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Caso Romina: los testimonios de su familia, favorables al acusado

El hijo del exintendente de La Calera y cuatro hermanos de la joven asesinada creen en la inocencia de Lorenzetti.

Por redacción
| 29 de febrero de 2020
Palabra de hijo. Hernán no estaba en la casa cuando mataron a su mamá. Foto: Martín Gómez.

Si hay algo que no ha cambiado en los cuatro años que han pasado desde el asesinato de Romina Aguilar es el férreo respaldo que la familia de la víctima le da al viudo de la joven, el exintendente de La Calera Diego Lorenzetti, juzgado como presunto autor intelectual del crimen. Ellos creen en su inocencia y eso quedó en claro ayer, en una audiencia en la que declararon cuatro hermanos de Romina y el hijo que ella tuvo con Lorenzetti. A partir de sus propias expresiones y de las respuestas a las preguntas que les hizo la defensa del viudo, algunos de los hermanos dieron la pauta que, para ellos, la joven fue víctima de un intento de robo y pidieron que el hecho se esclarezca y se haga justicia. Y una de las hermanas dio a entender que lo ocurrido guardaría vinculación con enemistades que la actividad política le acarreó al entonces intendente.

 

Hernán Maximiliano Lorenze-tti, el hijo de la pareja, fue el primero en declarar. Es la primera vez que lo hace: tenía 15 años cuando su madre fue ejecutada de dos tiros, en la vereda de su casa, en el barrio Faecap de San Luis.

 

Aquel sábado 30 de enero de 2016 a la mañana él no estaba en el domicilio cuando ocurrió el ataque: explicó que como era época de vacaciones, estaba en La Calera, junto a su familia materna. Pero esa mañana, tras recibir el aviso de que algo había sucedido con su mamá, viajó de inmediato a San Luis capital. Lo trajo en vehículo el mejor amigo de su padre.

 

Cuando fue consultado sobre cómo era el vínculo entre sus papás, el joven aseguró que era excelente. Y, en términos generales, todos los hermanos de Romina que declararon ayer —son Johana, Agustín, María Alejandra y Rodolfo Mattuz— coincidieron al afirmar que la pareja se llevaba muy bien, más allá de alguna diferencia menor que podía tener, como cualquier otra. Todos dijeron que ubicaban de vista al jockey brasileño Edivaldo de Oliveira Pereira, otro de los juzgados. Y al tercero, Leandro Vílchez, no lo conocían.

 

En lo que también concordaron fue en su recuerdo de que aquel día, cuando llegaron al domicilio, vieron a Lorenzetti quebrado.

 

Distinta fue la impresión que tuvo un testigo de apellido Ojeda, quien también dio testimonio ayer ante la Cámara Penal 1. Al momento del hecho, el joven vivía con quien era su novia y una pareja amiga en una casa ubicada frente a la vivienda de Romina y Lorenzetti. Después de que escuchó gritos, su novia se asomó a la ventana, vio a un hombre petiso persiguiendo a Romina y también a otro que tenía puesto un casco e iba en una moto negra de porte pequeño, una 110, recordó. Tras empujarla y obligarla a tirarse al suelo, el hombre bajo le disparó a Romina, dijo en base a lo que le contó su novia.

 

 

"Lo vi tranquilo"

 

Cuñada. Johana Mattuz cuestionó la forma en que la Policía investigó. Foto: Martín Gómez.

 

 

Ellos salieron y se acercaron a la herida. Según el testigo, Romina aún se movía y emitía quejidos, lo que le hace suponer que todavía estaba viva, que agonizaba. Dijo que le ofrecieron al hombre que estaba allí (Lorenzetti) ayudarlo a levantarla, para subirla a un vehículo y llevarla al hospital, y que les respondió que no, que no la tocaran, que era su esposa y que no llamaran a la ambulancia, que no había nada que hacer, que ya estaba muerta. “Lo vi tranquilo”, dijo el testigo, reiterando lo que ya había expresado durante la instrucción de la causa.

 

La declaración de Johana Mattuz fue la más extensa. La muchacha, que definió a Romina y Lorenzetti como una suerte de “segundos padres”, ha vivido con la pareja y con su sobrino Hernán aquí en la capital, mientras estudiaba Ciencias de la Educación en la Universidad Nacional de San Luis.

 

La chica relató que en 2012 o 2013 la familia sufrió un asalto en la casa del barrio Faecap, en el que cinco delincuentes encapuchados los amenazaron con armas de fuego y a Lorenzetti lo ataron y golpearon. Tras ese hecho, se mudaron al centro, y después la pareja mantuvo charlas para definir si volver o no al barrio, tal como finalmente hicieron. Mattuz también mencionó otro asalto, del que fue víctima ella cuando volvía a su casa del trabajo, que ocurrió aproximadamente un mes antes del homicidio de Romina.

 

Justamente su hermana le había comentado que Lorenzetti recibía llamadas, mensajes amenazantes, en los que le decían que “cuidara a su familia”, “que cuidara a su hijo”. Por esa razón y porque era una madre muy pendiente, dijo, Romina se ocupaba de llevar y traer a su hijo de la escuela y de sus otras actividades y no le permitían salir a la calle solo, ni siquiera en el barrio.

 

Para la testigo, tras la asunción de Lorenzetti como intendente, muchas cosas cambiaron, entre ellas, la economía familiar. Cuando su cuñado estaba solo dedicado a sus emprendimientos, hubo progreso y prosperidad. Pero al asumir la función pública, “él quería hacer todo lo que no se había hecho en 30 años” en el pueblo y eso repercutió en la familia, que debió privarse de algunas cosas, como vacaciones en determinados destinos, explicó. Dijo que por ese afán de hacer y dado que el presupuesto municipal no le alcanzaba, su cuñado hasta pidió préstamo a financieras y se endeudó, para poder construir  por ejemplo, viviendas solidarias a familias del pueblo.

 

“A él le habían ofrecido un ministerio, por la relevancia que había tomado en el departamento” Belgrano, aseveró Mattuz, de cuya declaración se desprende que interpreta que esas amenazas referidas por Romina podían guardar relación con la tarea política de su cuñado.

 

En la misma línea, cuestionó la instrucción de la causa, por irregularidades (como no llevarse para pericias la camioneta de Romina) y por investigar desde el comienzo siguiendo una sola línea, la de Lorenzetti. Y contó que en la época que la familia realizaba marchas, un periodista la citó en un bar del centro y le dijo que el jockey brasileño —quien se presentó en la Justicia, reconoció su participación en el crimen e involucró a Vílchez y al viudo— había sido golpeado y presionado para decir eso.

 

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