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Volver a respirar a los 72 años, después de superar la COVID-19

Indolfo Frías, de Villa Praga, estuvo internado casi dos meses en el Hospital San Luis y el martes recibió el alta. Su hija agradece a todos los médicos que le salvaron la vida.

Por María Laura Espejo
| 24 de mayo de 2021
Juntos. La familia Frías celebró la recuperación de Indolfo, luego de dos meses de estar separados. Foto: Gentileza.

Aprender a respirar de nuevo. Así podría resumirse la recuperación de Indolfo Frías, que a los 72 años superó un cuadro grave de neumonía bilateral luego de contraer coronavirus. El vecino de Villa Praga estuvo internado casi dos meses, la mayor parte en la Unidad de Terapia Intensiva del Hospital San Luis (UTI). El pasado martes recibió el alta hospitalaria, pero sigue trabajando para restablecer su salud. Su hija, Rocío Frías, contó a El Diario cómo se vive la pandemia en primera persona y agradece al equipo médico que le salvó la vida.

 

Cuánto se necesita para robarle un alma a la muerte. En este caso, el esfuerzo de otras 19. El de la doctora Re, jefa de la UTI, y de todo su equipo: Aguilera, Baracat, Segura, Pregot, Juárez, Bossio, Allende, Roldán, José, Kolarick, Cabrera, Quinteros, Díaz, Noriega, Nesteruk, 
Reyes, Marturano y Kippes, tal como los recuerda Rocío.

 

También de los kinesiólogos: Vega, Ruta, Franco y Moyano; y de todos los enfermeros y enfermeras, fonoaudiólogos, camilleros y personal de limpieza. Los héroes de la familia Frías y de tantos otros pacientes que día a día ingresan al sistema de salud afectados por el coronavirus.               

 

La joven no quiere y no puede dejar de contar lo que significa tener que atravesar una internación por COVID-19, especialmente por el trabajo que realizan los profesionales.

 

 

 

“Mi papá se empezó a sentir mal, pero pensó que era un resfriado nada más. Como los síntomas persistían, fue a una consulta médica y le programaron un hisopado. Ese jueves 25 de marzo también lo iban a vacunar, pero ante la sospecha lo reprogramaron. Esa noche y al otro día su cuadro comenzó a complicarse y decidieron hospitalizarlo. La placa confirmó la neumonía y el sábado 27 al mediodía lo trasladaron”, precisó.

 

Más tarde, el parte médico indicó que su salud había desmejorado y a la noche, cerca de las 2, lo ingresaron a terapia intensiva por falta de oxígeno.

 

Su mamá de 55 años y su hermano de 14 también fueron diagnosticados positivos. A ella la ingresaron a sala común tres días después de Indolfo. El menor quedó solo en la casa familiar, aislado, mientras Rocío y su hermana lograban organizarse con los cuidados de ambos.

 

“Fueron momentos duros, todos separados y con mi papá en estado crítico. Para mí fue fundamental la asistencia de las psicólogas Sánchez Delgado y Virginia Delgado, que me siguen conteniendo”, expresó la chica.

 

La familia Frías trabaja y vive de la actividad rural de esa localidad de San Martín (Villa Praga), dos de las hijas estudian en la capital puntana. Las jóvenes se dividieron las tareas para poder atender las necesidades de sus padres y de su hermano, y Rocío eligió acompañar a su papá en todo momento.

 

“Me llegaba el parte médico todos los días pero yo igual iba, les golpeaba la ventanilla y me contaban cómo seguía su situación”, dijo.

 

Indolfo pasó casi tres semanas con asistencia de oxígeno al 100%, ya que su saturación no superaba el 16% y su presión era muy elevada. Según relató su hija, los especialistas practicaron diversos tratamientos y alternativas pero no conseguían que respondiera. Finalmente le practicaron una traqueotomía, con la que lograron estabilizarlo.

 

Dos veces a la semana la dejaban visitarlo. Después de una preparación previa, que incluía la colocación de un equipo adecuado, ingresaba a la sala de la UTI para hablarle. Verlo conectado a todo tipo de sondas, en coma y al respirador no la detuvo. “Él movía las manos o las piernas cuando le hablaba y una vez dejó correr una lágrima. Jamás se rindió y los médicos tampoco”, manifestó.

 

 

“Mi papá aprendió a respirar de nuevo con la ayuda de todo un equipo médico”, contó Rocío Frías.

 

Luego de un mes comenzaron a quitarle las drogas y al fin despertó. Luego siguió el destete del respirador y antes de cumplir el mes y medio aprendió a hacerlo por sí mismo nuevamente sin la ayuda mecánica. “Los kinesiólogos trabajaron sin descanso hasta que lo logró”, destacó Rocío.

 

A cada meta lograda le seguía otra, hasta que un día le anunciaron que podía pasar a sala intermedia.

 

“Estaba muy contento, me lo quería contar pero por la traqueotomía no podía hablar. Igual habíamos implementado un código para comunicarnos: un pestañeo significaba sí y dos era no. Luego pasamos al papel”, recordó la chica.

 

Los días siguientes no fueron fáciles. Rocío recordó que cada vez ingresaban más pacientes, muchos en estado grave. Por la urgencia los médicos le enseñaron técnicas de primeros auxilios y cómo limpiar la herida para asistir a su padre en caso de demoras.

 

“Afuera, en la calle, la pandemia es una cosa, pero adentro del hospital la situación es muy diferente. Algunos no usan barbijos o no toman en serio las recomendaciones, pero no saben el esfuerzo enorme que hace todo el personal sanitario que intenta salvar a los padres, a las madres, a los hermanos de alguien. Es muy difícil asimilar lo que se vive adentro”, aseguró.

 

 

 

Y añadió: “Después de la UTI hay otra realidad, la recuperación continúa y es un trabajo enorme. Mi papá perdió el 40% de la capacidad muscular y aún no puede caminar. Hay momentos en los que se pierde y otros en los que recuerda un poco como sucedieron las cosas. Aún no tiene el alta médica y va a costar que vuelva a ser el de antes, pero cada día mejora y dice que se siente feliz de seguir vivo”.

 

 

 

 

 

 

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