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Una espera que nunca termina

A 35 años de su estreno, “esperando la carroza” es un clásico del sainete nacional. un recorrido por sus escenas más graciosas, cínicas e inolvidables.

Por Miguel Garro
| 05 de mayo de 2020

La Mamá Cora que Antonio Gasalla mostró en “Esperando la carroza”, la película que este mes cumple 35 años de su estreno, es muy distinta a la que hace unos años ponía en aprietos a Susana Giménez con sus incisivas preguntas en el living del programa conducido por la diva.

 

La película de Alejandro Doria, entre otras cosas, le dio vida a un personaje que, con su eterna ancianidad a cuestas, permaneció durante años en la escena del humor nacional. Gracias al sainete que el uruguayo Jacobo Langsner escribió para el teatro la popularidad de muchos de sus actores despegó al punto que muchos de los sobrevivientes son reconocidos solo por personajes de aquella producción.

 

Costumbrismo, un clima de democracia en pañales, miserias familiares y crisis económicas son algunos de los temas que se desarrollan en 96 minutos de película que contienen líneas de texto que son conocidas de memoria por sus espectadores, que no se cansan de verla.

 

Aquí algunas de las escenas y las frases imprescindibles para entender una historia que parece no estar dispuesta a quedar en el olvido.

 

 



1 FLANCITOS DE MAYONESA

 

En la casa de Jorge y Susana (Julio de Grazia y Mónica Villa), donde vive a duras penas Mamá Cora, la dueña de casa hace una esforzada mayonesa casera, cuando su bebé reclama a gritos el cambio de pañales. La abuela la quiere ayudar, pero se lo impiden. Susana deja la preparación a medias para priorizar la atención del bebé, ante la poca utilidad que tiene Jorge sobre esas tareas.

 

Dispuesta a ayudar en lo que sea, Mamá Cora le pone leche y azúcar a la mayonesa, la separa en pequeños potes y los pone en el horno. Cuando termina sus tareas maternas, Susana regresa a la mayonesa, pero encuentra a la abuela en la cocina.

 

-¿Qué hizo con la mayonesa?

 

 -Flancitos.

 

 


2 EL VECINO DE AL LADO

 

Sergio y Elvira (Juan Manuel Tenuta y China Zorrilla, inolvidable en su papel) reciben en su casa para el almuerzo de domingo a Antonio –hermano de Sergio- y Nora (Luis Brandoni y Betiana Blum), de buena posición económica a diferencia del resto de la familia. Hay ravioles, pero de repente se corta el agua. “Después quieren que me bañe”, acota Sergio.

 

La cuestión es que no hay posibilidades de hervir las pastas y Elvira recurre por teléfono a una vecina, que casualmente estaba haciendo la misma comida. “Yo hago puchero, ella hace puchero; yo hago ravioles, ella hace ravioles”, es otra de las frases inmortales.

 

La cuestión es que la oración fue dicha con el teléfono descolgado y con un complemento: Elvira llama “el hinchapelotas de al lado” a su vecina. Cuando Matilde (Andrea Tenuta), la hija de los dueños de casa toma el teléfono, se encuentra con la recriminación de los vecinos: “Dice doña Elisa que nos vayamos todos a la mierda”.

 

La escena termina con un insulto monumental de Elvira a su hija: “Minusválida mental”.

 

 


3 PESADAS ACTIVIDADES

 

Susana y Jorge ya llegaron con el pedido desesperado de que alguno de los otros hijos de Mamá Cora se haga cargo de la anciana (“Por lo menos un mes”, dice el personaje de Villa en un pedido de piedad). Dejan en claro que el problema no es económico, aunque parece que el bolsillo aprieta. “Por eso no voy a verla, no puedo soportar que tenga hambre”, dice Antonio, que de inmediato agrega: “Hablando de eso, hay un olor a tuco…”.

 

En la escena siguiente, Matilde aclara de dónde proviene la posición acomodada de su tío: “Si vos estás trabajando para la pesada, lo dice todo el mundo”, dice la adolescente con más ingenuidad que malicia. Más adelante, el hombre intenta que su sobrina le diga de dónde sacó la información pero la chica no responde.

 

Más adelante, cuando Antonio y su esposa están en el baño, la mujer le recuerda: “En mi familia no se habla de tus actividades”.

 

 


4 EL CINCO DE BOCA

 

Mamá Cora ya está perdida. La última opción es que esté en la casa de Emilia, su única hija mujer (protagonizada por Lidia Catalano), quien vive en una villa miseria con su hijo. Antonio y Sergio van a la casa y encuentran al hijo jugando a la pelota con otros chicos.

 

“Ahí lo tenés al pelotudo”, dice el personaje de Brandoni. La única aparición de Darío Grandinetti termina con los otros chicos apedreando el lujoso auto de Antonio y con el sobrino –camiseta de Boca de la época- metiéndose los dedos en la nariz.

 

 


5 LA DIGNIDAD DE LA POBREZA

 

Una escena insignia. La búsqueda sigue a la casa de unos primos. Antonio regresa a su auto donde lo espera Sergio con una empanada ya mordida. “Qué miseria –dice-. ¿Sabés que tenían para comer?”. Su hermano mira el bocado y dice la respuesta obvia.

 

“Tres empanadas que le sobraron de ayer, para dos personas. Dios mío qué poco se puede hacer por la gente”, concluye Sergio, sin nada de cinismo y con otro bocado sobre la comida. Y sigue: “Menos mal que a mis hermanos no les falta nada”.

 

Sergio le hace ver que, en realidad, todos viven con lo justo, o tal vez un poco menos. Entonces Sergio lanza otra frase inmortal, acaso olvidada por la cantidad de empanadas y comensales. “Pero es una pobreza digna. Vos tenés una pobreza digna…”. Inolvidable.

 

 


6 EL NOMBRE DE CORA

 

Un joven Juan Acosta, que interpreta a un policía, toma la denuncia por la desaparición de Mamá Cora. Todos los otros oficiales por los que preguntó Sergio en la comisaría están con problemas con la ley.

 

Entonces se conoce el nombre completo de la anciana: María de los Dolores Buscaroli de Musicardi.

 

 


7 LOS ZAPATOS DE MAMÁ

 

La escena del reconocimiento del cuerpo en la morgue no tiene la tensión pretendida. La persona que está tirada en la camilla está muy desfigurada porque se arrojó a las vías del tren y los hijos no pueden saber si es su madre, aunque Jorge reconoce los zapatos de su madre. La siguiente escena empieza con los zapatos de Mamá Cora en la casa de una vecina de Sergio, donde estuvo siempre, cuidando a un nene. No se parecen a los del cadáver.

 

 


8 SE VA ARMANDO EL VELORIO

 

Desde la terraza Mamá Cora ve cómo hijos y nueras se confunden en abrazos varios. Algunos lloran. Para entonces Elvira ya dijo algunas de sus frases emblema (“Si nos ven comiendo antes de saber qué le pasó a la vieja van a pensar que no tenemos corazón”; “¿Qué somos? ¿Negros?, para ser tan salvajes. ¿Judíos?”; “Yo soy católica, apostólica y románica”); y aceptó a duras penas que el velorio se haga en su casa. “Con lo sensible que es la nena”.

 

Una de las primeras en llegar a la despedida es Elisa, la vecina de al lado, que llega con el fuentón de agua para prestarle para que haga ravioles: “En momentos así, no hay lugar para los rencores”.

 

 


9 NO ESTÁ MUERTA

 

Un llamado telefónico de Antonio a un policía al que apodan “Veneno” y que fue recientemente liberado de la cárcel empieza a aclarar las cosas. Al parecer, la persona fallecida es una húngara que no tiene nada que ver con la familia. “¿Y qué hacen acá? Comunistas de mierda…”, escupe Elvira. Para colmo, llega Mamá Cora a la casa donde se hace el velorio y se ilusiona por ver toda la familia reunida.

 

 


10 ESCENA FINAL

 

En medio de la confusión, Elvira le hace creer a Mamá Cora que la fallecida es una amiga suya y le pasa la dirección para que vaya al velorio. La abuela va con un montón de ancianos, caminando, mientras suena “Tengo una vaca lechera” y empiezan a rodar los títulos de la película.

 

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