Cuestionan designaciones “sin perfil técnico” en áreas clave de fauna y zoonosis
Crece el malestar en los pasillos oficiales por nombramientos ajenos a la medicina veterinaria en sectores sensibles de la provincia. En el Gobierno Provincial designaron a alguien sin título y en Merlo, a un veterinario.
Las decisiones políticas en áreas técnicas y delicadas del Estado encendieron un fuerte revuelo que resuena con fuerza en los pasillos oficiales y genera malestar en distintos sectores de la provincia.
El foco de la controversia recae sobre nombramientos en dependencias críticas donde la idoneidad profesional debería ser un requisito excluyente, pero cuyos cargos terminaron en manos de personas sin formación específica en veterinaria.
El primer caso se registra en la órbita provincial, donde a través del Decreto N° 7994-MDPS-2026 se designó a María del Carmen López como jefa de Área de Flora y Fauna. En el texto oficial se la menciona simplemente como “señora”, omitiendo cualquier título profesional o antecedentes técnicos vinculados al sector.
Su nombre tampoco figura en el padrón del Colegio Médico Veterinario de San Luis, lo que imposibilita certificar que posea matrícula habilitante, evidenciando una llamativa ausencia de especialización para una tarea de estricta rigurosidad ecológica y de manejo de recursos naturales. La cuestión no quita que pueda tener formación en otras áreas, pero la cuestión deja al menos dudas.
Una situación similar se repite a nivel municipal en la Villa de Merlo. Allí, la Dirección de Zoonosis y Enfermedades Transmitidas por Vectores se encuentra bajo la órbita de Javier Quevedo, a quien el propio Concejo Deliberante e incluso la estructura oficial de la comuna identifican y presentan públicamente como enfermero.
Su formación profesional pública lo vincula directamente al ámbito de la enfermería cursada en un instituto de San Nicolás, distando por completo de la incumbencia sanitaria animal que demanda el cargo.
El malestar se potencia al considerar que en la provincia de San Luis existen alrededor de 200 veterinarios matriculados capacitados para abordar estas problemáticas.
Resuena en los pasillos: “no todo lo lícito conviene”. La decisión de marginar a los especialistas en áreas tan sensibles expone un criterio de designación que desvía la lógica técnica en favor de la improvisación, desatando críticas sobre el manejo de áreas delicadas para la salud pública y ambiental.
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