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Un ruso corre por el agua potable y pasó por San Luis

Desde 2017 recorre  el hemisferio sur. Llegó a Sudamérica hace poco menos de un mes.

Nada es peor que pasar necesidades y ese fue el puntapié que a Ruslan Shakin, un ciudadano ruso, lo motivó a experimentar el objetivo de construir pozos de agua para 300 personas en el país africano de Etiopía. El hombre de 38 años viaja corriendo y hasta el momento lleva recorridos alrededor de 10.000 kilómetros por el hemisferio sur. Estuvo en países como Japón y Nueva Zelanda. Hace menos de un mes llegó a Chile para emprender el último tramo que terminará en Buenos Aires de donde partirá en un avión para ayudar a quienes no tienen acceso al agua potable. 

Él tenía una vida de comodidades. Vivía en Los Ángeles, Estados Unidos, y trabajaba en una empresa de logística. Luego de conocer, a través de libros, la realidad que viven los habitantes del continente africano, decidió, como solo lo hace un altruista, abandonar su lugar de residencia para correr con un coche de bebé adaptado para cargar sus pertenencias. Pensó que sin la ayuda de la gente no sería posible. Por eso decidió poner el cuerpo y pedirle a la gente que colabore con donaciones.  Pasó por San Luis y estuvo solo un día. Hoy empezaba su travesía rumbo a Villa Mercedes que lo llevará por Córdoba, Rosario y luego a Buenos Aires.

 

 

La falta de agua potable en África conmovió a Shakin quien en su página web, en la que recibe las donaciones, explica que alrededor de 663 millones de personas en África, beben agua sucia y que con la contribución solidaria de la gente es posible revertirlo y así prevenir enfermedades. Durante el momento en que visitó El Diario, Ruslan solo había logrado juntar 2.900 dólares de un total de 20 mil. "La mitad de lo recaudado será para apoyar mi solitaria recorrida por todo el hemisferio sur. Los otros 10 mil que logre juntar serán para realizar pozos o colocar bombas de agua en zonas críticas de Etiopía para las que tengo pensado contratar mano de obra calificada que pueda realizar la obra", explicó y añadió que una vez que llegue a Buenos Aires y termine de juntar el dinero viajará hacía el país y permanecerá allí hasta culminar su misión.

Explicó que correr es un desafío personal, pero además es una forma de sentir el rigor de lo que significa no contar con las necesidades básicas, tal y como les sucede a los pobres de todo el mundo. "En el planeta hay cerca de 8 millones de personas que padecen la escasez de agua potable. Al finalizar el objetivo, correré por el hemisferio norte con algún nuevo acto de solidaridad que no necesariamente esté relacionada con la falta de agua para consumo humano", pensó Ruslan.

Al llegar a Latinoamérica descubrió con asombro que la cultura local es muy distinta a lo que conoce. "Descubrí pequeños pueblos con personas de grandes corazones que mostraron una gran solidaridad. Encontré adónde alojarme y colaboraron con la difusión de lo que hago", contó y agregó que salió en 2017, tiempo en el que padeció mucho calor por lo que tan solo hacía 15 kilómetros por día. "Por estas latitudes tuve jornadas en las que pude recorrer hasta 80 kilómetros". 

El punto de partida en América del Sur fue desde la comuna de Concón en Chile, lugar desde el cual planificó 1.500 kilómetros hasta llegar a la capital del país.  Hoy transita las rutas sanluiseñas.

 

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Un ruso corre por el agua potable y pasó por San Luis

Desde 2017 recorre  el hemisferio sur. Llegó a Sudamérica hace poco menos de un mes.

Charity Water. Así nombró la misión que llevará agua potable. Foto: Martín Gómez/Gentileza de Ruslan Shankin

Nada es peor que pasar necesidades y ese fue el puntapié que a Ruslan Shakin, un ciudadano ruso, lo motivó a experimentar el objetivo de construir pozos de agua para 300 personas en el país africano de Etiopía. El hombre de 38 años viaja corriendo y hasta el momento lleva recorridos alrededor de 10.000 kilómetros por el hemisferio sur. Estuvo en países como Japón y Nueva Zelanda. Hace menos de un mes llegó a Chile para emprender el último tramo que terminará en Buenos Aires de donde partirá en un avión para ayudar a quienes no tienen acceso al agua potable. 

Él tenía una vida de comodidades. Vivía en Los Ángeles, Estados Unidos, y trabajaba en una empresa de logística. Luego de conocer, a través de libros, la realidad que viven los habitantes del continente africano, decidió, como solo lo hace un altruista, abandonar su lugar de residencia para correr con un coche de bebé adaptado para cargar sus pertenencias. Pensó que sin la ayuda de la gente no sería posible. Por eso decidió poner el cuerpo y pedirle a la gente que colabore con donaciones.  Pasó por San Luis y estuvo solo un día. Hoy empezaba su travesía rumbo a Villa Mercedes que lo llevará por Córdoba, Rosario y luego a Buenos Aires.

 

 

La falta de agua potable en África conmovió a Shakin quien en su página web, en la que recibe las donaciones, explica que alrededor de 663 millones de personas en África, beben agua sucia y que con la contribución solidaria de la gente es posible revertirlo y así prevenir enfermedades. Durante el momento en que visitó El Diario, Ruslan solo había logrado juntar 2.900 dólares de un total de 20 mil. "La mitad de lo recaudado será para apoyar mi solitaria recorrida por todo el hemisferio sur. Los otros 10 mil que logre juntar serán para realizar pozos o colocar bombas de agua en zonas críticas de Etiopía para las que tengo pensado contratar mano de obra calificada que pueda realizar la obra", explicó y añadió que una vez que llegue a Buenos Aires y termine de juntar el dinero viajará hacía el país y permanecerá allí hasta culminar su misión.

Explicó que correr es un desafío personal, pero además es una forma de sentir el rigor de lo que significa no contar con las necesidades básicas, tal y como les sucede a los pobres de todo el mundo. "En el planeta hay cerca de 8 millones de personas que padecen la escasez de agua potable. Al finalizar el objetivo, correré por el hemisferio norte con algún nuevo acto de solidaridad que no necesariamente esté relacionada con la falta de agua para consumo humano", pensó Ruslan.

Al llegar a Latinoamérica descubrió con asombro que la cultura local es muy distinta a lo que conoce. "Descubrí pequeños pueblos con personas de grandes corazones que mostraron una gran solidaridad. Encontré adónde alojarme y colaboraron con la difusión de lo que hago", contó y agregó que salió en 2017, tiempo en el que padeció mucho calor por lo que tan solo hacía 15 kilómetros por día. "Por estas latitudes tuve jornadas en las que pude recorrer hasta 80 kilómetros". 

El punto de partida en América del Sur fue desde la comuna de Concón en Chile, lugar desde el cual planificó 1.500 kilómetros hasta llegar a la capital del país.  Hoy transita las rutas sanluiseñas.

 

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