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Lo enviaron a la Penitenciaría por balear en la cara a un joven

En la misma resolución, la jueza Virginia Palacios le dictó la falta de mérito al otro detenido. 

Por redacción
| 03 de septiembre de 2020
Problemas de vieja data. Lucero fue procesado por intento de homicidio. Foto: Comisaría 4ª.

Franco Lucero no estaba dispuesto a quedarse con la sangre en el ojo, como se dice popularmente. Después de tener una pelea con Leonardo Ariel Benítez cerca de un negocio de la zona oeste de la capital, fue hasta el domicilio de él, en el barrio Amaro Burgos, y, desde el asiento trasero de un auto, gatilló un arma. Una de las balas impactó en el pómulo izquierdo de Benítez. Por ese hecho, que ocurrió hace 11 días y que ha quedado acreditado con pruebas y testimonios, la jueza Penal 3, Virginia Palacios, procesó a Lucero por tentativa de homicidio y ordenó que fuera llevado a la Penitenciaría, con prisión preventiva.

 

En la misma resolución, que la magistrada firmó este miércoles, le dictó la falta de mérito al otro detenido por la causa, Rodrigo Emanuel Lucero, por lo que de inmediato recuperó la libertad. Era quien conducía el Renault Megane desde el que efectuaron los tiros.

 

La balacera ocurrió cerca de las 8 de la mañana frente al domicilio del lesionado, la casa 4 de la manzana A del mencionado barrio. Durante la madrugada, Benítez había celebrado en ese domicilio sus 28 años junto a su pareja, familia y amigos. A las 6 de la mañana, aproximadamente, la reunión se terminó, contó la madre del herido en su denuncia. Después, Leandro salió con su hermano en auto a llevar a unos amigos a sus casas. Y de regreso, pasaron por un negocio que está más o menos a una cuadra de su domicilio, para comprar cigarrillos.

 

Según testigos, en inmediaciones al comercio estaba estacionado un Renault Megane gris, en el que había dos hombres y dos mujeres. El hermano del herido declaró que cuando pasaron, desde el auto les gritaron cosas y que se fueron a su casa, a guardar el coche. Cuando estaba en eso, su cuñada, la pareja de Leonardo, le dijo que fuera a buscar a su hermano, porque presumía que había vuelto al negocio. En efecto, allí estaba su hermano, peleando con dos hombres: a uno lo identificó como Franco, vecino del CGT, y al otro, como “Pucho”, quien vive en el mismo barrio que ellos. Dijo que separó a su hermano y se lo llevó a su casa y que escuchó que el Megane salía a toda velocidad.

 

El hermano de Benítez narró que cuando guardaba su vehículo vio que el Megane se aproximaba en dirección a su vivienda. Vio que atrás iba sentado Franco y que efectuó cuatro disparos contra Leonardo, que estaba en la puerta. Él lo vio caer al piso, con el rostro ensangrentado. Rápidamente lo subió a su auto y lo llevó al Hospital San Luis, inconsciente.

 

En su denuncia, la pareja del damnificado refirió que entre las partes había diferencias desde antes. Dijo que el 7 de junio pasado, su novio había tenido una pelea con Rodrigo Lucero “por problemas de celos”. En esa oportunidad, se agarraron a trompadas. Pero no volvieron a tener inconvenientes hasta la madrugada del domingo 23.

 

La jueza valoró que desde el inicio —tal como surge del acta que hizo la Policía en el lugar— tanto el hermano de Benítez como otro testigo presencial “individualizaron inmediatamente al agresor por el conocimiento previo que tenían de su persona” y también porque previamente habían intermediado en la reyerta. Por otro lado, otros testigos de altercado dieron referencia de quiénes habían participado.

 

Respecto a Rodrigo Lucero, se demostró que estuvo en la pelea (de hecho, quedó con lesiones) y que manejaba el auto. “Sin embargo no se ha logrado demostrar suficientemente que el encausado hubiere tenido conocimiento de la acción desplegada por su consorte, Franco Lucero”, dijo la jueza.

 

Argumentó que por la ubicación de los imputados en el rodado y tomando en cuenta que los disparos se realizaron desde la parte de atrás es entendible que el conductor no haya podido controlar los movimientos de quien estaba a sus espaldas. Pero lo que más abonó su decisión fue la conducta posterior de Rodrigo Lucero, quien espontáneamente se presentó ante las autoridades, para ponerse a disposición y dar cuenta del hecho, “evidenciando una actitud que dista del comportamiento esperable de quien hubiere de atentar contra la vida de una persona”, consideró la magistrado.

 

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