—Me parece que el éxito del show son ustedes dos...

—¿Sabés cuál es la clave? Santi y yo somos amigos. No es que buscaron a un conductor y le pusieron a un co-conductor. Esto es un tema planificado, la pasamos bien al aire y eso se nota. Después los temas, los viajes o las remeras que usamos, son cuestiones de agenda.

 

 

—¿Cuál es la última novedad que te haya sorprendido?

—El Avance, con mayúscula, de los últimos diez años fue el smartphone, el teléfono inteligente.
Está tan incorporado que ya no creemos que sea un avance pero el celular no tiene más de ese tiempo. El IPhone fue tomado como el primero de esta línea y es de 2007. No nos detenemos a pensar todo lo que cambió en nuestras vidas. Hoy puedo hacer una nota, pero eso es apenas una aplicación más. Los adolescentes lo utilizan pero pueden pasar semanas sin hablar por el teléfono. Lo usan de pantalla de televisión, cámara de fotos, mensajería, de comunicación con profesores.

—¿Y a vos en qué te cambió?

—En todo, lo utilizo para todo. A veces me preguntan qué tipo de sistema operativo uso. De las opciones del mercado, uso Android. Son muchos días en los que no meto mano en una de las computadoras tradicionales. Está en tu bolsillo, si estoy en la Cordillera de los Andes y hay señal, estoy trabajando con el teléfono. ¿Cómo sería la vida diaria sin celular para un periodista? Es imposible. Y para otra gente también. Si sos carpintero, bueno. Pero para aquellos que tienen un oficio, el celular es la clave.

—¿Mejoró el periodismo con estas herramientas?

—Creó que mejoró, lo que empeoramos fue el estrés, claramente. El WhatsApp es una válvula de estrés salvaje. En el resto mejoró todo. Ahora puedo estar hablando con un fiscal para que me tire letra de una causa cuando antes, ibas a tomarte un café con tu fuente.

—Fuiste un pionero con el uso del drone y ahora está en auge. ¿Cómo llegó a vos?

—En la última gran renovación de Telenoche, en 2015, ahí los jefes nos pidieron una propuesta para renovar. Mirá si caló el drone que en ese año ni se usaban. Se me ocurrió que había un mundo para explorar y empezamos a usarlo. Primero para ver algo que no se podía observar de otra manera, desde una manifestación hasta una inundación.

—Hablás castellano, inglés, algo de alemán...

—Fui al Nacional de Buenos Aires, un colegio al que le tengo mucho cariño. Soy de familia alemana y estudié un poquito de chico, por eso no puedo decir que lo hablo pero lo entiendo bien. El inglés está presente en todos lados, en internet. Ya uno no se plantea cómo estás leyendo, vas a la información sin importar el idioma en el que esté.

—¿Cómo fue tu infancia? ¿Con qué jugabas?

—Una gran deuda en mi vida son los deportes. Soy cero deportes, no hice nunca. Andaba en bicicleta en la vereda. Soy la última generación de porteños que jugaron en la vereda. Disfrutaba mucho, llegaba de la escuela, comía, hacía la tarea y me iba a la calle a jugar con Eduardito o Juan Manuel. Eso es lo que más recuerdo. En los 80 había Atari, pero no le dedicábamos tanto tiempo, era jugar un rato nomás. Fue una infancia más física, que digital. Eran tiempos incipientes de la tecnología. Los autitos fueron mis juguetes favoritos, junto a los Playmóbil. Alguna que otra figurita y las cartas Cromy tipo Match 4. Los juegos Casio eran lindos, eran caros, pero los prestábamos entre amigos. Era más colaborativo.

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