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La bicicleta, los tres perros y un allanamiento que llega después de muchas preguntas

La Justicia allanó la estancia donde apareció la bicicleta del joven, mientras crecen los interrogantes sobre la búsqueda.

Por redacción
| Hace 2 horas

La bicicleta apareció tirada. Al lado, una bolsa de leña. El pasto corto, el canal sin agua y un camino por el que, aun en una tarde tranquila, pasan autos y camionetas rumbo a San Pablo. No había una casa cerca. Tampoco estaba el joven que había salido a buscar leña, Darío "Yayi" Cuello. Y tampoco estaban sus tres perros.

 

Ahora, después de horas de incertidumbre, reclamos de familiares y una protesta frente a la Comisaría 23, la Justicia allanó la estancia que quedó en el centro de la búsqueda. El procedimiento se realizó durante la tarde y, según el testimonio recogido en el lugar, los investigadores encontraron elementos que podrían ser de interés para la causa.

 

Es un dato concreto en una investigación que hasta ahora acumuló más preguntas que respuestas.

 

El punto donde apareció la bicicleta está a unos 3.000 metros de Tilisarao, en dirección a San Pablo. Se cruza el canal principal y aparecen las compuertas. El canal prácticamente no lleva agua: apenas un hilo. A los costados, en cambio, hay álamos y vegetación suficiente como para que alguien que salió a buscar leña encuentre allí lo que necesitaba.

 

El problema es que el lugar no está completamente aislado.

 

Quienes conocen la zona aseguran que por ese camino circulan vehículos con frecuencia. A las tres de la tarde puede pasar una camioneta, un auto, otro vehículo que vuelve de San Pablo. Uno cada veinte minutos, aproximadamente. Después, si alguien abandona el camino y se mete por el costado del canal, recién después de unos 1.500 metros aparece una vivienda.

 

En dirección contraria, hacia San Pablo, hay otro establecimiento rural, la estancia López, ubicada aproximadamente un kilómetro antes de una curva.

 

Después sí: campo, monte y silencio.

 

Una escena que no termina de cerrar

La familia contó que el joven salió de su casa alrededor de las 14 o 14:30, en bicicleta y acompañado por sus tres perros. Fue a buscar leña. Era una actividad habitual. La bicicleta apareció, pero él no.

 

Los perros tampoco volvieron.

 

Ese detalle, que puede parecer menor frente a la desaparición de una persona, se transformó en uno de los interrogantes que más inquietan a quienes participan de la búsqueda.

 

La familia también había relatado que existían amenazas vinculadas con el ingreso al campo. Esa versión fue uno de los motivos por los que sus allegados quisieron ingresar al establecimiento cuando encontraron la bicicleta. La sospecha familiar apuntó hacia ese lugar, aunque hasta ahora no existe una confirmación judicial de que el joven haya sufrido allí algún hecho.

 

Y ahí aparece otra pregunta.

 

¿Por qué la bicicleta quedó allí? ¿Por qué estaba junto a una bolsa de leña? ¿Qué pasó con los perros? ¿El joven siguió caminando? ¿Se internó en el campo? ¿Ocurrió algo en ese lugar?

 

Por ahora, nadie tiene las respuestas.

 

La búsqueda y el silencio

Mientras la familia buscaba, la comunicación oficial fue otra de las dificultades.

 

Según el testimonio de la periodista y vecina Natalia Quevedo, los familiares encontraron la bicicleta y durante horas reclamaron poder ingresar al campo. La respuesta fue que debían esperar una autorización judicial.

 

La protesta frente a la comisaría fue consecuencia de esa desesperación. La familia quería respuestas y la Policía, según el relato recogido, permanecía hermética.

 

La propia periodista cuestionó que la información policial local quedara supeditada a los canales del Ministerio de Seguridad y que los medios de la zona no pudieran acceder directamente a datos sobre una búsqueda que ocurría, precisamente, en su comunidad.

 

El problema no es solamente periodístico.

 

Cuando una persona desaparece, el silencio oficial también deja un vacío que rápidamente ocupan los rumores, las versiones y las sospechas. Y en un pueblo donde todos se conocen, ese vacío puede convertirse en desesperación.

 

La familia llegó a plantear que el joven podía estar dentro del campo. Esa es su hipótesis. No una conclusión de la investigación.

 

Pero si la sospecha era suficientemente concreta como para que los familiares reclamaran ingresar, la pregunta inevitable es por qué la respuesta institucional demoró tanto en traducirse en una acción visible de búsqueda.

 

Ahora sí, el campo está bajo la lupa

El allanamiento cambia el escenario.

 

La Justicia ingresó finalmente al establecimiento y buscó elementos que puedan ayudar a reconstruir qué ocurrió después de que el joven salió de su casa.

 

No significa que se haya encontrado al joven. Tampoco que se haya probado que estuvo allí. Mucho menos que alguien sea responsable de su desaparición.

 

Significa, simplemente, que el lugar que durante horas estuvo en el centro de las sospechas finalmente fue revisado en el marco de la investigación.

 

Y eso puede aportar algo que hasta ahora faltó: evidencia.

 

Porque hay una bicicleta. Hay una bolsa de leña. Hay un lugar preciso. Hay tres perros que desaparecieron junto con su dueño. Hay una familia que reclama respuestas y hay vecinos que aseguran que algo no termina de cerrar.

 

También hay un Ministerio de Seguridad que, frente a una comunidad desesperada, eligió durante buena parte de la búsqueda una comunicación cerrada y administrada, en lugar de explicar qué se estaba haciendo.

 

La Policía puede tener límites legales para ingresar a un campo. La Justicia puede necesitar una autorización para realizar determinadas medidas. Eso es comprensible.

 

Lo que resulta mucho más difícil de comprender es que, mientras esas respuestas institucionales no llegaban, la familia tuviera que buscar por su cuenta, encontrar la bicicleta y salir a reclamar explicaciones frente a una comisaría.

 

Ahora el campo fue allanado.

 

La pregunta es qué van a encontrar.

 

Y, sobre todo, qué pasó con "Yayi" y con los tres perros desde aquella tarde en que salió a buscar leña.

 

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