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“Al principio teníamos clientas y ahora tenemos fans”

A los 59 años, el creador de calzados se convirtió en uno de los empresarios más importantes del país. ¿Cómo hizo para construir a partir de un taller familiar un imperio rendido a sus pies?

Por Natalia Olguín
| 13 de enero de 2020
En la actualidad Sarkany cuenta con locales exclusivos en todo el país y otros en algunos países de Latinoamérica. Además, incorporó la venta online con la que llegan a Europa. Fotos: Paula Eliceo

El aroma del cuero es un recuerdo vivo de su infancia, tanto como las puntadas que aprendió a hacer al ver a su papá confeccionar zapatos. Ricky Sarkany creció en medio de los talleres que fueron de su bisabuelo primero, de su abuelo después y que heredó su padre. El oficio para él es una cuestión de legado y sangre, pero también de pasión y arte.

 

“Mi infancia fue mágica; recuerdo que empecé gateando entre pedacitos de cartulina porque mi padre hacía los moldes en una mesa de dibujo en el living de casa y cuando los cortaba, caían los pedacitos al piso y con eso hacía zapatitos en miniatura, jugaba con eso. Después empecé a acompañarlo a la fábrica y clavaba clavitos en las mesas de maderas de los artesanos. Para este oficio no hay ningún libro ni tutoriales en YouTube que te lo enseñe, sino que tenés que hacer ese malabarismo para moldear y hacer zapatos, aprendí a hacerlos y me enamoré de eso”, confesó el artista en una charla con “Cooltura”.

 

La familia Sarkany llegó en 1950 desde Hungría, en plena inmigración por la Segunda Guerra Mundial. El barrio porteño de Núñez fue el lugar elegido para montar su industria. Al principio era un espacio bien artesanal, con apenas unos banquitos, moldes dispersos por las estanterías y una mesa de corte donde nacían los modelos modernos en esa época en la que abundaba lo clásico. Los Sarkany fabricaban calzado con los que proveían a los demás negocios, pero lanzarse solos fue todo un desafío, no solo económico sino que se propusieron innovar con sus productos. “Cuando estudiaba en la facultad sabía que la ventaja competitiva nuestra era la creación, hacer algo distinto. Y tuve un caso fortuito de la hija del dueño de una zapatería, muy canchera, y la convencí de hacerle seis zapatos raros: negro punta roja, talón amarillo y el taco verde. Y totalmente esperanzado de que los demás comerciantes los compraran, pasó el tiempo y me los devolvió porque no los había vendido. Me enteré que en realidad nunca los exhibió porque le dio vergüenza; ahí me di cuenta que no teníamos posibilidad de vender nuestros diseños creativos a menos que abriéramos nuestra propia boca de venta al público”, recordó Ricky.

 

 


Los colores y los diseños especiales son el registro de una marca argentina que se posiciona en el exterior.

 

 

 

Hoy, la marca cuenta con locales exclusivos a lo largo de todo el territorio nacional y otros en algunos países de Latinoamérica. Además, han incorporado la venta online con la que llegan a Europa, donde entregan zapatos en apenas 72 horas. Aquel taller donde confeccionaban a mano se convirtió en un predio de 1.700 metros cuadrados, completamente mecanizado, que provee a 6 fábricas más y envía material a proveedores en el exterior.

 

Sarkany consiguió conquistar los horizontes del diseño y se posicionó en el mercado nacional y mundial. “Hemos logrado que la marca tenga identidad propia, un lenguaje único y reconocible, lo que hace que otras personas puedan estar diseñando bajo los mismos criterios y códigos. Tengo un equipo que se encarga de eso y mi trabajo hoy es de relaciones institucionales y liderazgo empresarial. Pero soy un fanático y mi amor hace que siempre esté viendo la empresa”, confesó.

 

A sus 59 años, Ricky es el primero en llegar al trabajo todas las mañanas. Su receta es la pasión y dedicación. “Estoy conectado cien por ciento. Trabajo con un grupo al que le enseñé las falencias que tuve cuando me enseñaron. A mí nunca me preguntaron lo que pensaba y es importante escuchar, poder sentarnos e intercambiar opiniones. Tiene que ver con la teoría, la práctica, pero también con el sentido común”, reveló.

 

Con la incorporación de los mercados al otro lado del Atlántico, la propuesta fue sumar dos temporadas distintas para cada hemisferio. Por eso actualmente arman dos colecciones a la vez: una para los que están al norte del Ecuador y otra para los que están al sur. Así, no comercializan ni anticipan lo mismo en ninguno de los continentes.

 

 


Ricky con su hija Sofía, una diseñadora con las mismas ideas vanguardistas de su padre.

 

 

Debido a que siempre están en pleno crecimiento y en busca de lo nuevo, las próximas colecciones están enfocadas en generar calzado y packaging ecológico, lo que se conoce como “cruelty free” o “animal friendly” para referirse a productos sin piel animal. “Somos innovadores: hicimos zapatos de pescado, de cocodrilo, hemos trabajado con telas de Catamarca, trabajamos con hilados de alpaca, con gente del Impenetrable chaqueño. Pero en este momento, nos damos cuenta que hay una corriente muy positiva del cuidado de nuestro ambiente y fauna, y eso hace que estemos orientados en trabajar una línea vegana, sin cuero, con productos sustentables también en las cajas y las bolsas para cuidar nuestro planeta. Uno hoy tiene la opción de exigir más y encontrar que el producto sea lindo, de diseño único, de vanguardia, pero no por eso vamos a contaminar el planeta”, sostuvo.

 

En este sentido ya comercializan sandalias de taco fino y plataforma, bolsos, sobres y carteras. A la campaña la lanzaron en noviembre e incluyó la participación de Zoe Hochbaum, una actriz y activista vegana.

 

La firma Sarkany cuenta con los productos que crea el equipo de Ricky y con las propuestas de Sofía, una de sus hijas, que impulsa opciones igual de vanguardistas pero con un tono más juvenil.

 

La joven estudió Arte en el Saint Martins College of Art and Design, en Londres, y por eso cada creación tiene su impronta artística. Y si bien Sofía también creció inmersa entre moldes y cueros de todos los colores, su incursión en la industria del calzado fue casi “fortuita”, según contó Ricky. “Cuando volvió a Buenos Aires aplicó para una muestra en el Centro Cultural Recoleta, le dieron una sala donde exhibió sus cuadros, en una pared hizo una proyección de varios colores y luego hizo dos zapatos sobre los que proyectó lo mismo. La gente miraba los cuadros y quería comprar los zapatos. Así vendió, a sus amigos y conocidos, un millón de dólares en un año. Ella sigue pintando como hobby pero hace arte en el calzado, no se fija en las tendencias, hace lo que quiere y como tiene una sensibilidad distinta. Le está yendo muy bien”, indicó.

 

 


"Somos innovadores: hicimos zapatos de pescado, de cocodrilo, hemos trabajado con telas de Catamarca, trabajamos con hilados de alpaca, con gente del Impenetrable Chaqueño. Pero en este momento, nos damos cuenta que hay una corriente muy positiva del cuidado de nuestro ambiente y fauna"

 

 

Si bien los parámetros responden a la creatividad y a marcar tendencia, las colecciones de la marca se amoldan al pulso cultural, social y económico. “En un momento de crisis no hacemos algo multicolor o una sandalia con taco de strass, por lo general el diseñador trabaja con colores más tranquilos. Hacer una marca internacional demanda un análisis previo de tendencias mundiales y la que más se adapte a nuestra sociedad. Normalmente, las tendencias están precintadas al mercado americano, no al europeo. Acá les gusta más el consumista que el del arte. Cuando miramos una serie normalmente es norteamericana y así empezamos a consumir esos ámbitos de la moda. Allí encontramos la tendencia y sobre eso hacemos una colección única, reconocible y de estilo propio. Ese es nuestro desafío. Tenemos un ADN. Al principio teníamos clientas y ahora tenemos fans. Eso genera una llegada cercana y el equipo trabaja para sorprendernos”, confesó.

 

Entre sus devotas están Mariana Fabbiani, Eugenia “La China” Suárez, Agustina Casanova, Cecilia “Chechu” Bonelli, Carolina “Pampita” Ardohain, además de las influencers más importantes como Stefi Roitman y Cande Vetrano.

 

Actualmente, es tal el crecimiento comercial que consiguió Sarkany a lo largo del globo, que su marca incursionó en un centro de desarrollo de contenido digital que maneja las redes sociales y los sitios web y cuentan con 15 personas de atención al cliente que hablan en varios idiomas y responden las dudas de los compradores de todas partes del mundo.

 

“Hoy es todo inmediato, la gente es distinta al comunicarse y consumir y tenemos que adecuarnos. Nuestra experiencia es un bagaje para seguir construyendo”, aseguró.

 

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