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Sobre héroes y tumbas

Miguel Garro

El Cementerio de la Chacarita tiene 95 hectáreas llenas de cuerpos, historias, famosos y una fascinación extra para los visitantes. ¿Cómo es uno de los descansos eternos más grandes del país?

Hay alguna razón un tanto morbosa, un tanto curiosa, que convierte a los cementerios en atractivos turísticos o en lugares de visita no precisamente para familiares de los que allí descansan. En ese rubro, el de Chacarita, enclavado en el corazón populoso de Buenos Aires, es acaso la más representativa de las necrópolis argentinas: un inmenso parque donde grandes mausoleos se mezclan con tumbas al ras de la tierra y nichos abandonados. El parque mortuorio está lejos de vivir un clima de recogimiento. Los colectivos que atestan la avenida Guzmán, por donde está la entrada principal, la estación de trenes Federico Lacroze que está al frente, la famosa pizzería Imperio que no apaga sus luces casi nunca, los vendedores de flores de la entrada y los cientos de empleados que no paran de dar vueltas le dan una vida propia y ruidosa al lugar donde descansan los muertos.

Junto con el de Recoleta, el cementerio de Chacarita se disputa el trono de los reposos de las personalidades más importantes del país. En Recoleta están Eva Perón, Luis Federico Leloir, José Hernández, Adolfo Bioy Casares y Luis Ángel Firpo, entre otros; en tanto que en la Chacarita descansan Carlos Gardel, Gustavo Cerati, Juan Carlos Calabró, Antonio Berni, Gianni Lunadei, Osvaldo Pugliese y Enrique Santos Discépolo. En esa necrópolis permaneció también el que fue el sanluiseño más famoso de la historia: José María Gatica. El cuerpo fue sacado de allí en 2013 cuando el Gobierno Provincial decidió su traslado hasta el Palacio Municipal de los Deportes, en su Villa Mercedes natal. En el panteón de la Asociación Argentina de Actores, hay otro provinciano ilustre: Francisco Pablo Quiroga Soria, más conocido como “Don Pelele”.

La instalación del panteón de esa agrupación hace que a la Chacarita vayan muchos artistas en sus primeros meses de fallecidos, hasta que sus familiares consiguen otro lugar o, como en el caso de Norberto “Pappo” Napolitano, la fuerza popular los lleva a un sitio más expuesto. Sin embargo allí están Alberto Olmedo, Javier Portales, Julio De Grazia, Jorge Porcel y Lolita Torres. Algo parecido pasa con el edificio de Sadaic, donde descansan María Gabriela Epumer, Cátulo Castillo, Enrique Cadícamo y Rosamel Araya, entre muchos otros.

 


La fastuosa tumba de Jorge Newbery.

 

Sobre el final de un amplio campo de descanso hay un apartado donde están los mausoleos de varios conocidos oportunamente bautizado “El rincón de los notables”. Allí están Osvaldo Pugliese, Juan y Alfredo Gálvez, Quinquela Martín, Alfonsina Storni, Luis Sandrini, Aníbal Troilo y Adolfo Pedernera.

La primera impresión al ingresar por la puerta principal es de amplitud. Un parque con baldosas y grandes árboles dominan la zona inicial, donde están los mausoleos más importantes, algunos con una arquitectura notable. Uno de los más destacados es el de Jorge Newbery, el aviador fallecido en un accidente aéreo en Mendoza, que tiene una enorme estatua alada.

Como toda polis, el cementerio está organizado por calles, la mayoría empedradas, con veredas acordonadas y sus números para denominarlas. Para redondear el concepto de necrópolis, al lado del de Chacarita está el cementerio judío y al lado, el británico.

Ya adentrado en los terrenos mortuorios, la segunda parte del predio es la de las tumbas terrestres, la forma más humilde de descansar en las casi cien hectáreas que tiene el cementerio. Y una tercera opción son las llamadas galerías, donde se hospedan los nichos.

 


Gardel, uno de los mas visitados en Chacarita.

 

En total hay 14 de esas edificaciones que tienen tumbas contra la pared, como si fueran una cuadrícula de silencio. Algunas de esas galerías –cuya limpieza, cuidado y humedad van variando de acuerdo a los precios y a las ubicaciones- pueden tener hasta 13 mil cuerpos, lo que hace imposible iniciar cualquier tipo de cálculo para conocer la cantidad aproximada de moradores que tiene el cementerio.

Sin embargo, algunas investigaciones recientes que llegaron a la Dirección de Cementerios del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, de donde depende el de Chacarita, indican que hace ya bastantes años que no hay más lugar en el camposanto. Las soluciones que encontraron los funcionarios fueron las de ir sacando los muertos más viejos y por ende más olvidados y depositarlos en los crematorios que están en el cementerio. La otra opción es hacer que la capacidad crezca hacia abajo, hacia el subterráneo centro de la Tierra, en contraposición con una ciudad que tiene cada vez más edificios.

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Sobre héroes y tumbas

El Cementerio de la Chacarita tiene 95 hectáreas llenas de cuerpos, historias, famosos y una fascinación extra para los visitantes. ¿Cómo es uno de los descansos eternos más grandes del país?

Hay alguna razón un tanto morbosa, un tanto curiosa, que convierte a los cementerios en atractivos turísticos o en lugares de visita no precisamente para familiares de los que allí descansan. En ese rubro, el de Chacarita, enclavado en el corazón populoso de Buenos Aires, es acaso la más representativa de las necrópolis argentinas: un inmenso parque donde grandes mausoleos se mezclan con tumbas al ras de la tierra y nichos abandonados. El parque mortuorio está lejos de vivir un clima de recogimiento. Los colectivos que atestan la avenida Guzmán, por donde está la entrada principal, la estación de trenes Federico Lacroze que está al frente, la famosa pizzería Imperio que no apaga sus luces casi nunca, los vendedores de flores de la entrada y los cientos de empleados que no paran de dar vueltas le dan una vida propia y ruidosa al lugar donde descansan los muertos.

Junto con el de Recoleta, el cementerio de Chacarita se disputa el trono de los reposos de las personalidades más importantes del país. En Recoleta están Eva Perón, Luis Federico Leloir, José Hernández, Adolfo Bioy Casares y Luis Ángel Firpo, entre otros; en tanto que en la Chacarita descansan Carlos Gardel, Gustavo Cerati, Juan Carlos Calabró, Antonio Berni, Gianni Lunadei, Osvaldo Pugliese y Enrique Santos Discépolo. En esa necrópolis permaneció también el que fue el sanluiseño más famoso de la historia: José María Gatica. El cuerpo fue sacado de allí en 2013 cuando el Gobierno Provincial decidió su traslado hasta el Palacio Municipal de los Deportes, en su Villa Mercedes natal. En el panteón de la Asociación Argentina de Actores, hay otro provinciano ilustre: Francisco Pablo Quiroga Soria, más conocido como “Don Pelele”.

La instalación del panteón de esa agrupación hace que a la Chacarita vayan muchos artistas en sus primeros meses de fallecidos, hasta que sus familiares consiguen otro lugar o, como en el caso de Norberto “Pappo” Napolitano, la fuerza popular los lleva a un sitio más expuesto. Sin embargo allí están Alberto Olmedo, Javier Portales, Julio De Grazia, Jorge Porcel y Lolita Torres. Algo parecido pasa con el edificio de Sadaic, donde descansan María Gabriela Epumer, Cátulo Castillo, Enrique Cadícamo y Rosamel Araya, entre muchos otros.

 


La fastuosa tumba de Jorge Newbery.

 

Sobre el final de un amplio campo de descanso hay un apartado donde están los mausoleos de varios conocidos oportunamente bautizado “El rincón de los notables”. Allí están Osvaldo Pugliese, Juan y Alfredo Gálvez, Quinquela Martín, Alfonsina Storni, Luis Sandrini, Aníbal Troilo y Adolfo Pedernera.

La primera impresión al ingresar por la puerta principal es de amplitud. Un parque con baldosas y grandes árboles dominan la zona inicial, donde están los mausoleos más importantes, algunos con una arquitectura notable. Uno de los más destacados es el de Jorge Newbery, el aviador fallecido en un accidente aéreo en Mendoza, que tiene una enorme estatua alada.

Como toda polis, el cementerio está organizado por calles, la mayoría empedradas, con veredas acordonadas y sus números para denominarlas. Para redondear el concepto de necrópolis, al lado del de Chacarita está el cementerio judío y al lado, el británico.

Ya adentrado en los terrenos mortuorios, la segunda parte del predio es la de las tumbas terrestres, la forma más humilde de descansar en las casi cien hectáreas que tiene el cementerio. Y una tercera opción son las llamadas galerías, donde se hospedan los nichos.

 


Gardel, uno de los mas visitados en Chacarita.

 

En total hay 14 de esas edificaciones que tienen tumbas contra la pared, como si fueran una cuadrícula de silencio. Algunas de esas galerías –cuya limpieza, cuidado y humedad van variando de acuerdo a los precios y a las ubicaciones- pueden tener hasta 13 mil cuerpos, lo que hace imposible iniciar cualquier tipo de cálculo para conocer la cantidad aproximada de moradores que tiene el cementerio.

Sin embargo, algunas investigaciones recientes que llegaron a la Dirección de Cementerios del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, de donde depende el de Chacarita, indican que hace ya bastantes años que no hay más lugar en el camposanto. Las soluciones que encontraron los funcionarios fueron las de ir sacando los muertos más viejos y por ende más olvidados y depositarlos en los crematorios que están en el cementerio. La otra opción es hacer que la capacidad crezca hacia abajo, hacia el subterráneo centro de la Tierra, en contraposición con una ciudad que tiene cada vez más edificios.

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