SAN LUIS - Lunes 27 de Abril de 2026

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"Sí, cosechalo": el mensaje que hunde a Víctor Endeiza por el robo millonario de El Caburé

De Fiscal de Estado a ministro del Superior Tribunal de Justicia, el funcionario atraviesa su peor momento. Es expuesto como autor intelectual del operativo delictivo. Todos los detalles del escabroso entramado.

Por redacción
| 21 de abril de 2026
Víctor Endeiza, un hombre del derecho que está torcido.

El escándalo de El Caburé trascendió los límites de la provincia y hoy es un tema en boca de la prensa nacional. Dejó de ser una causa de meras sospechas para transformarse en un verdadero terremoto que sacude al gobierno de Claudio Poggi. 

 


En el centro del ojo de la tormenta se encontró Víctor Endeiza, actual ministro del Superior Tribunal de Justicia y ex Fiscal de Estado, cuya figura quedó absolutamente ligada a la desaparición de la cosecha de maíz valuada en 2 millones de dólares. 

 


Lo que comenzó como una expropiación terminó en una trama de corrupción, encubrimiento y un mensaje de WhatsApp que funcionó como una sentencia: "Sí, cosechalo", fue la orden directa de Endeiza para desaparecer el maíz.

 


Para el Gobierno, "robar mucho es pillería, robar poco tontería"

 


Endeiza no es un hombre de perfil bajo ni de gustos austeros. En los pasillos del poder se lo conoció siempre por su predilección por los placeres caros: desde abundantes asados que comparte con apellidos importantes, hasta su afición por sumar horas de vuelo en aeronaves, un lujo reservado para una élite minúscula. Sin embargo, ese estilo de vida contrastó con la falta de transparencia en torno a las 2000 hectáreas de maíz que el Estado provincial cosechó de un campo expropiado, pero cuyos dueños eran privados.

 


La prueba que terminó por cercar al magistrado la aportó Darío Oviedo Helfenberger, exfuncionario. El material fue contundente. Ante la duda de cómo avanzar con el grano, la orden no provino de un expediente formal, sino de un chat. 

 


Ricardo André Bazla, entonces secretario de Ética y Control de Gestión, instruyó a su subordinado (Oviedo Helfenberger) para que consultara directamente con Endeiza, quien ocupaba la Fiscalía de Estado. La respuesta fue un aval sin ambigüedades que permitió el inicio de una cosecha que no dejó rastros documentales ni, mucho menos, el dinero en las arcas públicas.

 


El hombre de la Justicia, indignado por al celeridad judicial

 


Lo que más perturbó fue la actitud de Endeiza ante la celeridad judicial. En las capturas de pantalla incorporadas a la causa, el ahora ministro mostró su sorpresa y molestia porque la Justicia se movilizó "tan rápido" tras la denuncia de los empresarios damnificados. Una ironía para quien hoy integra la máxima instancia judicial de la provincia y debería velar por la agilidad de los procesos.

 


Ya investido como ministro del Superior Tribunal, Endeiza protagonizó un episodio que fue calificado como intimidatorio. Su primera visita oficial al interior fue a los tribunales de Villa Mercedes, ciudad donde se tramitaba la causa. Para muchos, fue una maniobra para "marcar la cancha" y dirigir la investigación desde las sombras, sin ensuciarse las manos, aunque las suyas ya estaban "amarillas" de tanto maíz.

 

También, por esos días, coincidentemente estuvo en Villa Mercedes el procurador general y jefe de Fiscales, Eduardo Sebastián Cadelago Filippi.

 


Un encubrimiento que irrita y desmoraliza

 


Pascual Celdrán, el abogado que oficiaba como querellante, renunció recientemente denunciando un esquema de impunidad garantizada. "Para robar hay que pertenecer al Gobierno", disparó, señalando que la Fiscalía de Estado, bajo el mando de Endeiza, no defendió los intereses de San Luis, sino que facilitó la maniobra.

 


Endeiza alega que su rol fue de mero asesoramiento jurídico y no de administración. Sin embargo, la distinción entre asesorar y ordenar se desdibujó ante la falta de un respaldo administrativo que justificara el destino final de los granos. 

 


El ministro, que nunca se vindicó ante las acusaciones, permanece bajo una brasa ardiente que no se apaga, mientras la sociedad puntana se pregunta dónde están los dólares y por qué el hombre que debía cuidar la ley terminó autorizando su desvío.

 

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