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La voz en el teléfono

Esta semana las trabajadoras de la línea 144, que atiende a víctimas de violencia de género, realizaron una protesta para reclamar por el cumplimiento de sus derechos laborales. Aseguran que trabajan de una manera muy precarizada, la gran mayoría sin contrato y con sueldos que no sobrepasan la barrera de la línea de la pobreza. Son unas 70 operadoras, entre ellas asistentes sociales, psicólogas o abogadas, que asesoran a otras mujeres para poder afrontar y salir de situaciones de violencia de género, que a muchas se les hace difícil justamente por la falta de recursos, la dependencia emocional y económica y la necesidad de mantener a sus hijos. Parece que se intenta tapar el sol con un dedo.

 

El reclamo a simple vista es similar al de cualquier otro grupo de trabajadores. Pero esta vez el hecho de que sean las empleadas de un organismo que busca luchar, minimizar o erradicar la violencia de género no es un dato menor. Muchas veces a las mujeres se les dificulta salir porque, en un claro contexto de vulnerabilidad, el miedo a cómo seguir las invade. Si las personas encargadas de asesorar y acompañar a las mujeres víctimas de todo tipo de violencia también son violentadas en su propio trabajo, nos encontramos frente a un cuento de nunca acabar.

 

Según las estadísticas son las mujeres quienes enfrentan un mayor nivel de desempleo y precarización laboral. El último informe del Indec, correspondiente al segundo trimestre del 2020, arroja que la desocupación para las mujeres pasó de un 11,2% del primer trimestre a un 13,5%. El rango etario más afectado es entre los 14 y 29 años, un período de tiempo en donde las tareas de cuidado caen con más fuerza en los hombros de las mujeres, posiblemente por la maternidad.

 

 

 

Según el organismo, la tasa de empleo para las mujeres durante el mismo período de tiempo es del 35,6%, contra 50% para los varones. Es decir, hay mayor cantidad de varones en el mercado laboral y esto se debe principalmente a las mayores oportunidades, fundamentalmente por no llevar la mayor carga horaria de tareas de cuidados y facilidades de acceso al campo laboral. Además, las mujeres son quienes cuentan con un mejor nivel educativo, pero aun así son quienes menos horas pasan trabajando fuera de casa y, por el contrario, mayor cantidad de tiempo ocupan en el trabajo no remunerado, como tareas domésticas y de cuidado.

 

La línea 144 depende de la Dirección General de la Mujer, de la Ciudad de Buenos Aires, pero su extensión es nacional. Se creó en 2013 y este año, durante el aislamiento debido al coronavirus, incrementaron los llamados en un 40%, con un promedio de 345 llamadas por día de todo el país. Para eso hay muchas otras mujeres que ponen el cuerpo y la voz, pero que también necesitan ser escuchadas.

 

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