11°SAN LUIS - Jueves 30 de Junio de 2022

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Combinan el trabajo en la huerta y el valor agregado

Horacio Avellaneda y Vanesa Gatica se complementan en las tareas hortícolas. Luego de cosechar comercializan una parte en fresco y al resto lo convierten en dulces y conservas.

Por María José Rodríguez
| 12 de septiembre de 2021
Una delicia. La productora cuenta con el diseño y las etiquetas llevan el nombre de su proyecto: "Los hermanitos Avellaneda". Fotos: Nicolás Varvara.

Los Avellaneda se dedican a la producción frutihortícola desde hace muchos años, pero además suman valor agregado y destinan parte de la cosecha a elaborar dulces y conservas. “Horacio, mi marido tiene 43 años, es el que indica las tareas que hay que realizar sobre la tierra. Por ejemplo, cuándo se ponen plantines, se siembra o se cosecha. Además decide qué especies trabajamos porque él tiene más experiencia”, explica Vanesa Gatica, la única que se anima a hablar con la revista El Campo.

 

La pareja de agricultores tiene dos hijas: Gabriela de 17 años, que ayuda en la preparación del suelo y en otras tareas; y Angie Magalí de 15, que maneja el tractor cuando hay que hacer los surcos. El más chico es Santino, de 5, que da una mano en el campo, pero aspira a convertirse en un buen fotógrafo. Junto al grupo familiar trabajan Ilda y Laura Avellaneda, hermanas de Horacio. En el etiquetado y el envasado de la producción están también las sobrinas de Vanesa, Eliana y Sofía Gatica, más una amiga que se llama Lili.

 

“Trabajamos en la producción de tomates, berenjenas, pimientos, cebollas, melón, sandía, zapallo anco y calabazas, todo según la estación. En invierno cultivamos las verduras de hoja verde”, cuenta la anfitriona, que preparó sobre una mesa una exposición de todo lo que hace. Había dulce de uva y de melón, uvas y duraznos en almíbar y salsas saborizadas con diferentes ingredientes como ajo, albahaca, cebolla y pimiento. La que lleva ajo es la favorita de los vecinos de Candelaria, la prefieren para combinar con el asado.

 

 

 Por las hileras. Vanesa junto a su hijo menor, Santino, que sueña con ser fotógrafo. Foto: Nicolás Varvara.

 

 

A pocos metros de la mesa con los frascos se ve un pequeño chiquero con una chancha y tres crías. La productora asegura que son para consumo propio.

 

“También participamos en el reparto de bolsones de verduras, llevamos a Quines y vendemos a bajo costo, son productos de buena calidad. Lo hacemos junto a la asociación La Crisálida de Luján”, añade, mientras señala un montón de zapallos anco.

 

Vanesa cuenta que del trabajo de la tierra se encarga Horacio, “pero yo lo acompaño cuando es el momento de escardillar, limpiar el campo, sacar las malas hierbas, preparando todo para la siembra, y abonándola para obtener cultivos ricos. En septiembre vamos a poner plantines y semillas de tomate, berenjena, pimiento y zapallito verde. Además mi cuñada, Laura, elaboró un proyecto para participar en el Plan de Activación Frutihortícola de Ministerio de Producción”, cuenta, y sigue: “Hace 17 años que estoy acá, mi suegra es la que sabe hacer todas estas tareas. De ella aprendí mucho. Además estudié en la agrotécnica de Quines. Cuando supe bien cómo elaborar los dulces, empecé este proyecto. Primero fueron las salsas, después los dulces. Antes no comercializábamos, comencé a hacerlo sola el año pasado. Hasta diseñé las etiquetas y trabajo con bromatología”.

 

 

 

 “En este predio mi suegro, Martín Avellaneda, nos cedió una parte para construir nuestra casa y en el fondo dispusimos de un poco menos de un cuarto de hectárea, que actualmente estamos preparando para cultivar hortalizas”, afirma, y añade que “para combatir las plagas en los árboles frutales ponemos en las ramas una botella con vino y azúcar, de esta manera los insectos desvían su atención de los duraznos y caen dentro de la preparación, es una trampa efectiva. Mi marido es el que combate los pulgones y los hongos”.

 

A pocos metros de las instalaciones hay otro predio que alquilan. “Allá tenemos cebolla balanceadita y ajo colorado”, especifica, y cuenta que pronto habrá que cosechar.

 

 

Mi esposo tuvo un accidente en la clavícula y mi hija menor decidió convertirse en  tractorista, es ella la que hace los surcos.

 

Sentada frente a uno de los surcos donde está creciendo la cebolla, Vanesa cuenta que durante el verano no pudieron vender todo el melón que esperaban. “La pandemia nos afectó mucho, como no hubo festival en Candelaria, una mayor parte de lo que sacamos lo destinamos para hacer dulce. Vendemos más cuando se organizan la Fiesta del Melón y los carnavales. Pero este verano lo pasamos muy mal”, lamenta.

 

 

La familia Avellaneda comercializa los productos en la zona y arma bolsones de verdura para repartir con La Crisálida, de Luján.

 

Vanesa aprende cada día un poco más sobre las ricas combinaciones que puede lograr mezclando los cultivos de la huerta. “Preparo los morrones para complementar pizzas, además de la salsa para los asados. Hago otra con albahaca que es muy rica y las berenjenas al escabeche son muy pedidas. Otro producto que sale mucho es el dulce de durazno con melón, a mis vecinos les encanta esa combinación”, asegura, e indica que el secreto de las preparaciones está “en aportar los distintos sabores de la huerta. Uso condimentos picantes, orégano y otras especies. A las salsas las entrego listas para consumir. La botella de un litro está 120 pesos y el resto varía según el tamaño”, afirma.

 

La productora asegura que lleva una vida tranquila. “Cuando formé pareja con mi esposo me sumé a este hermoso proyecto. Aprendí mucho. Él siempre tuvo su vida en el campo, sus padres se dedicaron a esto. Ahora todos estamos involucrados y tiramos para adelante. Mi hija del medio es tractorista. Horacio tuvo un accidente en el que se quebró la clavícula y ella tuvo que comandarlo para hacer los surcos. Ya sabía manejar. El tiempo apremiaba, teníamos que preparar la tierra y ella hizo los bordos”, cuenta con una sonrisa orgullosa.

 

 

Redacción / NTV.

 

 

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