El trigo creció en superficie, pero sufrió con los rindes

Juan Luna

La cosecha terminó en San Luis y está prácticamente finalizada en el resto del país. La sequía complicó al cultivo y bajó la producción que se había logrado entre 2018 y 2019.

Entre los últimos meses de un año y los primeros del otro, algunos productores tienen su cabeza dividida: por un lado están ocupados en la siembra de la campaña gruesa y, por el otro, están pendientes de la cosecha de los cultivos de grano fino.

Ese es uno de los motivos por los que el trigo no es una opción más potente en San Luis, que cuenta con una ventana libre de heladas demasiado estrecha para realizar la rotación entre cultivos, cuando la prioridad está puesta en el maíz y la soja.

A pesar de eso, en los últimos años se mantuvo una tendencia de crecimiento para el cereal y la superficie sembrada se ha incrementado en la provincia.

La Bolsa de Cereales de Buenos Aires, que realiza un seguimiento semanal de las principales explotaciones agrícolas en todo el país, informó que en esta campaña (que arrancó en 2019) fueron implantadas 12.000 hectáreas con trigo en todo el territorio provincial. Eso representa un 20% más que en 2018, cuando se habían sembrado 10.000, y cuatro veces más de las 3.000 que se habían hecho en 2012. En todos esos años, la curva siempre fue de aumento en superficie.

Ahora, entre finales de diciembre y los primeros días de enero, las tareas de recolección se completaron en 11.300 de esas 12.000 hectáreas, por lo que el porcentaje de pérdidas fue un poco menos del 6%.

Según los datos que aporta la entidad agrícola, la producción final del cereal en San Luis fue de 24.172 toneladas y el rendimiento promedio alcanzó los 21.4 quintales por hectárea.

 

La estrecha ventana de siembra impide que el trigo tenga mayor protagonismo en San Luis, donde las fichas están puestas principalmente en el maíz y la soja.



El número no es malo, sobre todo si se tienen en cuenta los bajos rindes que se obtenían hace un tiempo en la provincia, pero es inferior al obtenido en los últimos años. De hecho, los valores son los más bajos registrados desde el 2014, cuando se había producido un promedio de 11,8 quintales.

Desde el 2015 hasta el 2018, los rendimientos habían oscilado en la gama de los 2.250 hasta los 2.380 kilos, aunque con muchas mejores condiciones climáticas y mejores registros de lluvia.

Ese fue uno de los principales obstáculos que enfrentó la campaña fina durante el invierno y la primavera que pasaron. Los bajos registros de precipitaciones hicieron retrasar la siembra en algunos campos y afectaron la formación de granos de las plantas.

Ramiro Goncalvez, quien trabaja como asesor agrícola de diferentes campos desparramados por la geografía puntana, y es un habitual colaborador con información fresca, le contó a la revista El Campo su experiencia en la temporada que ya concluyó. Este año, en un solo establecimiento de los que controla optaron por el cereal en una extensión de apenas 150 hectáreas, que de todos modos sirve como muestra de algunos problemas que sufrieron estos cultivos invernales.

"Fue una campaña durísima porque la falta de lluvias hizo que se retrasara la siembra. La solemos hacen en junio y la tuvimos que realizar en julio, pero recién nació en agosto. El macollaje se desarrolló muy poco, y las precipitaciones llegaron recién en octubre para la época de floración", describió.

Cosecharon esos lotes en las últimas semanas de diciembre, pero los rendimientos fueron aún más bajos que los del promedio expuesto por la Bolsa de Cereales Buenos Aires.

Aunque San Luis fue una de las provincias que finalizó la recolección, todavía hay algunas zonas del país que no terminaron de levantar la producción. Según el mismo organismo, el grado de avance a nivel nacional es del 92% sobre una superficie de 6.600.000 hectáreas.

De ese total, ya fueron recolectadas  5.924.364 hectáreas con una producción de 16.696.977 toneladas y un rinde promedio de 28,2 quintales. Con esos parámetros, estiman que el volumen total producido en el territorio argentino será de 18.500.000 cuando finalicen las tareas, un poco menos de lo que se consiguió la campaña pasada.

 

El rinde promedio en la provincia fue de 21.400 kilos por hectárea, un valor menor a los 2.380 que se habían conseguido en la campaña anterior, entre 2018 y 2019.



A diferencia de lo que pasa en San Luis, el cereal no ha tenido una gran expansión en los últimos veinte años. Es cierto que la extensión fue una de las más altas en el pasado cercano y será considerada como una cosecha récord cuando se terminen de calcular los números de ganancias. Pero en retrospectiva, estos números recién empiezan a empardar a los valores que se tienen desde hace dos décadas.

Los datos históricos señalan que entre el 2000 y 2001 se habían sembrado 6.500.000 hectáreas en todo el país, prácticamente lo mismo que se hizo en esta última temporada. Sin embargo, hubo profundos vaivenes, con un piso de 3.370 hectáreas en 2013 y un máximo de 7.000 en el 2002.


Otros cultivos

Con todas las fichas en la campaña gruesa, no hay demasiadas apuestas ni datos de otros cultivos de grano fino en la provincia, como la cebada.

En cambio, las principales explotaciones agrícolas de verano están en pleno movimiento y trabajo, con las esperanzas renovadas en una nueva temporada. No será fácil. Las condiciones hídricas volvieron a ser complejas en la mayor parte del terreno provincial y las lluvias recién se reactivaron en los últimos tramos del 2019, con temperaturas elevadas que superaron los 35° en muchas de las localidades. En ese contexto se realiza la siembra del maíz y la soja, las dos especies que más espacio ocupan en la agricultura puntana.

Según los datos disponibles hasta el momento, la mayoría de los campos ha terminado ese arduo trabajo de implantar las semillas.

Para el maíz, el porcentaje de avance es de un 94% según la bolsa porteña, con una superficie de 305.760 hectáreas sobre las 325.000 proyectadas.

El progreso registrado en la oleaginosa es aún mayor y ya alcanza el 99% del total. Son 235.392 de las 237.000 hectáreas que se pretenden sembrar las que ya están listas, bajo el cobijo de la tierra y a la espera de la bendición de las lluvias, tan necesarias y al mismo tiempo tan esquivas últimamente.

La agricultura vuelve a poner sobre el paño sus apuestas, aunque ahora deberá contemplar otras reglas de juego. Las retenciones, recientemente incrementadas, tendrán una incidencia sobre el resultado de la campaña y probablemente sean determinantes a la hora de saber si en el futuro cercano la producción crece o queda empantanada.

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El trigo creció en superficie, pero sufrió con los rindes

La cosecha terminó en San Luis y está prácticamente finalizada en el resto del país. La sequía complicó al cultivo y bajó la producción que se había logrado entre 2018 y 2019.

En proceso. En el resto del país todavía quedan algunos pocos campos por cosechar.

Entre los últimos meses de un año y los primeros del otro, algunos productores tienen su cabeza dividida: por un lado están ocupados en la siembra de la campaña gruesa y, por el otro, están pendientes de la cosecha de los cultivos de grano fino.

Ese es uno de los motivos por los que el trigo no es una opción más potente en San Luis, que cuenta con una ventana libre de heladas demasiado estrecha para realizar la rotación entre cultivos, cuando la prioridad está puesta en el maíz y la soja.

A pesar de eso, en los últimos años se mantuvo una tendencia de crecimiento para el cereal y la superficie sembrada se ha incrementado en la provincia.

La Bolsa de Cereales de Buenos Aires, que realiza un seguimiento semanal de las principales explotaciones agrícolas en todo el país, informó que en esta campaña (que arrancó en 2019) fueron implantadas 12.000 hectáreas con trigo en todo el territorio provincial. Eso representa un 20% más que en 2018, cuando se habían sembrado 10.000, y cuatro veces más de las 3.000 que se habían hecho en 2012. En todos esos años, la curva siempre fue de aumento en superficie.

Ahora, entre finales de diciembre y los primeros días de enero, las tareas de recolección se completaron en 11.300 de esas 12.000 hectáreas, por lo que el porcentaje de pérdidas fue un poco menos del 6%.

Según los datos que aporta la entidad agrícola, la producción final del cereal en San Luis fue de 24.172 toneladas y el rendimiento promedio alcanzó los 21.4 quintales por hectárea.

 

La estrecha ventana de siembra impide que el trigo tenga mayor protagonismo en San Luis, donde las fichas están puestas principalmente en el maíz y la soja.



El número no es malo, sobre todo si se tienen en cuenta los bajos rindes que se obtenían hace un tiempo en la provincia, pero es inferior al obtenido en los últimos años. De hecho, los valores son los más bajos registrados desde el 2014, cuando se había producido un promedio de 11,8 quintales.

Desde el 2015 hasta el 2018, los rendimientos habían oscilado en la gama de los 2.250 hasta los 2.380 kilos, aunque con muchas mejores condiciones climáticas y mejores registros de lluvia.

Ese fue uno de los principales obstáculos que enfrentó la campaña fina durante el invierno y la primavera que pasaron. Los bajos registros de precipitaciones hicieron retrasar la siembra en algunos campos y afectaron la formación de granos de las plantas.

Ramiro Goncalvez, quien trabaja como asesor agrícola de diferentes campos desparramados por la geografía puntana, y es un habitual colaborador con información fresca, le contó a la revista El Campo su experiencia en la temporada que ya concluyó. Este año, en un solo establecimiento de los que controla optaron por el cereal en una extensión de apenas 150 hectáreas, que de todos modos sirve como muestra de algunos problemas que sufrieron estos cultivos invernales.

"Fue una campaña durísima porque la falta de lluvias hizo que se retrasara la siembra. La solemos hacen en junio y la tuvimos que realizar en julio, pero recién nació en agosto. El macollaje se desarrolló muy poco, y las precipitaciones llegaron recién en octubre para la época de floración", describió.

Cosecharon esos lotes en las últimas semanas de diciembre, pero los rendimientos fueron aún más bajos que los del promedio expuesto por la Bolsa de Cereales Buenos Aires.

Aunque San Luis fue una de las provincias que finalizó la recolección, todavía hay algunas zonas del país que no terminaron de levantar la producción. Según el mismo organismo, el grado de avance a nivel nacional es del 92% sobre una superficie de 6.600.000 hectáreas.

De ese total, ya fueron recolectadas  5.924.364 hectáreas con una producción de 16.696.977 toneladas y un rinde promedio de 28,2 quintales. Con esos parámetros, estiman que el volumen total producido en el territorio argentino será de 18.500.000 cuando finalicen las tareas, un poco menos de lo que se consiguió la campaña pasada.

 

El rinde promedio en la provincia fue de 21.400 kilos por hectárea, un valor menor a los 2.380 que se habían conseguido en la campaña anterior, entre 2018 y 2019.



A diferencia de lo que pasa en San Luis, el cereal no ha tenido una gran expansión en los últimos veinte años. Es cierto que la extensión fue una de las más altas en el pasado cercano y será considerada como una cosecha récord cuando se terminen de calcular los números de ganancias. Pero en retrospectiva, estos números recién empiezan a empardar a los valores que se tienen desde hace dos décadas.

Los datos históricos señalan que entre el 2000 y 2001 se habían sembrado 6.500.000 hectáreas en todo el país, prácticamente lo mismo que se hizo en esta última temporada. Sin embargo, hubo profundos vaivenes, con un piso de 3.370 hectáreas en 2013 y un máximo de 7.000 en el 2002.


Otros cultivos

Con todas las fichas en la campaña gruesa, no hay demasiadas apuestas ni datos de otros cultivos de grano fino en la provincia, como la cebada.

En cambio, las principales explotaciones agrícolas de verano están en pleno movimiento y trabajo, con las esperanzas renovadas en una nueva temporada. No será fácil. Las condiciones hídricas volvieron a ser complejas en la mayor parte del terreno provincial y las lluvias recién se reactivaron en los últimos tramos del 2019, con temperaturas elevadas que superaron los 35° en muchas de las localidades. En ese contexto se realiza la siembra del maíz y la soja, las dos especies que más espacio ocupan en la agricultura puntana.

Según los datos disponibles hasta el momento, la mayoría de los campos ha terminado ese arduo trabajo de implantar las semillas.

Para el maíz, el porcentaje de avance es de un 94% según la bolsa porteña, con una superficie de 305.760 hectáreas sobre las 325.000 proyectadas.

El progreso registrado en la oleaginosa es aún mayor y ya alcanza el 99% del total. Son 235.392 de las 237.000 hectáreas que se pretenden sembrar las que ya están listas, bajo el cobijo de la tierra y a la espera de la bendición de las lluvias, tan necesarias y al mismo tiempo tan esquivas últimamente.

La agricultura vuelve a poner sobre el paño sus apuestas, aunque ahora deberá contemplar otras reglas de juego. Las retenciones, recientemente incrementadas, tendrán una incidencia sobre el resultado de la campaña y probablemente sean determinantes a la hora de saber si en el futuro cercano la producción crece o queda empantanada.

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