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Velazco, el pintor que dejó su sello

Raúl Alfredo nació en Villa Mercedes y a los 10 años fileteaba cuadros de bicicletas. A los 20 se radicó en San Luis con su madre y su hermano. Fue ávido lector y estudioso sobre su profesión. Hizo miles de carteles y vidrieras. Todavía hoy se ven sus trabajos. Murió a los 66 años.

Por Johnny Díaz
| 07 de agosto de 2022
Raúl Velazco. En su taller de la calle Ayacucho volcaba sus conocimientos de fileteador y letrista. Sus servicios eran muy solicitados por el comercio sanluiseño. Fotos: Inés Cobarrubia/gentileza.

Raúl Alfredo Velazco nació para ser fileteador y pintor de cartelería comercial. Cuando tenía 10 años ya lo hacía en su bicicleta y en algunos elementos que su padre le permitía.

 

Hijo de Victoria Monardez y de Raúl Velazco, nació el 17 de junio de 1940. Tiene un hermano, Eduardo, que vive en Juana Koslay y también fue letrista.

 

Oriundo de Villa Mercedes, a los 18 años se fue a vivir a la ciudad de Córdoba a la casa de uno de sus tíos. Buscaba un mejor nivel de vida y pensaba que cuando le tocara el servicio militar, quedaría incorporado a alguna unidad de la zona. No fue así, lo mandaron a que cumpliera con el servicio a la ciudad de San Martín, en Mendoza.

 

Su madre se había separado de su marido y al ver la situación decidió radicarse en San Luis y  alquiló una casa en la calle Constitución al 1311. "Mi abuela tomó esa decisión porque San Luis era la mitad del camino entre Villa Mercedes y el lugar donde su hijo estaba bajo bandera", dice hoy Raúl Alfredo, su hijo.

 

Y agrega: "Mi abuelo era un letrista muy reconocido en Villa Mercedes y sus hermanos también. Uno de ellos era chapista y pintor de autos y el otro herrero, encontró la muerte trágicamente. Tenía por costumbre viajar en bicicleta de Mercedes a San Martín, donde vivía uno de sus hermanos que trabajaba en un cine de esa ciudad, y al regresar de uno de esos viajes, lo atropelló un camión y murió".

 

Cuando Raúl Velazco recibió la baja del Ejército, se radicó definitivamente en San Luis. En la casa de calle Constitución tenía una habitación solo para sus materiales y sus pinturas. Comenzó a hacerse conocido en el ambiente comercial puntano donde mostraba sus habilidades con los pinceles, haciendo filetes y letras a mano alzada.

 

"Con el tiempo, y con mucho sacrificio, compraron un terreno en Ayacucho al 1700 donde se instalaron definitivamente. Con su hermano Eduardo solicitaron  un préstamo bancario con la intención de trabajar en dos proyectos innovadores. Mi padre se dedicaría a la fabricación de pinceles y mi tío Eduardo a la cartelería hecha de neón. Empezaron bien, pero después por distintas circunstancias de la vida no duró mucho el proyecto y se produjo la separación comercial de los hermanos", recuerda.

 

 Satisfacción. Velazco era un artista en su labor. Nunca dudó en hacer gigantografías en los accesos a la ciudad.

 

"Pese a todo, mi viejo viajaba a Buenos Aires a comprar pelo de camello para fabricar sus propios pinceles, las virolas las hacía con los caños de cortinas, y a los que usaba para filetear, más finos, los armaba con virolas de plástico. Además de ser creativo, era muy ingenioso fabricando sus propias herramientas", relata.

 

"Pese a tener una educación muy básica —solo fue hasta tercer grado— era un innovador en su trabajo, tenía una habilidad digna de ver. Sus mejores trabajos salían de su imaginación, amaba lo que hacía, era un asiduo lector de cuanto libro o revista pasaba  por sus manos. Además estudió y obtuvo el título de dibujante artístico y técnico. Se pasaba largas horas haciendo caricaturas y en la cartelería volcaba todos sus conocimientos".

 

Según dice la historia, el fileteado nace en la Ciudad de Buenos Aires hacia fines del siglo XIX, en un contexto de transformación del país y de gran inmigración europea. Trajeron consigo diversos elementos artísticos que fueron combinando con los del acervo criollo, y crearon así un estilo típicamente argentino.

 

"El fileteado es la expresión artística que, junto con el tango, mejor representa a la Ciudad de Buenos Aires. Es un arte decorativo y popular que conjuga el dibujo y la pintura". Por definición etimológica, el filete es una “línea fina para adornar dibujos”, y filetear es “adornar con filetes”.

 

 Descendientes. Su hijo Raúl Alfredo Velazco con su hija Lisa Valentina miran un cuadro publicitario de su autoría.

 

Por eso Velazco trataba de aplicar a sus trabajos en vidrieras látex de interior por ser más fácil de eliminar. Lo hacía en las denominadas láminas de oro, además de microsintético y sintético. La mayoría de las pinturas que usaba eran de primera calidad y resistentes a las condiciones climáticas.

 

Con el correr de los años y el progreso, Velazco, comenzó a trabajar en cartelería comercial y trabajos para el gobierno provincial, mostrando en cada obra un talento innato, creatividad y buen gusto en la selección de los colores.

 

"Ilustró el restaurante Sir Chaplin, la casa de repuestos Omar J. Romero, Motos Show. Los taxistas como el 'Vasco' Irastorza o Barloa siempre traían todas las unidades de teletaxi para que sus puertas fueran fileteadas y para que les colocaran los acrílicos sobre los techos. Lo mismo ocurría cuando había carreras de autos". 

 

 Frase. En su taller colgaba una leyenda muy particular.

 

"Una de sus grandes obras fue en la fábrica Zanella, donde pintó dos banderas gigantes sobre la estructura de la empresa para que se vieran a gran altura. También Della Penna y muchas fábricas del parque industrial de San Luis lo contrataron", recuerda su descendiente.

 

"Acá se proyectaban y se armaban con remaches toda la estructuras de los bastidores. Aparte de eso, los clientes destacaban su rapidez y la calidad de su trabajo. Mi padre no marcaba la obra, hacía unos trazos y a mano alzada pintaba, era feliz al ver la satisfacción del cliente. Todo era una novedad", señala.

 

Velazco, gran amigo de Yaco Monti, "Feco" Schmid, "Pilo" Zencich, Carlos "Peluca" Bassi, era un apasionado en lo que hacía.

 

"Sus amigos desfilaban por el taller de calle Ayacucho. Fue uno de los pioneros en pintar al horno, fabricó uno en la casa paterna de la calle Balcarce, hacía laqueados al duco o en sintético, utilizando pinturas con retardador, era un innovador".

 

 Peso pesado. También en maquinarias estaba su sello. 

 

"Era continuamente visitado por colegas y amigos, entre ellos estaban Emilio Bertín, Chelo, 'Colchón' Godoy que tenía un estilo muy similar, un señor de apellido Alcaraz. También quienes se iniciaban en el arte de pintar o filetear se acercaban a preguntar, intercambiar ideas o simplemente charlar". "Mi padre fue un adelantado y se destacaba siempre en algo, hasta en su forma de vestir", dijo su hijo.

 

"Uno de los últimos trabajos que se le recuerda es cuando puso su sello en la famosa cupecita de Rosendo Hernandez. Lo contrataron 'Chicho' Neira y Daniel Mana, que era presidente del ACSL, para que en un taller de la avenida Sarmiento le hiciera las letras, el número y los filetes".

 

 ​​​​​​​En laminados. Fotos Amieva era uno de sus clientes.

 

Raúl dice: "Al ser el mayor de sus hijos, yo lo acompañaba en sus obras y colaboraba, mientras mi hermano Juan Francisco le dedicaba más tiempo a las soldaduras y a las estructuras. Así mirando aprendí mucho, era paciente para enseñar y con los años seguí su línea laboral. Lamentablemente apareció el ploteado y yo no tuve la posibilidad de comprar una máquina para hacer ese trabajo y me fui quedando".

 

Raúl Alfredo Velazco murió de cáncer en las cuerdas vocales el 20 de junio de 2006. Le habían detectado un tumor en 2004. Pese a los tratamientos, no lo pudo superar. Estaba casado con Fanny Edith Monsalva, con quien tuvo cuatro hijos, Raúl Alfredo, Fany Vanessa, Yamila Edith y Juan Francisco, además de siete nietos.

 

 

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