SAN LUIS - Lunes 27 de Junio de 2022

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Los fieles expresaron toda su fe y devoción por el Santo

El domingo, miles de peregrinos recorrieron con emoción y gratitud las estaciones del Vía Crucis.

Por redacción
| 02 de mayo de 2022
Una asistencia masiva. Los feligreses respondieron al llamado de la fiesta patronal más grande de Cuyo. Foto: Inés Cobarrubia.

Casi que todavía no salía el sol del domingo cuando los primeros peregrinos llegaban a la Villa de la Quebrada a cumplir sus promesas. La pandemia de coronavirus hizo que la tradicional festividad se suspendiera para el público durante dos años seguidos. El Calvario sigue siendo un refugio para los devotos que esperan esta fecha para adorar al Santo Cristo de la Quebrada. Durante el recorrido, El Diario de la República encontró un sinfín de historias, anécdotas, lágrimas y hasta un árbol que se convirtió en un sitio de ofrendas de barbijos de todos colores. 

 

 

Promesas en tiempos de coronavirus. Un árbol en el que las ofrendas son barbijos de todos los colores. Foto: Inés Cobarrubia.

 


Vilma y Mario iban de la mano y descalzos. Están casados hace 34 años y viajan desde Villa Mercedes desde 2015 para cumplir con el santo, sin sentirlo como un sacrificio. “La última vez que vinimos fue en 2021, cuando liberaron un poco las restricciones. Para nosotros no es un sacrificio, sino un placer hacer esto todos los 1º de mayo”, explicó Mario, quien se dedica a la gastronomía.

 


Por eso, volver después de dos años para Vilma y su pareja representó una gran alegría. “Ver esta cantidad de gente y volver realmente a lo que era antes es una emoción enorme. Ojalá que de a poco se vaya normalizando, porque para el sector gastronómico la pandemia fue durísima, no solo en el sentido del trabajo, sino para aquellos que perdieron seres queridos”, dijo.

 

 

Llegamos con más fe y alegría, porque hace dos años que no podíamos venir a disfrutar y cumplirle al Santo de la Quebrada. Norma Guardia

 

El árbol de las ofrendas
Alrededor de las 11 de la mañana, el Calvario era un hormiguero. Fieles que llegaban de caminar los 36 kilómetros desde la ciudad de San Luis, personas haciendo el recorrido descalzas, nenes y nenas de todas las edades, y familias enteras que viajaron exclusivamente para visitar y algunas a conocer el pueblo de la fe. Un reflejo de puro amor y devoción que transmite la expresión de gratitud más grande de Cuyo.

A medida que la gente baja de las catorce estaciones del Vía Crucis, hay un árbol de algarrobo que se ha convertido en un sitio para hacer ofrendas con barbijos: algunos devotos dejaban los suyos; esa prenda casi de vestir que fue adoptada a la fuerza durante la pandemia. 

 

Por la salud y el trabajo
Para la familia Albornoz, de la ciudad de San Luis, volver a la Villa de la Quebrada es una “bendición”. Raquel y Francisco visitan el santo hace 36 años. “Venimos desde que somos novios. Nos casamos un 26 de abril y el 1ª de mayo le estábamos dando las gracias al santo”, dijo Raquel. 

 

 

Me operaron de un tumor en el corazón. Por eso vengo a agradecerle, en especial por mi salud, cada año. Raquel



Expresó que tuvo una operación muy complicada. “Me operaron de un tumor en el corazón, por eso vengo a dar gracias todos los años por mi salud”, contó con lágrimas en los ojos. El matrimonio tiene tres hijos y este año estuvieron acompañados por sus nietos. 

Hace dos semanas que Norma Guardia, junto a su familia, preparaba el viaje y hace diez años que viajan desde Ulapes, La Rioja, hasta Villa de la Quebrada. Mientras Norma subía al Calvario descalza junto a su nieta Lara, le contaba a El Diario lo que significa volver a la tierra milagrosa. “Vinimos con mucha fe y alegría, porque hace dos años que no podíamos venir. Este viaje fue preparado con mucha emoción y para compartirlo en familia”, aseguró. 

Subió hasta la última estación del Calvario, porque le dolía una rodilla, aunque durante el tramo no sintió ninguna molestia. Lo hace cada vez que puede, hace diez años. Ella y su nieta quedaron a la espera de una de sus hijas, quien venía en viaje desde la localidad riojana a cumplir una promesa, porque “el santo fue muy milagroso con ella”.

 


En las afueras del Calvario continuó el ambiente de fe y devoción. Las misas se celebraron en la puerta de la iglesia de la Villa de la Quebrada y cada persona que se sentaba en la plaza podía escucharla a través de los parlantes. Además, se ofrecían rosarios, estampitas y estatuas con imágenes del santo milagroso.

 

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