Sueño, ojos rojos y patrulleros: el operativo que expuso a un camillero en el Pediátrico
Un trabajador fue señalado por “sueño y ojos enrojecidos” y terminó expuesto con policía y ambulancia en un hecho que desató una dura denuncia gremial.
En el Hospital Pediátrico de San Luis, un trabajador camillero pasó en cuestión de minutos de cumplir su turno habitual a convertirse en el centro de un operativo digno de una película de bajo presupuesto: observación subjetiva, alertas internas, ambulancia, policía y exposición pública. ¿El motivo? Haber sido visto con sueño y con los ojos enrojecidos.
Nada más.
El episodio ocurrió días atrás, cuando una jefa del sector advirtió que el trabajador presentaba “estado de somnolencia” y “hiperemia ocular”. Esa apreciación —sin test clínico previo ni instancia privada— fue comunicada a la dirección, que activó una secuencia de decisiones que terminó con la intervención del SEMPRO y la presencia policial dentro del hospital.
Según consta en los propios registros médicos, el examen realizado al trabajador solo confirmó lo que ya se había observado: sueño y ojos rojos. No hubo constatación de consumo de alcohol, ni de drogas, ni de ninguna conducta que pusiera en riesgo a terceros. Sin embargo, el daño ya estaba hecho.
El joven fue abordado en público, delante de compañeros y en un ámbito donde el “radio pasillo” funciona a la perfección. Patrulleros, personal médico y murmullos completaron una escena que, lejos de aclarar algo, terminó por humillar y estigmatizar.
Desde la Asociación de Trabajadores de la Sanidad Argentina (ATSA) San Luis no tardaron en reaccionar. En un duro comunicado, el gremio habló sin rodeos de avasallamiento, abuso de poder y desprecio por la dignidad laboral, y cuestionó que lo que debió resolverse puertas adentro se haya transformado en un espectáculo.
“El derecho de defensa, la privacidad y el trato digno fueron pulverizados”, señalaron. Y dejaron flotando una pregunta incómoda: si este tipo de protocolos se aplican con semejante rapidez para un camillero, ¿por qué no rigen con el mismo rigor para otros estamentos del sistema de salud?
El texto, firmado por el secretario adjunto Gerónimo Ortiz, también pone el foco en la selectividad de las medidas y en la liviandad con la que se habilita la sospecha. Porque, en definitiva, dormir mal o llegar cansado a trabajar no es delito. Pero en el Pediátrico, al parecer, puede ser suficiente para terminar rodeado de uniformes.
Mientras tanto, el trabajador sigue cargando con el peso del señalamiento público. Y el hospital, con una moral interna golpeada por un mensaje claro: cualquiera puede ser el próximo.
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