El insólito caso de la tarjeta de peaje que tiene atrapado el dinero que "nadie va usar"
Un hombre contó en sus redes sociales que tuvo que cambiar el plástico porque se le rompió, pero que el organismo que cobra el peaje no le reconoce el saldo que tenía.
En un pormenorizado relato, Juan Pablo Abdala expuso en su cuenta de Facebook la situación que tuvo que atravesar en el Ente de Control de Rutas del gobierno de San Luis. La incómoda situación que le tocó vivir comenzó por la rotura que sufrió la tarjeta que usaba para pagar en los peajes. Cuando fue a obtener un nuevo plástico y tuvo pagar un canon por la recuperación, se enfrentó a la desagradable novedad que el saldo que tenía cargado en la tarjeta dañada se había perdido, sin posibilidad de recuperación.
Abdala dijo que la situación le pareció “completamente arbitraria, abusiva e injusta” y comenzó cuando su tarjeta se rompió accidentalmente en un lavadero. “Al llegar al peaje, no pudo ser leída porque el plástico estaba dañado. Hasta ahí, totalmente entendible. Me indicaron que debía hacer una reposición de la tarjeta y fui a la oficina correspondiente”, contó.
El automovilista entregó “toda la documentación personal y del vehículo” y pagó los 21 mil pesos por el reemplazo del plástico, algo que le pareció entendible ya que “si la tarjeta se rompe, el costo de reponerla me corresponde a mí”.
Pero el problema comenzó cuando le informaron que no le iban a reconcer el saldo que tenía en su tarjeta anterior, “un dinero que ya había sido pagado por adelantado a la empresa y que está en poder del ente que administra los peajes”.
“El saldo no está “dentro del plástico” –escribió el usuario con algo de ironía-. El plástico es solamente el medio de identificación”. Cuando Abdala preguntó por qué la administración se quedaría con su dinero, “la respuesta fue todavía más insólita”. Le dijeron que como la tarjeta estaba rota, nadie va a usar ese saldo, ni él ni la empresa.
Allí es donde Abdala encuentra la mentira, pues la empresa ya cobró ese dinero, por lo que lo va a usar. “No importa si eran 100 pesos, mil o un millón, ese dinero tiene dueño y no corresponde que se lo apropien porque se rompió un plástico”, concluyó el hombre, quien consideró que “lo más indignante fue descubrir que esta práctica está escrita en un papel que entregan junto con el reemplazo, donde dice textualmente que en caso de robo, extravío o rotura, el saldo remanente no será integrado bajo ningún concepto”.
Esa práctica es a los ojos del usuario la legalización de quedarse con dinero de otro “mediante una cláusula abusiva” que le permite al organismo estatal actuar “con total naturalidad e impunidad”. “Desconozco si existe alguna norma que realmente avale este tipo de accionar, pero moralmente me parece inaceptable”, sostuvo el automovilista, quien dijo sentir impotencia frente a un sistema que decide “unilateralmente quedarse con algo que no le pertenece”.
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