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Murió el descendiente de Huarpes al que le derrumbaron la vivienda

Por redacción
| 06 de octubre de 2015
A mediados de julio. A Juan Wenceslao Sosa se lo notaba sin rumbo por la demolición de su hogar. Foto: El Diario.

Cualquiera que haya tenido la oportunidad de conocer a Juan Wenceslao Sosa, de sesenta y tres años, podrá decir que era un hombre pacífico y trabajador. Hace cuatro meses tuvo que soportar la violencia con la que Parques Nacionales lo desalojó de su vivienda y luego la demolió. “Desde que lo sacaron del paraje El Balde se veía triste y deprimido. Estaba muy mal, no era el de antes, él nunca pensó que lo iban a sacar así de su propio lugar. Nunca esperamos algo así, él era muy activo, lo encontraron en el paraje El Silencio, cerca de Agua Amarga, entre San Antonio y La Calera, aproximadamente. Le hicieron una autopsia, y el resultado fue que murió de un infarto”, expresó su vecina, Verónica López.

 


Quienes vivían junto a él, sus siete hermanas, su madre y la representante del Pueblo Nación Huarpe del Programa Culturas Originarias, Pascuala Guakinchay, coinciden en que haberlo despojado de su vida cotidiana lo deterioró emocionalmente.

 


“Le cerraron la tranquera y no esperaron a que termine de sacar todo, algunos animales quedaron adentro. Emilio le cambió la llave a la tranquera y no pudo seguir sacándolos. El camino sigue estando bloquedado, pero los guardaparques siguen circulando libremente por nuestros campos, entran y salen, y nadie les dice nada”, contó López, quien hasta hoy reclama que abran ese mismo camino para  llevar a sus hijos a la escuela ubicada en el paraje El Forzudo, que queda en el límite de San Luis con Mendoza.

 


Su vecina recordó que en la denuncia que Juan Sosa hizo en la Policía de La Calera dejaba constancia del maltrato que recibió y afirmó que eso fue lo que más le dolió al hombre, que lo sacaran de manera violenta.

 


“Para nosotros fue muy sorpresivo todo, es muy doloroso porque tuvimos que avisarle a mamá, ella tiene noventa años y eran muy apegados. Cuando Juan no la visitaba por mucho tiempo era ella la que salía a buscarlo. Decía: ‘Está en el campo solito, le pudo haber pasado algo’. Él no pudo recuperar su casa, pero vamos a seguir la lucha, nosotras somos siete hermanas que seguiremos exigiendo lo que corresponde. Juan era el que más nos apoyaba”, dijo su hermana Silvia.

 


La representante del Pueblo Nación Huarpe del Programa Culturas Originarias dijo que, según los médicos, el hombre murió de un infarto. “Pero todos sabemos que andaba muy triste y pensativo, incluso todos lo notamos desmejorado en estos últimos meses. No es el primero que se nos va de padecer tanta preocupación, pena y tristeza profunda. Tuvimos muchos que estuvieron así, como Guillermo Ocaña y don Juan Aballay”, explicó Guakinchay, quien vio a Juan  por última vez hace un mes y le confesó que estaba mal porque extrañaba su trabajo.

 


“Me dijo que nunca se imaginó estar envuelto en semejantes problemas. Ellos no piensan en que un organismo público, que se supone que los cuida y que se esfuerza porque haya paz y armonía, vaya a tirar abajo lo que su padre había construido. Juan murió en la lucha por lo que le corresponde. Él no recibirá ninguna resolución de ningún juez, la gente de la zona se siente desamparada por el avance de Parques Nacionales”, consideró y aseguró que continuará con la lucha para que no sigan avasallando sus tierras y para que abran el camino.

 


“Parece que a las órdenes que dan los jueces las hacen barriletes, reciben el mandato de que abran la tranquera a las familias para que manden a los chicos a la escuela y ellos no lo hacen”, concluyó.

 



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